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‘El jardín de los cerezos’, estupenda y actualizada versión de Jaroslaw Bielski y Mikolaj Bielski sobre el clásico de Chejov
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‘El jardín de los cerezos’, estupenda y actualizada versión de Jaroslaw Bielski y Mikolaj Bielski sobre el clásico de Chejov

lunes 22 de junio de 2015, 17:34h
En dos escenarios madrileños han coincidido durante unas semanas dos puestas en escena de ‘El jardín de los cerezos’, la última obra de Anton Chéjov, cuyo estreno dirigió en 1904 Constantin Stanislavski en el Teatro del Arte de Moscú. La primera de ellas , en el Teatro Valle Inclán, la firmaba Ángel Gutiérrez y pudimos verla hacia el 20 de mayo pasado (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/critica-de-teatro/el-jardin-de-los-cerezos/479177). La segunda -que vimos hace solo unos días en la sala Réplika Teatro-, es una adaptación de Jaroslaw Bielski y Mikolaj Bielski y pudimos asistir al montaje el último día de su representación –al menos en esta temporada-. Habría sido una pena que no hubiéramos podido llegar porque, en conjunto, fue una verdadera delicia.
Ambas versiones concitan de nuevo las preguntas clásicas sobre la conveniencia o no de ajustarse milimétricamente a la versión original de un texto o la adaptación al lugar y a los tiempos donde se va a aponer en pie la obra. La respuesta a la duda es tan profunda y compleja como la que se plantea Hamlet ‘¿Ser o no ser? Esta es la cuestión…’. A mi, sin embargo, y sin ánimo de generalizar, en este caso concreto me parece mucho más acertada la propuesta de los Bielski, dirigida por el primero de ellos, Jaroslaw Bielski.

Chejov plantea en ‘El jardín de los cerezos’ la decadencia personal, moral y económica de la aristocracia rusa a finales del XIX y el meteórico ascenso de una nueva clase social, la burguesía, que hará cambiar todo el status quo y que, a su vez, provocaría muy pronto una revolución en la Rusia de principios del siglo XX en la que esa misma burguesía sería también desplazada por el campesinado y los soviets.

En todo caso, y en la obra que nos ocupa, ese centenario jardín de cerezos , que forma parte indisoluble del presente y del pasado de la finca de Liubov Andréievna Ranévskaya, una aristócrata arruinada, y que es el símbolo de un proceso social que la representante del viejo mundo aristócrata ruso no quiere ver. La penuria económica de su familia es ya insostenible pero una falsa dignidad impide a los aristócratas entender que ya no vale recurrir a la ieja gloria de sus antepasados. La ceguera llega hasta el punto de no admitir ni siquiera la posibilidad de que el jardín de los cerezos pudiera ser reordenado en parcelas y vendido a la naciente clase burguesa para hacer frente a las deudas millonarias que arrastra la familia propietaria.

Finalmente, ‘El jardín de los cerezos’ es subastado y adquirido, junto con el resto de la finca por Lopajín, un hombre de negocios (hoy diríamos un nuevo rico) hijo y nieto de antiguos siervos de la aristócrata, quien infructuosamente había proupuesto el único plan viable para evitar que la propiedad hubiera sido adquirida en pública subasta.

La obra avanza inexorable a través de una realidad feroz y obstinada que la vida pone delante de los personajes de Chejov, pero que estos se niegan a verla. Mientras todo se desmorona y el tiempo transcurre de forma implacable, los personajes de la obra de Chejov se entregan afanosos a un sinfín de acciones cotidianas (juegos, viajes, recuerdos, fiestas, almuerzos en lujosos restaurantes de postín,etc.) que son ritos imposibles para intentar evadirse de una realidad que se les viene encima aunque, como el avestruz, ellos cierren los ojos para negarla.

Todo sucede, como decimos, en la Rusia decimonónica, la del desmoronamiento de la aristocracia del imperio ruso, con su zar al frente. Pero la adaptación de Jaroslaw y Mikolaj Bielski nos transporta a la sociedad del siglo XXI (los personajes de ‘El jardín de los cerezos ‘ ahora viajan en avión, corren para no perder el vuelo…), que vienen a mostrar ante los ojos de los atónitos espectadores si no es eso lo que puede estar sucediendo hoy también, aquí y ahora, que un sistema político puede estar desmoronándose ante nosotros mismos, un sistema que se aferra a sí mismo para no ver tampoco que hoy no sirven las soluciones de ayer y que puede que también nosotros nos pongamos la venda para dejar de aceptarlo.

Corta pero fiel

La versión de Répika Teatro reduce la duración del montaje prácticamente a la mitad del original , sin que por ello se haya traicionado para nada lo esencial , lo medular del texto ni se haya perdido con ello un ápice delvigor expresivo de la obra. Así mismo, los catorce personajes originales, se ven aquí reducidos a siete. Los que encarnan los actores de la compañía Réplika Teatro: Excelentes Socorro Anadón en el papel de la propietaria ; Antonio Duque como el sirviente leal y fiel hasta el final, y Raúl Chacón, en el personaje de Lopajín – aunque aquí adopte el nombre de Serafín, nombre que se ha transformado como otros de la pieza-; y notables también Manuel Tiedra, Rebeca Vecino, Javier Abad y Antonella Chiarini en sus personajes respectivos.

Al director y adaptador de la obra , Jaroslaw Bielski, corresponde también la escenografía, el espacio sonoro y la iluminación, muy ajustadas al reducido espacio de la sala de la compañía. Y un subrayado especial a los figurines de Rosa García Andújar , en tejidos vaporosos , colores pastel y de una elegancia inapelable para los personajes vinculados a la aristocracia : Liubov Andréievna Ranévskaya, su hermano, sus hijas y hasta el criado, y de un toque contemporáneo para Lopajín y el novio de una de las hijas,el eterno estudiante (vaqueros incluidos).


‘El jardín de los cerezos’, de Chejov, en la sala Réplika Teatro (Justo Dorado, 5.- Madrid)

Adaptación de Jaroslaw Bielski y Mikolaj Bielski
Dirección : Jaroslaw Bielski
Compañía: Réplika Teatro
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