La década de los 1980 fue el Big Bang del género metal, el hermano fortachón y ciclado del rock setentero.
En apenas una década, el género pasó de ser una evolución endurecida del rock culto y elaborado a ramificarse en una explosión de velocidad, técnica y oscuridad, no exento de calidad, talento y genialidad.
Si los años 1970 crearon el sonido, los 1980 crearon la cultura y llenaron estadios más si cabe: como se suele decir, si en algún momento el rock y el metal fueron música de masas, como ahora el reguetón, fue en esta década.
A continuación, presentamos varios álbumes esenciales que todo amante del género debe conocer, o con los que adentrarse y familiarizarse con el género:
Los 20 pilares del Metal en los años 80
Metallica – Master of Puppets (1986):
La perfección del thrash metal hecho disco. Un disco que combina estructuras progresivas con una agresividad matemática. 'Battery' y la propia 'Master of Puppets' son manuales de composición para el grupo sin duda más metalero del mundo, ya que hasta lleva en el nombre la referencia al material del que están hecho los sueños más extremos del rock. Metallica fueron un mito gracias a este disco, sin duda.
Iron Maiden – The Number of the Beast (1982):
El debut de Bruce Dickinson con Iron Maiden tras la etapa de Paul Di'Anno no pudo ser mejor. Es imposible. Estableció la estética, los galopes de bajo y la épica operística de la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal) y deparó 3 de los mejores himnos de la banda, que ya son inmortales:' The Number of the Beast', 'Run to the Hills' o 'Hallowed Be Thy Name'.
Judas Priest – British Steel (1980):
El metal se despoja del blues, que marcó los inicios de los Judas. Riffs afilados, cuero y tachuelas. Contiene himnos generacionales como 'Breaking the Law', 'Metal Gods', 'Living After Midnight'... La portada no es que sea icónica, es que es la esencia del metal británico en todos los sentidos. Puro acero.
Slayer – Reign in Blood (1986):
La definición de velocidad y maldad. 28 minutos que sentaron las bases del death y el thrash más extremo. Con permiso de Metallica, los 'thrashers' siempre tienen un espacio dedicado en su corazoncito a los míticos Slayer, más crudos y brutales que los reyes del género.
Black Sabbath – Heaven and Hell (1980):
El renacimiento con Ronnie James Dio de la banda que creó el metal en los 1970. Un sonido más limpio, melódico y místico que salvó la carrera de los padres del género y fue el prefacio a una nueva era dorada del grupo, aunque algo más corta y menos explosiva que en su etapa con Ozzy.
Motörhead – Ace of Spades (1080):
La suciedad del punk unida a la potencia del metal. Lemmy Kilmister demostró que el volumen y la actitud eran innegociables. Si Torrente es un símbolo en sí mismo de la España cañí, Lemmy este disco es la esencia del metal bizarro, sin rendiciones ni ornamentos superficiales. Este disco es al metal lo que los Ducados al tabaco.
Ozzy Osbourne – Blizzard of Ozz (1980):
El resurgir del "Madman", líder de Black Sabbath, gracias al genio de Randy Rhoads, cuyas guitarras neoclásicas cambiaron la forma de tocar para siempre. Su debut en solitario no pudo ser superior a éste...
Dio – Holy Diver (1983):
La consagración de la voz del metal, don Ronnie James. Fantasía, dragones y uno de los riffs más icónicos de la historia en su tema homónimo. Dio es al metal lo que Freddie Mercury al rock de masas: un referente y un semidios en la tierra.
Metallica – Ride the Lightning (1984):
El paso de la velocidad bruta al refinamiento. Introdujo baladas oscuras ("Fade to Black") y épica instrumental en el Thrash.
Megadeth – Peace Sells... but Who's Buying? (1986):
Dave Mustaine aportó técnica técnica y cinismo político. Un bajo inolvidable y solos de guitarra complejos y frenéticos.
Anthrax – Among the Living (1987):
El toque urbano y divertido del Thrash neoyorquino. Energía pura, mosh-pits y letras inspiradas en Stephen King y los cómics.
Guns N' Roses – Appetite for Destruction (1987):
Un guiño al género del sleaze rock, más que al puro heavy metal. La inyección de peligro y suciedad que el rock necesitaba en ese momento en EEUU para no morir sepultado por el pop.
Helloween – Keeper of the Seven Keys Part I & II (1987/88):
El nacimiento del género del Power Metal en Europa como nueva familia de raíz metalera. Doble bombo, voces agudas y melodías heroicas. Era como la banda sonora del 'Señor de los anillos' pero en rock y metal.
Venom – Black Metal (1982):
No era el disco mejor grabado, pero dio nombre a un subgénero. Su estética satánica y sonido ruidoso cambiaron el underground.
Queensrÿche – Operation: Mindcrime (1988):
La cumbre y quizás origen del Metal Progresivo. Una ópera rock conceptual sobre política y control mental con una ejecución técnica impecable.
Pantera – Cowboys from Hell (1990):
Del año 1990 (recordad que eso supone ser de la década de los 80, ya que no hubo año cero), cierra la era con el sonido que dominaría la posterior década. El power groove de Dimebag Darrell empezó aquí y los estadounidenses les tienen en un altar. Para gustos, los colores... pero son esenciales.
Mötley Crüe – Shout at the Devil (1983):
El equilibrio perfecto entre la imagen glam y un sonido pesado y oscuro antes de volverse comerciales. Volvemos a repetir lo dicho con Guns n' Roses y Pantera: el metal de EEUU siempre tuvo un cariz algo comercial y más gamberro, cuando no caía en el thrash.
Def Leppard – Hysteria (1987):
La cumbre de la perfección sónica del rock británico. Tras el éxito de 'Pyromania', este álbum redefinió la producción en el metal, logrando que el género dominara las listas de pop mundiales con un sonido pulido, capas de guitarras complejas y una resiliencia histórica tras el accidente del batería Rick Allen. Es hard rock, sí, pero su alma metalera no se pone en duda ni por los más 'posers'.
Scorpions – Love at First Sting (1984):
La precisión alemana aplicada al metal comercial. Y vale, sí, Scorpions sólo fueron 'true' metal en sus inicios, pero ya afianzados como reyes comerciales del rock y el metal, hay que reconocerles que con 'Rock You Like a Hurricane' se diplomaron. Demostraron que el metal podía sonar en todas las radiofórmulas y ser accesible para niños y niñas. Y es que son inolvidables sus canciones 'Rock You Like a Hurricane' o 'Coming Home' mientras calentaban motores para la inevitable 'Still Loving You'.
La artista mexicana, afincada en Nueva York, destaca por su voz y estilo personal con elementos del jazz, música de cámara, melodías y ritmos iberoamericanos