La atención se concentra en la reunión de la Reserva Federal que comienza hoy y cuya decisión se conocerá mañana. No se esperan cambios en el tipo de referencia, que permanecería en el rango 3,50%–3,75%, por lo que el foco real estará en el entorno político. Las presiones desde La Casa Blanca han reactivado el debate sobre la independencia del banco central, incorporando un elemento de riesgo que trasciende el ciclo macro. En un contexto en el que la inflación ha cedido, pero la economía sigue alternando señales de desaceleración y resiliencia, la credibilidad de la Fed actúa como ancla: ordena expectativas, reduce incertidumbre y limita el margen para lecturas extremas de la política monetaria. Cualquier percepción de interferencia, en cambio, amenaza con erosionar esa ancla, aumentando la sensibilidad y volatilidad del mercado a titulares y matices de comunicación.
Por eso, el mensaje que acompañe a la decisión puede ser tan relevante como la decisión misma. Más allá del diagnóstico sobre inflación y empleo, el mercado evaluará el tono institucional: si la Fed reafirma con claridad su autonomía y su dependencia de los datos, o si el contexto político introduce ambigüedad en su marco de reacción. La reunión, por tanto, se interpreta como un test de comunicación. Cualquier matiz sobre independencia institucional puede pesar tanto como el diagnóstico macro. En este escenario, el resultado no se mide solo por el nivel de tipos, sino por la capacidad del banco de preservar coherencia y previsibilidad en su narrativa.