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Una navidad de cuento

Una navidad de cuento

martes 22 de diciembre de 2020, 07:00h

…Nuestro pavo, humildemente, determinó pedir a quien fuese más que él y que todos, que le hiciese, de la noche a la mañana, brotar talento. Su ruego se dirigió al Niño Jesús, que se veneraba en la casa cuyo corral habitaba el pavo.
-Pero ¿tú has pensado bien lo que solicitas?

Es este un retazo de 'La navidad del pavo', divertido relato de la escritora Emilia Pardo Bazán. Las fiestas que se nos echan encima brindan una ocasión excelente para leer sus “Cuentos de Navidad y Año Nuevo” y sus “Cuentos de Navidad y Reyes”.

Puede hacerlo a través de internet e incluso escucharlos en versión audiolibro con voz real. En materia de narración navideña, nuestra condesa rebelde nada tiene que envidiar al inmortal Dickens (créame, existe Navidad más allá de los fantasmas que visitan al señor Scrooge).

Las situaciones y personajes que recrea doña Emilia le dejarán con la boca abierta, y en el paladar, una curiosa fusión de sabores que van desde lo amargo a lo dulce, pasando por lo salado y algunas risas. Parte de esa variedad de atmósferas y sentimientos es la que ofrece “Jesusa” (relato quasi eutanásico de una niñita aquejada de un mal incurable);La tentación de Sor María” (una monja que añora la maternidad); La cena de Nochebuena” (ni más ni menos que la vivida por alguien a quien unos bandoleros han secuestrado);La navidad del jugador” (pacto entre Jesús y un ludópata, para que este pueda escapar de la ruina financiera); “Fantasía” (donde se nos informa del acontecer de la Navidad en el infierno, en el purgatorio y en el limbo)… Cuentos formidables, embebidos de agudeza reflexiva, que con sus dobles sentidos, despiertan y deleitan la inteligencia. Siempre se sabe y siente distinto tras una lectura pardobaciana.

“No solo de Netflix vive el hombre”, sentenciaría hoy el divino neonato a modo de mandamiento o de buena nueva, usted elige. Si no tiene a mano una biblioteca pública, pero sí un teléfono móvil con conexión a internet, lea o escuche la leyenda de “Maese Pérez el organista”, una narración de Gustavo Adolfo Bécquer, inserta en la tradición del espiritismo (una de las heterodoxias más genuinas del siglo XIX ). Aunque le cueste creerlo, el influjo del más allá también obsesó la pluma del realista Benito Pérez Galdós en La mula y el buey, cuento donde lo paranormal se manifiesta en lo cotidiano. Se hará un favor si no olvida leer “El rey Baltasar” y “La nochemala del diablo”, de Leopoldo Alas “Clarín”. Haga click en “Cuento de Nochebuena” de Rubén Darío; enNochebuena aristócrata”, de Jacinto Benavente; en “Lo que lleva el rey Gaspar”, de Azorín; en “El jardín umbrío” (acerca de Los Reyes Magos), de Valle Inclán; en la atormentada “Nochebuena del poeta”, de Pedro Antonio Alarcón; en “El premio gordo”, de Blasco Ibáñez y en “La lotería del diablo”, de José Echegaray.

Una navidad sin ambiente” de Miguel Delibes es, por desgracia, uno de los cuentos navideños más oportunos en este annus horribilis que pronto concluirá. La pandemia se ha llevado a setenta mil españoles, y Delibes recrea la nochebuena de una familia en la que por primera vez falta alguien -ella, así, sin nombre- la gran ausencia de la que el resto de personajes sentados a la mesa se duele, y sin la cual, la Navidad se desubstancia, se desala, se desambienta.

En el espectro contrario de la ilusión se sitúa El Rey, de Ana María Matute que nos almibara el músculo sentimental con la primera navidad feliz de un chiquillo pobre e impedido, a cuya alegría contribuye un humilde maestro rural. Este le convence de que el rey Melchor (en realidad, él disfrazado) lo visitará para traerle juguetes. Dice así a la madre del crío: “Lo único que sé, como usted, es que la vida, de todos modos, es siempre fea. Por eso, si una vez, sólo una vez, la disfrazamos... Ande usted, no cavile, y vamos a darle esa alegría al niño. El tiempo ya se encargará de amargársela…”

Vamos a darle esa alegría al niño define la esencia performativa de la Navidad. Darle alegría al niño que vive fuera de nosotros -al hijo, al sobrino, al nieto- sobre el que proyectamos la criatura prístina que un día fuimos, es también devolver la alegría original a nosotros mismos. La navidad es el portal de caramelo y oro de la breve, pero infinita estación de la infancia; por eso la preside un dios-niño, un puer aeternus, el niño interior (niño divino), ese arquetipo descrito por el psiquiatra C.G. Jung, que representa nuestro impulso de renovación y autorrealización.

La áurea memoria de las navidades, de sus felices días infantiles, es la que evoca el peruano Ciro Alegría en “Navidad en los Andes”, una crónica familiar deliciosa, donde la preparación del Nacimiento y las letrillas cantadas por coros de pastoras dominan los recuerdos del autor. Claro que si no tiene tiempo o ganas de enredarse en cuentos de varias páginas, puede limitarse a leer y/o escuchar relatos muy breves como “Una rueda de mazapán para dos” (que bien podría haber sido de calabaza, por las que le dan al protagonista), de Camilo José Cela; “El Abeto” de José Caballero Bonald; “Nochebuena”, de Eduardo Galeano o Solsticio de invierno”, de Jose María Merino. Son tan cortos que los terminará muchísimo antes de que acabe de precalentar el horno para asar el pavo.

Hablando de pavo…comencé este artículo con la insólita petición de un pavo de corral al niño Jesús. Dígame, ¿acaso sabe usted lo qué pedía Jesusito? La inolvidable Gloria Fuertes, puella aeterna (y cabra sola) donde las haya, nos lo aclaró en su poema-cuento “Auto de los Reyes Magos”:

No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero -repitió el Niño-.

Imagino a la Virgen espantada, respondiendoipsa verba” de Doña Emilia: Pero ¿tú has pensado bien lo que solicitas?

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