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Las residencias de ancianos hacen más fácil y feliz la vida a los mayores y a sus familias

lunes 21 de junio de 2021, 10:19h

“Quien diga que más vale estar solo que mal acompañado no sabe lo que es la soledad absoluta; es para volverse loco”. La frase es de una persona mayor, que quiere expresar su satisfacción por vivir en una residencia de ancianos. En España viven completamente solas más de dos millones de personas de 65 años o más. Gran parte superan los 75 e incluso los 80 de edad, y siete de cada diez son mujeres. Son datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). ¿Cómo proporcionar compañía, bienestar, cuidados, confort y seguridad a los mayores, cuando sus familias no pueden atenderlos? La respuesta está en las residencias.

Las residencias de ancianos hacen más fácil y feliz la vida a los mayores y a sus familias, ya que impiden que se pasen la recta final de sus vidas en la más triste y absoluta soledad. Esta soledad total conduce, con demasiada frecuencia, al deterioro cognitivo y a la pérdida de la memoria y de la noción espacio temporal.

Da igual que la persona mayor viva en una soledad deseada o que, por el contrario, viva solo a su pesar. En ambos casos la soledad es “mala compañía”; lleva al anciano al ensimismamiento, al encierro personal, a la pereza para el aseo personal y para las relaciones sociales y a una pérdida inexorable de su propia movilidad y agilidad mental. Por esta razón, el comentario final “es para volverse loco” cobra sentido.

Dos millones de ancianos solos

En nuestro país viven en estas precarias condiciones más de dos millones de ancianos. Esto representa un problema para ellos y para sus vecinos, por los descuidos caseros que pueden cometer con facilidad y que ponen en peligro la seguridad de todo el inmueble. Por ejemplo, si se dejan abierta la llave del gas o dejan caer al suelo una cerilla o un mechero de cocina encendido.

Prueba de ello son las noticias que, con relativa frecuencia, aparecen en los medios de comunicación, sobre abuelos que han muerto solos en sus casas, sin que nadie les haya echado de menos en semanas, e incluso en meses, o personas mayores que han causado incendios y explosiones de gas en los edificios en los que viven de mala manera.

¿Cómo evitar la soledad?

La sociedad moderna nos ha llevado a un ritmo de vida en la que los individuos apenas tienen tiempo para ellos mismos y para sus familiares más próximos, como son sus parejas sentimentales y sus hijos. Además, las viviendas son caras y generalmente pequeñas, con lo que no suele haber una habitación más donde pueda vivir un abuelo.

Mientras éste esté acompañado por la abuela y viceversa; es decir, mientras que no vivan solos, estos ancianos pueden ayudarse mutuamente, aunque sea con dificultad, y se protegen en caso de emergencia. Pero cuando se quedan solos, ¿quién los ayuda, cuida y protege?

Vivir en una residencia para mayores es una opción ideal. Primero, porque en estas residencias los mayores son atendidos por profesionales cualificados y cuentan con una atención médica continuada. Segundo, porque las residencias de ancianos suelen estar adaptadas para atender todos los niveles de dependencia y las patologías más comunes en personas de edades avanzadas.

Las personas mayores están permanentemente acompañadas y son cuidadas y supervisadas por estos profesionales que componen la plantilla del centro. Además, viven con la compañía de otras personas como ellos, que son los demás residentes, con los que pueden conversar de sus cosas y compartir el tiempo y el ocio que no podrían compartir con sus hijos o sus nietos en caso de convivir con ellos.

Más ventajas de las residencias

Vivir en una residencia no es vivir aislado. Si su salud y su lucidez mental se lo permite, el anciano puede salir libremente de ella y relacionarse con la vecindad como lo haría en su casa, porque en realidad la residencia es ahora su casa. También puede recibir todas las visitas de familiares y amigos que quieran.

Además de una habitación, un baño y una cama cómoda, adaptada y limpia en la que dormir, el anciano tiene a su disposición una amplia gama de servicios, desde la alimentación con la dieta apropiada a sus necesidades particulares y sus tratamientos médicos, hasta servicios de atención sociológica y psicológica, gimnasios para su rehabilitación muscular, vigilancia las 24 horas del día y cuidados sobre su estado de salud y circunstancias personales.

Actividades y ocio

Al contrario de lo que les ocurriría en caso de vivir completamente solos, los ancianos alojados en residencias especializadas tienen también numerosas actividades ocupacionales, pasatiempos, juegos, actividades lúdicas y culturales para mantenerse activas y ejercitar la mente. Hay talleres para estimular la mente, prevenir la demencia senil y ejercitar todo el cuerpo.

Incluso hay residencias en las que los ancianos se ocupan de sencillas tareas, adaptadas a sus posibilidades, para que se sientan útiles y para que no pierdan el sentido de la responsabilidad.

Las residencias de ancianos persiguen que los mayores mantengan la máxima autonomía posible, lo cual no hace más que beneficiar su salud, su bienestar y su felicidad, y la felicidad de sus familias, que pueden vivir más tranquilas de esta forma.
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