De cara a 2026, el comercio mundial se encamina a un escenario marcado por la incertidumbre más que por el impacto directo de las medidas adoptadas en 2025. La principal incógnita es si el Gobierno de Estados Unidos podrá sostener los aranceles vigentes, ya que una decisión del máximo tribunal del país podría forzar renegociaciones o el uso de instrumentos legales más limitados.
Este riesgo jurídico reaviva la volatilidad para empresas e inversores. En paralelo, Europa sigue de cerca su relación con la principal potencia manufacturera asiática, ante crecientes desequilibrios vinculados a su competitividad y evolución monetaria. También será clave la revisión del acuerdo comercial norteamericano con sus dos mayores socios regionales y el futuro de las negociaciones bilaterales con Asia, cuya tregua actual vence en la segunda mitad del año. Así, 2026 aparece como un punto de inflexión para redefinir reglas y alianzas comerciales.
En ese contexto, China anunció aranceles provisionales de hasta 42,7% a productos lácteos del bloque europeo, una medida vista como represalia por los gravámenes europeos a los vehículos eléctricos. La autoridad comercial europea calificó la decisión de injustificada, mientras se advierte que los aranceles pueden volver inviables las exportaciones y favorecer a proveedores alternativos. La medida también beneficiaría a productores locales asiáticos, afectados por exceso de oferta y caída de precios, consolidando a los lácteos como herramienta en una disputa comercial más amplia.