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Gerardo Sanz
Gerardo Sanz

La 'Medea' de Antonio Márquez, miserias humanas y toque divino

miércoles 20 de julio de 2022, 11:22h
Por Elizabel Martínez Tristá

Desde el 1 de julio y hasta el 7 de agosto la Compañía Antonio Márquez expone su más reciente producción en el Teatro EDP Gran Vía. El espectáculo, exquisito menú, consta de dos partes. Abrimos boca con un surtido de entrantes: Macadanza (música de Saint-Saëns y coreografía de Javier Palacios), Sinfonía Española (música de Édouard Lalo y coreografía de José Granero) y Bolero, la afamada coreografía de Antonio Márquez y Currillo, con música de Ravel.

La segunda parte, plato fuerte, está dominada por Medea, verdadera delicia de la noche, con música de Manolo Sanlúcar, cuya nueva edición y remasterización ha sido visada por el autor para la ocasión.

Esta gran producción, que deja al público satisfecho y con la sensación de haber presenciado Arte en estado puro, vio por primera vez la luz el 4 de octubre de 2019 en el Teatro Calderón de Valladolid, no exenta de polémica y múltiples obstáculos por parte los poderes fácticos institucionales de la cultura estatal.

Para entender la tragedia de esta Medea, hagamos algo de historia.

Se estrenó el 13 de julio de 1984 en el Teatro de la Zarzuela y significó la consagración coreográfica del bailarín y maestro de maestros José Granero. El autor contó con la inestimable colaboración de Miguel Narros en el libreto y la dirección artística, mientras que Manolo Sanlúcar asumió el reto musical. La obra, creada para el Ballet Nacional de España bajo la entonces dirección de María de Ávila, fue protagonizada por Manuela Vargas en el papel de Medea y por Antonio Alonso, como Jasón.

Figuras granadas del panorama dancístico nacional han dejado su impronta en esta obra. Ese mismo año pisa con fuerza el escenario del Metropolitan Opera House de Nueva York, que le otorga el galardón al mejor ballet de la temporada, convirtiéndola en pieza icónica del repertorio de Danza Española.

Miremos ahora en retrospectiva la biografía del actual protagonista, para dimensionar el respeto que debería tenerse a su figura.

En 1981 un joven Antonio Márquez llega a Madrid, ingresa en la Escuela del Ballet Nacional de España y, en un año, comienza su trayectoria profesional en el BNE, primero bajo la dirección artística de Antonio el Bailarín y, posteriormente, con María de Ávila, quien apuesta por él como bailarín principal de Los Tarantos, coreografiada por Felipe Sánchez y con música de Paco de Lucía. En su larga trayectoria ha pertenecido a otras compañías, como el Ballet Español de Madrid, el Ballet Región de Murcia, dirigido por Merche Esmeralda, o el Ballet de Víctor Ullate, donde protagonizó una versión de El Amor Brujo. Memorable fue su actuación para el Ballet de la Ópera de Niza en El Sombrero de Tres Picos, junto a Tamara Rojo, con coreografía de Léonide Massine y música de Falla. Su calidad incuestionable como bailarín se sustenta en el esfuerzo, con cantidad de clases de técnica clásica y española en su zurrón, que hoy continúa repletando, y en el talento y verdad que completan su marcado perfil.

En 1995, tras un largo recorrido como intérprete, funda su propia compañía. Se estrenó en el Teatro de la Maestranza de Sevilla con la obra Movimiento perpetuo, del maestro Granero. Continuó con Reencuentros, también con coreografía de José Granero, Movimiento flamenco, con colaboración coreográfica de Javier Latorre, El sombrero de tres picos, Bolero, Boda Flamenca y Noche flamenca, entre otros.

Entre sus trabajos destacan la brillante inauguración del Teatro Real de Madrid con la puesta en escena de El sombrero de tres picos (Falla, Picasso, Antonio Ruiz Soler), el espectáculo Antonio, homenaje al gran bailarín, su participación en el Ballet Nacional de España como artista invitado para celebrar el trigésimo aniversario de esta compañía, o su presentación en el Royal Albert Hall de Londres, dentro de los Proms de la BBC.

En 2019 Antonio Márquez da un giro a su carrera al aceptar la propuesta de recuperar Medea, bajo el compromiso moral de retornar fielmente la obra a la creación original de su maestro, una vez que los derechos fueron retirados del Ballet Nacional de España, por una infausta versión. Transcurren meses de duro trabajo, que se ven suspendidos por esa otra gran tragedia de la pandemia.

Su prestigio internacional se ve coronado por distinguidos premios, como el Premio Nureyev otorgado por la crítica italiana. Con esta Medea logra el premio del público en el XXV festival de Jerez en el 2021.

Y ahora asomémonos a su personalidad, para completar la visión escénica.

Para este trabajador incansable, ávido de danza y apasionado de su profesión, superar obstáculos nunca fue un problema. De niño, un médico algo miope sentenció que nunca sería bailarín por los problemas físicos que arrastraba en una de sus piernas. Quien supera una limitación física de ese calibre, carece de barreras. Quizás el Ballet Nacional de España y el INAEM deberían haber calibrado mejor sus fuerzas a la hora de enfrentarse a este luchador que ha mantenido su compañía viva más de dos décadas (eso sí es una gesta en este país, ríanse de las de los héroes griegos).

Estaba cantado que la batalla por los derechos de autor no llegaría a los postres.

El barco que tripula Antonio Márquez junto a su compañera Eva Leiva como directora adjunta, cuenta con Javier Palacios, actual propietario de los derechos coreográficos, Manolo Sanlúcar, que bendijo la nueva grabación orquestal, y Gerardo Trotti, Tania Bakunova, Tomás Jaureguizar y Sergio Camacho, que ofrendan respectivamente escenografía, vestuario, luces y sonido.

Medea está tocada por la calidad en todas y cada una de las partes que componen el espectáculo. Acompañan a Antonio Márquez como Jasón. Helena Martín, una Medea cargada de dramatismo y verdad, Esmeralda Manzana, artista invitada y Medea en el segundo reparto, que es enorme en escena, Luis Ortega en el papel de Creonte, Lupe Gómez como la Nodriza, Paula García como Creúsa, y los niños María Almagro y Alonso García de Pedro, perfectos en su interpretación.

No se comprende que una figura como Antonio Márquez con esta pieza magistral no solo no haya contado con apoyo institucional, sino que se hayan tratado de frenar sus esfuerzos económicos y artísticos. ¿Acaso no hay obras suficientes que desempolvar como para que sea Medea objeto de disputa?

Muchas versiones del mito de Medea se centran en la gran culpa de la hechicera por matar a sus propios hijos. Para Eurípides, Medea cometió el crimen por venganza; para Pausanias, sin embargo, es inocente. La historia de Medea es también el espejo de la sociedad griega que temía y rechazaba al "diferente". ¿Se estará temiendo el talento y el esfuerzo? ¿Estamos presenciando a Medea en escena y otros complejos fuera del teatro?

La Justicia humana y la divina ya han dictado su sentencia.

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