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Hay que saber aburrirse: oportunidades para la creatividad

Hay que saber aburrirse: oportunidades para la creatividad

miércoles 26 de junio de 2019, 13:50h

Leíamos esta semana que los residentes de la isla noruega Sommar (Tromsø) han pedido "hacer lo que quieran, cuando quieran" y suprimir los horarios porque su relación con el tiempo es diferente a la de cualquier otro lugar. Cuando me aseguré de que no lo decían los Monty Python, pensé que eso es justo lo que se necesita en verano para descansar: que no haya estrés, ni horarios.

Además, me dio la razón el informe de evaluación que entregaron a mi hija del curso de infantil con las siguientes orientaciones para el verano: juego y descanso. Apetece que también lo digan los jefes a sus empleados ¿verdad? "Nada, Martí, que duerma y juegue mucho este verano, se lo ha ganado".

Parece ser que los adultos no necesitamos tantísimas vacaciones como los estudiantes, pero vienen muy bien para dejar de tomar decisiones, escapar de las rutinas y tener tiempo libre. En realidad, tampoco se descansa demasiado porque, aunque no se vaya a una oficina, nuestro tiempo es para los hijos y poco más, pero la desconexión y poner tierra de por medio sí que resultan imprescindibles para coger fuerzas y volver al trabajo lo más despejado posible.

Sin embargo, al cerebro de los niños sí que le urge esa desconexión del colegio. Según los expertos, el tiempo dedicado a las vacaciones con otras actividades, experiencias y descanso es imprescindible para que su cerebro reaprenda cuando toque volver a las exigencias del curso.

Por eso es una oportunidad para compartir tiempo y espacio en familia. Querría recordarles la cantidad de veces que nos han pedido jugar con ellos durante el año: Es nuestra ocasión. Jugar es algo muy serio, no se trata “solo” de un pasatiempo; a través del juego se desarrolla el trabajo en equipo, observaremos cómo nuestros hijos resuelven problemas o cómo gestionan las frustraciones. El juego favorece la comunicación y fortalece los lazos familiares, además, se dice que el que aprende jugando, aprende dos veces: una para su satisfacción personal y otra para su vida, así que, convirtámonos en su juguete por unos días y a disfrutar. Los niños necesitan situaciones recreativas que potencien la creatividad y la expresividad.

¿Y qué hacer cuando aparezca el temido aburrimiento? Apreciarlo y usarlo para que no sea hastío, sino oportunidades para la creatividad, es decir, hay que saber aburrirse y vivirlo como una experiencia positiva, no como el sentimiento de desgana que tenemos asociado. El ejercicio de buscar el entretenimiento también supone un reto.

Desde luego el descanso lo necesitamos todos, pero la educación y el juego no se pueden detener.

Recuperen fuerzas y feliz verano.

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