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Octavio Salazar
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Octavio Salazar

#WeToo, una guía para entender que lo contrario al feminismo es la ignorancia

miércoles 06 de febrero de 2019, 17:21h
El escritor y catedrático de Derecho Constitucional, Octavio Salazar vuelve a llamar a la lucha contra el patriarcado en #WeToo, su último libro dirigido a los mças jóvenes, "con la esperanza de que al fin puedan habitar un mundo en el que mujeres y hombres seamos equivalentes". El autor de 'El hombre que no deberíamos ser' apela especialmente a los chicos para que comprendan que han de ser los aliados en la lucha feminista, que no busca ni más ni menos que la igualdad. Con su obra, Salazar amplía el concepto del movimiento 'MeToo' para recordar la necesidad que tanto hombres como mujeres hagan suyo el feminismo.

#WeToo es el título del último libro de Octavio Salazar, que además de servir de brújula para jóvenes feministas, es una cascada de realidad que nos invita a ponernos las gafas moradas y a cambiar radicalmente nuestra visión de la sociedad en la que vivimos. El autor se dirige "a las chicas y a los chicos más jóvenes, con la esperanza de que al fin puedan habitar un mundo en el que mujeres y hombres seamos equivalentes".

A lo largo de los diez capítulos en los que se divide la obra, Salazar habla de masculinidades tóxicas, de la cultura de la violación, o del flaco favor que le está haciendo la pornografía a la sexualidad de los jóvenes. Es una llamada de atención, dirigida especialmente a los chicos, "necesitados de otras referencias de masculinidad y algo perdidos hoy entre el poderío de sus compañeras y la reacción machista a la que estamos asistiendo".

Salazar considera que "lo que se vivió en España el pasado 8 de marzo debería figurar en los libros de historia. Nunca antes había habido una movilización tan amplia, tan intergeneracional y tan emocionante. Todas las mujeres que salieron a las calles de todas las ciudades españolas dejaron claro que están hartas. Hartas de ser discriminadas, de ser acosadas, de ser violadas, de ser asesinadas. De valer mucho menos que nosotros, de disfrutar de una ciudadanía devaluada. De tantas brechas, y no solo la salarial, que hacen que nacer hombre o mujer no implique tener las mismas oportunidades".

Sinopsis

El #MeToo, el 8 de marzo, el 25 de noviembre, "Hermana, nosotras somos tu manada", #Cuéntalo, "Ni una menos". La cuarta ola feminista ha irrumpido con fuerza arrolladora en la vida cotidiana y está aquí para quedarse. Mientras las redes lanzan con frecuencia mensajes contradictorios, la solidaridad feminista —la sororidad— derriba fronteras y trata de frenar al machismo más tóxico y violento.

¿Cómo están viviendo todo esto los más jóvenes? Mientras las chicas van sabiendo quiénes son y lo que valen, los chicos andan desconcertados entre modelos viejos de masculinidad y la falta de nuevos referentes. Todo ello en un mundo en el que todas y todos seguimos condicionados por un machismo que se resiste a desaparecer y que incluso se ha reforzado en los últimos años.

Sin mordazas y de una forma directa y sencilla, #WeToo sacude los cimientos de la sociedad patriarcal para ofrecer una guía y abrir espacios de reflexión en las aulas, en las calles y en la vida. Capítulos como «Lo contrario al feminismo es la ignorancia», «Follar con empatía» o «Si no es sí, es no» son llamadas a la acción feminista en la que todas y todos, chicas y chicos, deberíamos participar. Porque solo así podremos construir unas sociedades plenamente democráticas y un mundo más justo.

Uno de los conceptos claves que el autor explica es la diferencia entre sexo y género. El género es una construcción social, cultural y política. Una perspectiva que nos obliga a mirarnos y a mirar la realidad de acuerdo con las normas sociales que nos dictan lo que significa ser hombre y ser mujer. Es por tanto una perspectiva esencial para entendernos y para entender el mundo, y sobre todo para tener muy claro cómo y por qué las mujeres continúan siendo la mitad discriminada del planeta. Sobre esta base se asienta nuestro actual sistema social, al que llamamos patriarcado, un orden construido sobre el presupuesto de la superioridad de lo masculino, y la correlativa subordinación femenina y donde las estructuras de poder siguen organizándose a partir de unas relaciones asimétricas entre mujeres y hombres.

