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Epis y la cultura de la protección

Epis y la cultura de la protección
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viernes 16 de abril de 2021, 22:41h

Las mascarillas siempre han sido parte esencial de los catálogos de las tiendas especializadas en epi y vestuario laboral. Sobre todo teniendo en cuenta que siempre han tenido un papel clave en la prevención de determinados tipos de enfermedades. Sobre todo en algunos países asiáticos como China, Japón y Corea del Sur. En Occidente nos hemos acostumbrado a llevarlas obligados por la crisis sanitaria derivada de la pandemia del nuevo coronavirus. Pero las mascarillas, como equipo de protección individual, van mucho más allá de blindarse contra el SARS-CoV-2.

Lo cierto es que ningún objeto simboliza mejor la pandemia que la mascarilla. Ya casi nadie pone en duda que será parte de nuestro atuendo diario durante un tiempo indefinido, a pesar de que se espera que en pocos meses la mayoría de la población esté inmunizada contra el virus.

Muchos expertos llevan meses esforzándose por explicar que la mascarilla no es solo una herramienta de control de infecciones sino también algo directamente relacionado con valores como la solidaridad y el respeto por los demás. Hablamos, pues, de seguridad comunitaria. Es decir, la mascarilla funciona como barrera ante el avance de la enfermedad, tanto para salvar a otros como para protegernos a nosotros mismos.

Deber cívico y libertades individuales

La pandemia ha traído consigo nuevas normas sociales y comportamientos con elevada carga simbólica. En este sentido, las mascarillas son un símbolo de seguridad mutua que permite que nuestra sociedad siga funcionando en un periodo de crisis global.

Las mascarillas también han sido utilizadas para hacer propaganda en determinados países en algunos momentos de la historia. Por ejemplo, desde los primeros años del siglo XX, China las usó para reivindicar su posición como nación científica moderna.

Fueron las epidemias de SARS en 2002 y MERS en 2015 las que llevaron a que el uso de las mascarillas se generalizara en varios países de Asia. El SARS (severe acute respiratory syndrome), neumonía atípica causada por el coronavirus SARS-CoV, apareció por primera vez en noviembre de 2002 en la provincia de Cantón, en China. Por su parte, el MERS es una enfermedad respiratoria vírica causada por un coronavirus (el MERS-CoV). Se identificó por primera vez en Arabia Saudita en 2012 y en 2015 la OMS la tipificó como epidemia. Se transmite principalmente de los dromedarios infectados a las personas, aunque también puede pasar de persona a persona. De ahí el uso masivo de las mascarillas en algunos países de Asia. De hecho, para muchas personas en los países asiáticos pasaron a ser una especie de etiqueta social que les distinguía como ciudadanos responsables para con su comunidad.

Según el sociólogo Peter Baehr, las coberturas faciales crean una sensación de confianza colectiva ante el peligro. Algo relacionado con la idea de deber cívico. De ahí que se hable de “la cultura de la máscara” en Oriente. Además, al ser un elemento común a todos, la mascarilla eliminó las distinciones sociales. Su uso reforzó el sentido de un destino común. Dicho de otro modo, la mascarilla pasó a ser mucho más que una barrera contra la enfermedad.

Por eso, cuando la mascarilla pasó a ser obligatoria como consecuencia de la pandemia de la Covid-19, en países como China o Japón la población lo aceptó sin problema. No pasó lo mismo en las culturas occidentales, países sin tradición de este tipo de epis directamente relacionados con la salud pública.

Mucho más que un EPI

Las mascarillas son vitales en la crisis sanitaria actual como el preservativo lo fue cuando el VIH/sida se convirtió en pandemia. Los expertos en investigación conductual sostienen que la presión de grupo, apoyada por leyes y sanciones, está sirviendo de mucho durante esta pandemia. Algunos comportamientos comienzan siendo fruto del miedo a la multa pero acaban generando hábito y pasando a formar parte de nuestra cultura como colectivo.

Algunas personas adoptan este tipo de comportamientos muy pronto, pero otras necesitan ver que la mayoría de personas de su entorno lo han hecho para dar el paso. De todos modos, esto se podría aplicar a los primeros meses de la pandemia, en 2020, y no ahora teniendo en cuenta que el uso de la mascarilla es obligatorio.

La República Checa fue el primer país de Europa en legislar la obligatoriedad de usar mascarilla sanitaria en todas las áreas públicas. Fue el 18 de marzo de 2020. La campaña de promoción llevó por título #Masks4All y alumbró eslóganes como “guarda tus gotas para ti” y “mi máscara te protege, tu máscara me protege”. Algo que apelaba a un conjunto compartido de valores sociales.

En este sentido, las mascarillas pasaron a ser símbolo de cuidado colectivo. La pregunta es ¿qué pasará después de la pandemia? Las enfermedades infecciosas emergentes seguirán estando ahí. Una realidad a la que se suma la contaminación del aire. Por eso, estos EPIS pueden haber llegado para quedarse en nuestra vida cotidiana.

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