España volvería a situarse a la cabeza del crecimiento entre las economías avanzadas en 2025, según las últimas proyecciones de la OCDE, que sitúan la expansión del PIB en el 2,6%, más del doble de la media de la zona euro. Este pronóstico, acompañado de una revisión al alza también para 2026, contrasta con el cuadro macroeconómico del Gobierno, algo más optimista al estimar un 2,7% para 2025 y un 2,2% para el año siguiente. Ambos escenarios coinciden en señalar la fortaleza del consumo privado y la inversión como motores de la actividad, además de un mercado laboral que seguiría avanzando en paralelo a ganancias de productividad. No obstante, las cifras de la organización no incorporan aún la última revisión de la contabilidad nacional, que ajustó al alza el crecimiento de 2024 hasta el 3,5%, fundamentalmente por un mayor dinamismo de la inversión.
El contraste con el entorno europeo es significativo, ya que las principales economías del área apenas superarán tasas cercanas al 1%, con Alemania y Francia manteniendo un perfil de estancamiento prolongado. A nivel global, la OCDE advierte que la resiliencia de la actividad podría verse comprometida en los próximos trimestres por el efecto acumulado de los aranceles en Estados Unidos, la menor intensidad del estímulo fiscal en China y el endurecimiento de las tensiones comerciales. Aunque las previsiones apuntan a un crecimiento mundial del 3,2% en 2025, el riesgo de un deterioro mayor se mantiene latente, lo que condiciona la política monetaria de los principales bancos centrales. La recomendación de la organización pasa por combinar recortes graduales de tipos, siempre que la inflación permanezca contenida, con una mayor disciplina fiscal y un refuerzo de las reformas estructurales.