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Todo el mes de julio en Cuarta Pared

Qfwfq, una imaginativa y poética historia de Calvino pasada por el calor

Qfwfq, una imaginativa y poética historia de Calvino pasada por el calor

miércoles 02 de julio de 2014, 08:29h
Durante todo el mes de julio puede  verse  en la Sala Cuarta Pared (Ercilla, 17 ) de Madrid, una adaptación  de Le Cosmicómiche (Las Cosmicómicas), un relato que Italo Calvino escribió y publicó en la década de los 60 del  siglo  pasado. Se trata de Qfwfq ("cufubufucu"), una historia del universo. La ha puesto en marcha la Compañía madrileña "Teatro Meridional", con guión y adaptación de Julio Salvatierra, bajo la dirección de  Álvaro Lavin, y con 4 intérpretes -en escena durante los 70 minutos de duración de la obra-,  el mismo Álvaro Lavin,   Marina Seresesky, Chani Martín más Elvira Cuadrupani.
La historia es tan imaginativa como sencilla, tan fantástica como poética: una familia de campesinos -compuesta por la abuela, su hijo y sus dos nietos- nos cuenta el nacimiento del Universo, la condensación de la materia y la formación de la luz y las estrellas; el origen de la vida, del sexo, y "del tiempo en que la luna pasaba tan cerca de la tierra que se podía subir de un salto, antes de que las mareas la alejaran".

La adaptación de Julio Salvatierra es más que correcta, y la  dirección e interpretación están siempre al servicio de un texto que -debo ser honesto- confieso que no llegó a engancharme en ningún momento. Y  digo esto  a sabiendas de que han sido muchos los críticos que han alabado tanto esta puesta en escena como la adaptación del relato del escritor italiano. Con todo y con eso, repito, a mí no llegó a  engancharme la obra en ningún momento.

Puede que la razón estuviera en el altísimo calor reinante en la sala (razón de más para alabar el esfuerzo de los actores que además  debían soportar un atuendo bien cerrado, como corresponde a los campesinos, y bajo la potencia de los focos, sin que en ningún momento dieran muestras de cansancio ni bajaran el nivel de su convincente interpretación).

Los  espectadores, sin embargo, o buena parte de ellos, no tuvieron más remedio que echar mano de abanicos, programas de mano  y otros elementos paliativos, para  tratar de sobrevivir a tan onírica propuesta, que iba desde la primera noche del universo, el nacimiento del mar, o la aparición de los colores.

Italo Calvino, sabemos que fue muy remiso en vida a dar autorización para llevar a la escena sus relatos y, en esta ocasión, acaso por el inmenso calor reinante en la Cuarta Pared, podemos, incluso, llegar a entenderlo. Claro que lo mismo era parte de la intención de  la dirección del espectáculo, la de  hacer sentir al público el calor reinante en esos primeros momentos del surgimiento de la vida.

 
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