Lo contrario al feminismo es la ignorancia

Las feministas se han encargado de repetir hasta la saciedad que "lo contrario del feminismo no es el machismo sino la ignorancia". Esta sentencia, que Octavio Salazar toma prestada de la filósofa Ana de Miguel, da título al primer capítulo de la obra. Para poder entender cómo es posible que se mantenga un sistema de dominación a lo largo de los siglos, el autor explica las estrategias patriarcales que lo sostienen: mantener en silencio a las mujeres, no reconocerles voz y autoridad en el espacio público, y, por tanto, no considerarlas sujetos con capacidad para pensar y crear. Por ello es tan frecuente que en los libros se califique a los hombres como genios, mientras que las mujeres aparecen como. "

"A nosotros siempre se nos ha visto como los seres activos por naturaleza, los creadores, los productores, los luchadores; ellas, por el contrario, han sido las pasivas, las que siempre los esperaban a ellos, las que eran miradas y retratadas, admiradas por su belleza y por su entrega a los hombres", afirma.

El autor rescata las palabras de la feminista afroamericana Bell Hooks para explicar esta correlación de fuerzas: "La masculinidad patriarcal enseña a los hombres que su conciencia de sí mismos y su identidad, su razón de ser, reside en su capacidad para dominar a otros y otras. Para cambiar esto, los hombres deben criticar y desafiar la dominación masculina sobre el planeta, sobre hombres con menos poder, sobre mujeres, niñas y niños; y también deben tener una visión clara de qué podría ser una masculinidad feminista". A lo que Octavio Salazar añade que es “tarea urgente es que tomemos conciencia de esa posición tan cómoda que los hombres tenemos y que empecemos a renunciar a eso que algún teórico ha llamado, usando términos económicos, los dividendos patriarcales».

"El feminismo siempre mira hacia el futuro. El machismo, en cambio, huele (que apesta) a pasado. En este sentido podríamos afirmar que el feminismo es revolucionario. Una revolución pacífica y democrática, ética y emancipadora, que necesita que todas y todos os pongáis las gafas violetas y os lancéis a la aventura de transformaros y de transformar el mundo", defiende el autor.

Machotes y señoritas

Salazar dedica un extenso capítulo a exponer cómo en nuestra sociedad moderna la apariencia física se ha convertido en un valor por sí mismo. En el caso de las chicas, además, los cánones de belleza están ligados a una hipersexualización de sus cuerpos, algo que cada vez les afecta más a ellos.

Nos es de extrañar que la feminista marroquí Fátima Mernissi afirme que "para las mujeres occidentales el burka es la talla 38". Esta dictadura de la belleza es la razón por la que las revistas "femeninas" están llenas de consejos sobre cómo perder peso, hidratarse la piel, maquillarse y, en definitiva, mostrarse apetecible a los ojos de los hombres. Forma parte de la cosificación de las mujeres, de la que somos testigos en la publicidad, los videojuegos, la música, el cine y la televisión.

Y para los chicos, los referentes masculinos que les dicen lo que hoy significa ser un hombre son imágenes de Ronaldo luciendo tableta, Mario Casas con una moto a toda velocidad, o Maluma en una cama, rodeado de mujeres medio desnudas. Las consecuencias sociales de esas masculinidades competitivas, agresivas, violentas, no emocionales y amantes del riesgo son enormes. El autor las analiza a lo largo del libro, para mostrar a los jóvenes que otro tipo de masculinidad es no solo posible sino necesaria.

El depredador neoliberalista

En este libro, Salazar vuelve a retomar la idea de la masculinidad tóxica, agresiva, dominante, competitiva y ambiciosa que está intrínsecamente relacionada con el sistema económico reinante. Muchos hombres son auténticos depredadores en el ámbito sexual, en los negocios e incluso en una política que han pervertido hasta convertirla en una especie de lucha entre amigos y enemigos. El mismo sistema capitalista, sobre todo en su concepción más neoliberal, que es la dominante, se basa en esa concepción depredadora de los bienes y de los recursos. "Aquí sí que hablo con justicia en masculino, porque han sido y son mayoritariamente hombres los que han controlado la política, la economía y la administración de los recursos".

Pero una vez más el feminismo vuelve a darnos respuestas, y algo de esperanza, ante este terrible panorama para la humanidad, en la que cada día que pasa crecen más las desigualdades y que no parece ser consciente del todo del desastre ecológico que estamos viviendo. Las teorías ecofeministas ponen de relieve los dos grandes retos a los que se enfrenta la humanidad: el desastre ecológico y el avance de las desigualdades. Además, reivindican toda una serie de capacidades y habilidades que las mujeres han puesto siempre en práctica y que han tenido que ver con la sostenibilidad de la vida. Un trabajo, el de los cuidados, que siempre ha recaído en manos femeninas, por supuesto restándole el valor fundamental para nuestra organización social.

