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Osteoartrosis en gatos: una enfermedad crónica y difícil de detectar

Osteoartrosis en gatos: una enfermedad crónica y difícil de detectar

lunes 02 de enero de 2017, 13:46h
Los gatos, como los seres humanos, pueden desarrollar enfermedades asociadas al desgaste derivado de la edad. Una de estas enfermedades es la osteoartrosis, una enfermedad crónica de las articulaciones en la que se desgasta el cartílago que las protege, y en consecuencia el hueso queda expuesto al roce, con lo cual aparece primero malestar y a continuación dolor. Aunque puede aparecer en edades tempranas, es más frecuente en gatos mayores por el desgaste natural. Puede resultar difícil de detectar ya que estos animales son expertos en ocultar sus sentimientos de dolor. El Colegio Oficial de Veterinarios de Alicante recomienda acudir al vetererinario "a la más mínima duda".

Entre los factores que pueden contribuir al desarrollo de artrosis se pueden citar tres fundamentales:

1-Genética
Hay predisposición racial a determinadas alteraciones como por ejemplo:
Maine Coon: displasia de cadera.
Abisinio: luxación de rótula.
Scottish Fold: artrosis en múltiples articulaciones.
Burmés: artrosis en los codos.

2-Traumatismos
Fracturas, dislocaciones y otros trastornos que cambien el apoyo de las extremidades pueden derivar en artrosis secundaria en la articulación afectada.

3-Obesidad
No se trata de una causa directa, pero sí la agrava.

¿Cómo lo detectamos?
La inflamación y degeneración del cartílago va avanzando de forma progresiva, de tal modo que cuando detectamos síntomas el proceso suele estar ya avanzado. Cuando un gato sufre osteoartrosis reduce la movilidad, hay cambios en el grado de actividad, en el carácter y en el acicalamiento.

• Muestra dificultades para subir a lugares elevados o utiliza alturas intermedias para hacerlo.
• Duda al intentar bajar de lugares altos.
• Aparecen problemas con el uso de la bandeja.
• Busca lugares más accesibles para dormir.
• Cojea al andar.
• Muestra dificultad para utilizar la gatera.
• No juega diariamente, ni explora.
• No tolera que le cepillen o le cojan en brazos, cuando antes sí lo hacía; se reduce su inte¬racción.
• Disminuye el acicalado.

Tratamiento

El dolor que produce este trastorno una vez se manifiesta es muy fuerte, por lo que el veterinario instaurará el tratamiento más adecuado en función de las características del gato. Se realiza a dos niveles: por un lado médico, mediante la administración de analgésicos antiinflamatorios durante periodos prolongados, y por otro dietético, con dietas ricas en glucosaminoglucanos (con acción condroprotectora que reduce la degradación del cartílago) y ácidos grasos esenciales (que tienen efectos antiinflamatorios).

Como recomendación general, los veterinarios inciden mucho en la prevención de la obesidad. Lo que se busca es proporcionarles calidad de vida, de modo que se reduzca el dolor y aumente su movilidad y por tanto su actividad.

Una vez instaurada la enfermedad, además del tratamiento indicado por el veterinario, los propietarios pueden realizar modificaciones de su entorno para facilitarle al gato la movilidad y el acceso a sus sitios favoritos.

• Cambiar la cama: debe ser blanda y confortable y estar colocada en una zona tranquila, accesible y cálida.
• Colocar escalones para facilitar el acceso a sus zonas elevadas preferidas.
• En caso de usar puerta gatera dejarla siempre elevada para facilitar el acceso.
• Facilitar el acceso a la bandeja de arena; si es preciso se pueden recortar los laterales.
• Utilizar arena de grano fino.
• Situar el comedero y bebedero en una zona a nivel del suelo.
• Estar atento a su acicalado y si precisan ayuda proporcionársela: por ejemplo peinarlo a menudo y mantener los ojos y la región perineal limpios.
• Cortar las uñas más a menudo.

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