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Crítica de 'Lux' de Rosalía: una ambición desmedida

viernes 07 de noviembre de 2025, 16:21h
Actualizado: 20 de enero de 2026, 13:32h

"Yo soy muy mía, yo me transformo" cantó hace 3 años, que parecen una eternidad, Rosalia, en un momento en el que una parte de sus seguidores se tiraba de los pelos porque había abandonado el flamenco por el reggaetón como fuente de inspiración. 'Motomami' la convirtió en estrella global del pop pero ahora que el mundo anglosajón lleva a la música urbana a la Super Bowl, la artista vuelve a pegar un volantazo y a transformarse, en esta ocasión de Santa pecadora con Vivaldi, Mozart y Wagner sustituyendo a Camarón y Tego Calderón como influencia.

Ella es muy suya, se transforma, y puede que esta vez su estatus haga que este nuevo cambio sea visto como un sismo en la industria, aunque esta ambición desmedida no sea nueva en el mundo de la música, o si no piensen que Camarón ya grabó un disco con la Royal Philharmonic Orchestra, Björk (que es la máxima inspiración y la acompaña aquí) ya mezcló cuerdas y electrónica o Kate Bush ya hizo un trato con Dios y un movimiento tan vanguardista como 'La Novena Ola' de su disco 'Hounds Of Love'. Pero aquí está Rosalía desafiando al deprimente algoritmo que estaba amenazando con hacer que todo sonara igual. Mirando atrás sin ira, aunque sea solo unos siglos, para dejar claro que sus años en el conservatorio han servido para algo.

Un disco ambicioso y maximalista

El disco es ambicioso y maximalista, es provocador y pide un esfuerzo, pero las recompensas superan por goleada a ese esfuerzo. Es cierto que a veces peca de ampuloso y monumental, ¿era necesario cantar en 13 idiomas? Lo dudo, pero este es un DISCO, que repupera la fe en el formato de larga duración, esos LP construidos como una obra de arte y no como una colección de sencillos para meter en las listas del Billboard.

Un disco con un concepto claro, en el que lo divino y lo terrenal conviven, al igual que lo personal y lo colectivo. Rosalía ha dicho que las canciones están inspiradas en las vidas de mujeres y santas pero también están llenas de referencias a su propia vida, ¿qué santa a estado ligada a un terrorista emocional portorriqueño o ha tenido un mal querer en Madrid (C. Tangana, calienta que sales)?

Hasta su dios es muy humano, tanto que podemos sentir su aliento en el aire, conoce todos nuestros secretos y pasiones más ocultas y es un poco ‘stalker’. Rosalía se desvive entre amar a la vida y amar a dios pero al final se da cuenta de que es lo mismo, que como decía Prince, Dios es amor, o el amor es Dios, y también es música. Y sobre ese templo ha erigido este altar que es ‘Lux’.

Hablar de canciones singulares en un disco hecho totalmente a propósito para ser escuchado como un todo es un poco reduccionista pero es que aquí hay varias maravillas que dejan ver que aquí hay mucho más que una sinfonía en 4 partes.

Las canciones más destacadas

'Reliquia' empieza con unos violines barrocos que la acercan al pop de cámara y en la que va hablando de distintos lugares importantes para ella. La voz de Rosalía vuelve a estar en primer plano, siendo el elemento más importante del disco, una canción que se eleva con ese final espiritual con el coro y el piano, como buscando el cielo antes de literalmente pasar página y meter un final electrónico que recuerda a Arca. En 'Porcelana' deja claro que la artista que hizo 'Motomami' sigue estando allí, además con un invitado sorpresa que podría ser Travis Scott, 'Mio Christo, cantada en italiano, es una especie de aria disfrazada de balada de piano, en la que vuelve a sobrasalir su voz.

'Berghain' es casi el manifiesto del disco, orquesta, coros, ópera, pop, Björk y un epílogo industrial cantado por Yves Tumor. Normal que haya sido la presentación. 'La Perla' deja claro que, a pesar de la seriedad de todo, Rosalía no ha perdido el humor. Un hostiazo en clave vals a Raw Alejandro que puede convertirse en uno de los claros éxitos del disco, con un punto de ranchera que hace perfecta la inclusión de Yahritza y su Esencia. En 'De madrugá' vuelve a los terrenos flamencos de 'El Mal Querer' como si fuera la prima adulta de 'Pienso en tu mirá'.

'La yugular' es una preciosidad en la que su voz vuelve a emocionar rodeada de cuerdas y 'Sauvignon Blanc' puede que sea el momento más emotivo del disco, 'La rumba del perdón' nos la vuelve a traer como una faraona del flamenco más heterodoxo mientras que 'Memoria' es un fado plegaria con una gran aparición de la portuguesa Carminho. El final es su propio entierro con 'Magnolias', pura emoción concentrada en su voz, primero de manera esquemática y luego ya con coro, orquesta y gloria.

'Lux' es un nuevo éxito en una carrera que solo cuenta con ellos. Pero es también la apuesta más arriesgada y ambiciosa de una artista que no solo quiere ser una estrella del pop sino una artista con todas las letras. Porque 'Lux' no está hecho para escucharse sino para ser reverenciado como una obra de arte y eso puede ser algo bueno y algo malo, aunque en esta ocasión creo que esa ambición desmedida por el reconocimiento está más que justificada.

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