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Noche de blues y hard-rock en la capital

Crónica de The Brew + Última Experiencia en Madrid: Cuando ser setenteros y zeppelianos significa ser modernos

jueves 10 de noviembre de 2011, 19:54h
Uno no termina de comprender a esta sociedad posmoderna por mucho que le dé vueltas, como si de un cubo de Rubik se tratase. Intentas cuadrar las cosas, pero no. No encajan. Nos obligan a seguir unas modas para estar 'in'. Pero cuando te quieres dar cuenta, en el arte, en lo puramente estético, quien de verdad se mueve por los caminos del buen gusto, regresa a los 70. Y sí, cuando uno ve en una noche a dos grupos tan prometedores como Última Experiencia y The Brew de nuevo juntos se pregunta: ¿cómo puede haber tanto joven suelto botando con estas interesantísimas bandas de rock en lugar de escuchar la música electrónica o latina que ponen en los garitos de moda? Pues la respuesta es fácil... porque volver a los 70 es lo realmente moderno. Lo dicho: musicalmente. y con gusto, hablando.

  • Pablo M. Beleña


  • Pablo M. Beleña


  • Maite Moreno


  • Maite Moreno

Seguramente la media de edad del doble concierto de Última Experiencia y The Brew era, en el público, de unos 30. La muchachada ayudaba a ello. Sobre el escenario, algo más, pero por poco. Y sin embargo los afortunados que nos acercamos a la sala El Sol a escucharles pudimos gozar de puro rock'n'roll. De blues en estado puro. De momentos de hard rock e incluso del primer rock setentero, entre la psicodelia, lo progresivo y lo atmosférico. Alucinante.

Era la segunda vez que veía a esta suma de grupos en directo, y me gustó aún más que la anterior, allá por marzo. Parece una tontería, pero tratándose de bandas jóvenes, en unos meses dan saltos increíbles. Como los de Jason en The Brew, que precisamente apenas ya existen. Pero ésa es otra historia, y la contaré más adelante...

Para empezar, brutal y salvaje concierto de los Última Experiencia. El mejor de los 3 que he visto de ellos, en total. Hay veces que los teloneros superan al grupo principal, no porque uno vaya con la mentalidad de que les prefiere, sino porque así sucede. Al igual que en marzo The Brew fue un concierto aún más interesante, en esta ocasión gustó más la frescura y el descaro de este trío madrileño que deberíamos ya tomar más en serio y comenzar a disfrutarlo más tanto por la capital como por el resto del territorio nacional, ya que es habitual verles moverse por toda España.

Fue, insisto, un show 'cañero', como nos adelantó Miguel Ángel Ariza -guitarra y voz principal- antes del concierto. Puro rock y mucho hard-rock blues, minimizando al máximo su cara más baladera y popera. Y es que lo bueno de su actual repertorio es la versatilidad que contiene su música: desde lo más técnico del blues-rock zeppeliano al pop-rock más efectivo posible por nuestro país. Así, su comienzo con uno de los temas de su nuevo álbum, el que da nombre al mismo, 'La Casa de la Bruja', conquistó a la audiencia desde las primeras notas. Con riffs poderosos y alma zeppeliana del ala dura, nos dio una dosis más que adecuada para arrancar la velada con mucho blues-rock. Más zeppeliana aún fue la deliciosa 'Un año atrás', otra de las joyas de la noche. Se nota que es una banda en continua evolución que te permite conocerles nuevas facetas y mejores veladas concierto tras concierto. Su cambio más significativo vino con el relevo en la batería. Luis de Diego fue sustituido por Carlos Lahoz, y si bien ambos son grandes bateras, Carlos le ha aportado una esencia más cañera al grupo. Algo siempre de agradecer, para no caer en las tentaciones poppies.

De todos modos, los más destacado de Última Experiencia es que es el típico grupo con dos caras. Si todos tenemos un lado bueno para las fotos, y dos caras para dar a los demás, a las bandas de rock les suele pasar lo mismo. A mí, personalmente, me gusta el lado descarado y salvaje de este trío formado por Miguel Ángel, José y Carlos. Cuando sacan su lado bluesy más puro y salvaje, en bruto y sin tantos matices, como cuando en 'Lo sentido', Miguel se arranca sin micro a cantar algunos versos, dejando escuchar su voz desnuda, sin electricidad de por medio. Esencia de blues puro, sí, pero con una personalidad tan española y tan 'de aquí', que gusta especialmente. Mucho más cercana. Ventajas, claro, de actuar en salas pequeñas como la céntrica El Sol, y no en lugares donde este tipo de gestos serían inconcebibles.

Otro de los momentos mágicos de la noche llegó con su siempre efectiva 'Castillos de arena', sonando tan floydiana y estremecedora en su guitarra y bajo, que le otorga a la banda una categoría especial, más allá del blues o el pop-rock pegadizo que suelen interpretar, aunque sea con menos éxito de cara al público. No voy a negarlo: en estos temas es cuando veo el mayor potencial al grupo. No un potencial comercial, claro, así que es de entender que exploten la otra vena, la de los temas 'Madrid', 'Janet The Planet' o 'Lady Izabella'... pero son los Última Experiencia del lado oscuro los que más me atrapan. Desde luego, conciertazo, y de los buenos.

