Novak Djokovic sigue ampliando su leyenda, para muchos la mayor del tenis mundial, esta vez, alcanzando su final número 38 de Grand Slam. El tenista serbio renace ante la nueva generación de tenistas, liderada por el español Carlos Alcaraz y el italiano Jannik Sinner, y va a luchar este domingo por levantar su 25º grande. El tenista de Belgrado lleva más de un año buscando una oportunidad como esta, y después de más de 4 horas de partido frente al italiano, número dos de la ATP, va a tener la oportunidad de hacerlo en la Rod Laver de Melbourne, donde nunca ha perdido ninguna final, para 10 títulos.
La batalla entre ambos, eso sí, ha sido épica, como ha pasado en la primera semifinal entre Carlos Alcaraz y Alexander Zverev. Hasta en dos ocasiones Djokovic ha tenido que recuperar un set de desventaja en el marcador en un duelo muy parejo entre dos de las 3 mejores raquetas del circuito. Djokovic, que había tenido más descanso, gracias a la retirada de Musetti primero, había perdido el serbio los dos sets que se habían jugado hasta el momento, y Mensik después.
Primer set para Sinner
Jannik Sinner se llevó el primer set tras lograr un break en un segundo juego nefasto de Djokovic, al que le costó demasiado en el partido (6-3). A partir de ahí, el serbio sacó toda su clase para igualar el partido. Se impuso en la segunda manga (6-3). Volvió a ponerse por debajo en la tercera (6-4), se llevó la cuarta de la misma manera (6-4) y se impuso en la batalla definitiva del quinto set ante un Sinner que, hasta el momento, solo había perdido un set en todo el torneo. Fue en tercera ronda frente al estadounidense Eliot Spizzirri y aquel día el italiano se vio afectado por el calor.
En el quinto a Djokovic no le tembló el pulso. El serbio no perdió su servicio y logró un definitivo break cuando todo el público de la Rod Laver se frotaba las manos pensando en el super tie break que iba a decidir su partido. Con 5-3 en el marcador, casi renunció a competir el siguiente servicio de Sinner, que logró sin dificultades el 5-4. Pero en el siguiente no perdonó. A las puertas de llegar a los 39 años, y después de perdonar dos bolas de partido ante un Sinner que se agarró hasta el final al duelo, se alzó con el definitivo 6-4.
El serbio se derrumbó en el suelo, lloró de emoción, suspiró, se quitó todas las presiones y pidió citó con Carlos Alcaraz. Este domingo va a buscar su vigesimoquinto grande en una final que ya en los número deja a las claras lo grande que va a ser: un 10 veces campeón del Open de Australia contra el jugador más joven en toda la historia en jugar la final de los 4 Grand Slam del circuito. Pasado contra futuro pero los dos todavía con mucho presente.