Porque justamente el feminismo plantea también una crítica a ese modelo de organización política y económica basado en los intereses depredadores del hombre, en el individualismo más feroz, y en el que no parecen importar mucho los aspectos esenciales de la vida. El feminismo lleva siglos reclamando un cambio en las reglas del juego, otra forma de ejercer el poder, la necesaria armonización entre los trabajos productivos y reproductivos, y la urgencia de dar valor al cuidado y de gestionar de manera pacífica los conflictos.

Los aliados feministas

Como expone Octavio Salazar, "uno no se hace feminista de la noche a la mañana. Para los hombres es un proceso complejo porque de alguna forma tenemos que desaprender todo lo que nos han inculcado desde pequeñitos sobre lo que significa ser un hombre de verdad. Y, por supuesto, implica necesariamente que nos coloquemos en una posición incómoda porque tendremos que superar un estatus que a nosotros siempre nos ha beneficiado".

Por suerte son cada vez los hombres que se alzan ante esta masculinidad tóxica, en la que no se sienten representados, para idear nuevas masculinidades que actúen como aliados feministas. Aunque también advierte de "que nos convirtamos en hombres feministas no significa que acabemos siendo una especie de tutores o protectores de nuestras compañeras, como si fueran sujetos débiles, como siempre las ha pensado el patriarcado. Tenemos que dejar de contemplarlas como víctimas y empezar a pensarlas y reconocerlas como sujetos equivalentes a nosotros. Con el mismo poder y con la misma autonomía".

"La violencia de género es un problema que sufren las mujeres pero que realmente lo tenemos nosotros, y solo acabaremos con ella cuando previamente lo hagamos con los hombres machistas. Unos hombres acostumbrados a usar la violencia en sus relaciones no solo con las mujeres, sino también con otros hombres", explica el autor al hablar de este fenómeno en auge entre los más jóvenes.

El mito del amor romántico y la pornografía

Al hablar de un concepto tan amplio como el amor, el autor pone de manifiesto su interés por él "como parte de un contexto en el que el machismo todavía sigue dominando en las relaciones hombre/mujer". Además de ser uno de los factores que más ha contribuido para mantener a las mujeres en un estado de subordinación porque, en nombre de este amor, las mujeres han sido sometidas a la voluntad del marido viviendo para los trabajos reproductivos y de crianza y abandonando cualquier proyecto propio, un mensaje grabado a fuego desde que son pequeñas.

Ideas románticas tradicionales como la del amor unido a la felicidad o, la media naranja continúan hoy estando presentes entre las nuevas generaciones. Todas estas ideas están basadas en mitos como: el convencimiento de que el amor todo lo puede, que existe un ser predestinado para ti, o que el amor es una entrega total y, lo que lleva a pensar en la fidelidad, y los celos como máximas expresiones románticas.

Pero la realidad nos muestra algo muy distinto: no es posible que alguien pueda cambiar por amor, los conflictos no deben ser normales en las relaciones, y el amor, por lo tanto, no implica sufrimiento. En este punto es evidente que tanto chicas como chicos han de alejarse de ese modelo de amor tóxico que implica dependencia y posesión, que los ciega, y que justifica barbaridades en el seno de la pareja como el control, las agresiones o incluso las violaciones.

Los chicos deben dejar de lado el papel impuesto de héroes románticos y depredadores sexuales para educar una afectividad y una sexualidad basada en el reconocimiento de la pareja como un ser equivalente y, por tanto, en la reciprocidad. La terrible desinformación sexual que la pornografía está causando en la juventud hace que nos preguntemos si casos como el de la Manada se hubiesen producido de ser otros los referentes sexuales de los jóvenes.Y esta concepción de las mujeres, de sus cuerpos y de su sexualidad tiene su paralelo en la forma en que esta cultura pornificada entiende que deben ser y actuar los chicos.

El feminismo propone todo lo contrario: "follar con empatía". La fiesta de los cuerpos, y entender que el erotismo y el sexo, también son formas de comunicarnos con otros, de abrirnos, de compartir. Una de las mejores y más satisfactorias formas de relación que tiene el ser humano, siempre que se haga desde la autonomía. Tenemos que saber disfrutar mucho más de nuestros cuerpos, de nuestra piel, de las mil maneras que hay de obtener placer, sin usar violencia, la fuerza o la intimidación.

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