The Brew: Crecer o... cuando Jason comenzó a beber cerveza

El plato gordo de la noche, no obstante, llegaba con los británicos The Brew. Ya de sobra comentado, se trata de un trío de lo más peculiar. El joven Jason Barwick agita a las masas con su guitarra hendrixiana y zeppeliana al tiempo que aporta una voz excelente, y está flanqueado por los estupendos padre e hijo Tim y Kurtis Smith. El primero bajista y el segundo, batería. Los chicos apenan llegan a los 23 años, y llevan ya tiempo golpeando con fuerza cual precoces genios musicales, muy bien aconsejados y llevados por el 'viejo' Tim, en verdad un padre cuarentón de lo más juvenil.

Son unos genios y hay pocos grupos en la actualidad con ese blues-rock tan certero y sencillamente magistral y épico en directo. Les compararía casi a Joe Bonamassa, para mí, el actual rey del blues-rock internacional. De todos modos su concierto de la noche del miércoles en Madrid fue algo más flojo que el que presencié en marzo también en la capital. En esa ocasión, todo hay que decirlo, les vi en la sala Caravan, un pequeño bar de rock donde el escenario está a pie de pista. Esa cercanía y la suerte de verles en primerísima fila me dio cierta ventaja que ahora no pude disfrutar. De cualquier forma, siguen evolucionando y desprendiendo esa magia inigualable a muchísimas banda de blues que tanto cartel tienen pero que no dan ni la mitad de entrega que The Brew.

Me gusta especialmente la carga musical de su nuevo álbum, recién salido en septiembre, 'Third Floor' (2011), donde han madurado composicionalmente hablando. Antes su fuerte era el directo y fallaban claramente en los temas, con poca entidad por sí mismos, muy pensados para ser interpretados en directo con la frescura y la potencia que tienen como power-trio, pero que no brillaban en estudio. En este disco nuevo hay influencias más marcadas incluso de bandas menos básicas -sin ofender a nadie-. E incluso cuando suenan a Zeppelin dan un paso más a los Zeppelin más ochenteros, cuando Page y los suyos dieron una vuelta de tuerca a su ya de por sí genial blues-rock y hard setentero. También hay mucho en The Brew, claro, de los proyectos de Jimi Hendrix, o incluso de Cream y la esencia claptoniana, así como alguna cosa de los The Who. Siento las comparaciones, que suelen ser odiosas, pero en este caso son sabias y acertadas.

Y lo dicho: mucha evolución, supongo que para algunos de sus fans para mal. Jason ya no se tira dos horas saltando y correteando sin parar mientras hace punteos de genio en el mástil de su Gibson. No. Ahora la cosa es más tranquila, pausada, técnica. No faltan remolinos de brazo para causar esos impactos de imagen que le hacen tan característico... pero su voz ya es la de un hombre, de puro blues-man, sin ser aguardentosa pero más dura, recia. Prefiere ganarse al público con más técnica interpretativa aún, aunque les pese a la chiquillada que suele ir a sus conciertos -en este show, de nuevo, mayoritario entre el público-. Pero da gusto ver cómo al público de 20 años, año para arriba, año para abajo, llena una sala para ver un concierto de blues-rock. Pocas bandas consiguen eso hoy en día en ese sector de la sociedad sin perder estilo, calidad ni dignidad.

Otra novedad que da gusto conocer en su show es que le meten nuevos efectos, como el reverb para los micros, que suponen, en suma, pasos adelante en el progreso de un grupo que en realidad está en fase embrionaria. Porque la notoriedad internacional que han conseguido venía de la mano de su juventud, casi a modo de 'niños prodigio', Jason y Kurtis, que tocaban como ángeles (del infierno bluesero). Ahora les toca demostrar en las próximas décadas que son algo más que eso, y no perder, a su vez, la frescura que les hizo tan atractivos. Pero es que ese crecimiento de los post-adolescentes Jason y Kurtis se nota desde en sus nacientes barbas en las caras de niño que tenían como el hecho que Jason ya le dé a la cerveza. Puede parecer una pura anécdota, pero no lo es. The Brew ya no es un grupo de dos chavales acompañados por un 'tutor' que tocan rock'n'roll jugando a ser mayores. No. Son veinteañeros que avanzan en esa década tan clave como lo fue en las vidas de todos los que ya la pasamos, y que acompañan en alcohol sus actuaciones más demoledoras. Esto es rock. Esto es vida.

Así que sí, me gustaron casi igual que cuando me enamoraron a más no poder en su anterior gira. Ahora, con este nuevo álbum, me han sorprendido de nuevo con nuevas facetas musicales e interpretativas, más cercanas a The Who y menos hendrixianas. Ya no hay versiones de otros, ni poses tan marcadas. Como periodista, lo que mejor de ir a un concierto y no hablar de un disco de estudio, es que puedes recoger al momento las sensaciones, las opiniones del público. Y suelen ser dispares, o simplemente novedosas, algunas contradictorias, otras muy acertadas... Anoche se vieron de todo tipo, desde las que mostraron algo de decepción por cómo evoluciona este trío a las que les señalaban como un grupazo cuya evolución no se detiene. Yo estoy en ellas. Y me gusta este nuevo rostro que tienen. Incluso, tiene delito, me gusta lo que voy a decir a continuación: fue un gustazo verles tocar sólo 1 hora y 50 minutos. Te hacen recordar que no eres el único que se va haciendo mayor. Porque verles tocar más de 2 horas dando saltos sin parar y con solos interminables de técnica magistral te hacían sentir muy pero que muy viejo. Y pequeño. Me gustan estos The Brew humanizados, terrenales. Lo anterior daba miedo. Sí. Además, qué leches. Soy setentero y zeppeliano. Soy moderno.


Más información de:
- Última Experiencia>>
- The Brew>>

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