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Los coletudos se reparten cinco orejas ante un encierro de mucho interés

Los dos matadores fueron paseados a hombros al término de la corrida antes de ser sacados así por la Puerta Grande.
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Los dos matadores fueron paseados a hombros al término de la corrida antes de ser sacados así por la Puerta Grande. (Foto: Luis Vizcaíno)

Albacete: triunfo de verdad de verdad de la buena de Rubén, Sergio y Victorino

martes 14 de septiembre de 2021, 21:17h
La autenticidad y la verdad de la tauromaquia, tantas veces perdida voluntaria o involutariamente por los responsables o irresponsables de la misma, brilló en la última corrida del abono de Albacete. Con un encierro de Victorino Martín muy serio de trapío y con diversos matices en su juego, pero siempre con interés, los locales Rubén Pinar, que cortó dos orejas, y Sergio Serrano, tres, dieron la talla artística y lidiadora que exigían los bicornes. Hubo triunfo pero no triunfalismo y ni un trofeo de regalo localista. Por lo que el público salió toreando del bello coso mudéjar camino del Ferial.

Ya se sabe que el protagonista de esta religión laica olorosa y flamígera es el toro, y cuando él sale todo lo que se haga sobre la arena tiene máxima importancia y se valora en justa medida. Y el ganadero de Galapagar trajo a Albacete una corrida muy pareja en la seriedad de su presencia, como era su obligación, a lo que los bureles añadieron un comportamiento variado pero siempre exigente. Nadie desde los tendidos se aburrió; al contrario, las miradas estuvieron siempre fijas en lo que acontecía sobre la arena.

Y es que lo que acontecía era, con matices, sí, la verdad desnunda del toreo. Ya que Rubén Pinar y Sergio Serrano, Sergio Serrano y Rubén Pinar –tanto monta- dieron la talla ante sus tres enemigos. El tobarreño ya destapó sus cartas al irse a portagayola para recibir a su primero, cuya casta se fue agriando a lo largo de su lidia, pero Rubén, ya especialista en victorinos, anduvo no sólo con su habitual oficio cuando el animal empezó a buscarle, y le prendió feamente aunque sin herirle, sino que antes aprovechó sus embestiadas para lucirse con otodoxia por ambos pitones.

La tensión, la emoción y la vibración en los tendidos bajó de nivel con el tercero, más soste, al que fue metiendo en los vuelos de la muleta con el bicorne imantado a la muñeca de su matador, para concluir con los alardes de valor y dominio entre dos guadañas. El último, sin ser una de las legendarias y peligrosísimas alimañas de los tiempos de Ruiz Miguel, se frenaba midiendo mucho a un Rubén, que en ningún momento se arredró, y buscando el cuerpo de su matador, por fortuna, sin encontrarlo. Por cierto, es la novena salida a hombros consecutiva del tobarreño en Albacete, no creo que haya un caso igual en ninguna otra plaza ni en la historia de la tauromaquia. Ahí queda el detalle nada baladí.

También Sergio recibió a portagayola a su primero, al que llevó al penco con un garboso y ajustado galleo por chicuelinas; una suerte que repitió después en el quite. Este victorino, sin olvidar su origen, tenía mucha calidad en su humillada embestida, por lo que pedía un toreo de alto calibre artístico, y el de la capital albaceteña, a los sones de su pasodoble, se lo ofreció,siempre con la templanza de las navajas de la tierra, siempre con hermosura.

Bordando en seda sus redondos y naturales, en series que cerraba con monumentales pases de pecho, muy barrocos, y que con los doblones de cierre dejó en el ambiente un incienso de torería a raudales. El siguiente de su lote –un lote en el que tuvo más fortuna que Rubén- dentro de su nobleza era más reservón, pero un Sergio en estado de gracia le fue robando los muletazos -con aquel toreo extractivo y cierto que patentara su admirado Dámaso González- con un toreo que aunaba el clasicismo, la elegancia y la caricia.

Cual aconteció con Rubén, el tercero de Sergio, sin llevar el peligro del quinto, era más reservón, embestía a regañadientes y acabó defendiéndose, aunque a la hora de su muerte dio un tremenso susto al albaceteño sin otra consecuencia que la paliza en el suelo. Con él concluía una gran y verdadera tarde de toros, que seguro se recordará, si no ‘per omnia saecula saeculorum’, sí durante mucho tiempo. Por una razón muy sencilla y elemental: hubo toros y toreros. Y olé.

FICHA

Toros de VICTORINO MARTÍN, de excelente presentación, todos cinqueños largos, cumplidores en los caballos y que ofrecieron diverso juego: 1º y 2º, encastados, 5º peligroso; resto nobles. RUBÉN PINAR: oreja; oreja; ovación. SERGIO SERRANO: dos orejas tras aviso; oreja; ovación. Ambos salieron a hombros. Plaza de Albacete, 14 de septiembre, 7ª de feria. Casi lleno sobre el aforo permitido de 7.500 espectadores.

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