El último informe de ventas minoristas en Estados Unidos mostró un estancamiento inesperado en diciembre, señalando una posible pérdida de tracción del consumo privado tras varios meses de resistencia. La ausencia de crecimiento, unida a revisiones a la baja de meses previos, sugiere que los hogares comienzan a ajustar su gasto ante el encarecimiento del costo de vida y un entorno laboral menos dinámico. La debilidad fue especialmente visible en bienes duraderos, mientras que algunos segmentos vinculados a vivienda y ocio ofrecieron cierto soporte.
En paralelo, desde el ámbito político se han trasladado expectativas muy ambiciosas sobre el potencial de crecimiento económico, ligadas a un eventual cambio en el liderazgo de la FED. Estas declaraciones contrastan con la lectura predominante en los mercados, que anticipa una política monetaria prudente y centrada en consolidar la desinflación, incluso a costa de moderar la actividad. La desaceleración de los costes laborales y la menor tensión en el mercado de trabajo respaldan esta estrategia, al reducir el riesgo de presiones inflacionistas en los servicios. Sin embargo, factores como los aranceles y la fragilidad del consumo aconsejan cautela. En este entorno, el mantenimiento de tipos de interés elevados más tiempo aparece como el escenario base, limitando la probabilidad de un repunte acelerado del crecimiento y reforzando una transición hacia una fase más madura del ciclo económico.