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La compañía 'Profetas del mueble bar' triunfa en Madrid

Nueva versión de 'Las criadas', transgresión y calidad interpretativa a tope

Crítica de JUAN PEDRO CARRASCO

lunes 22 de octubre de 2012, 08:57h
¡Qué mejor lugar que el teatro para el encuentro con la transgresión! En "Las Criadas" de Jean Genet, la compañía canaria 'Profetas del mueble bar' no sólo pone sobre el tapete temas tan actuales como el resentimiento, el odio y la violencia, sino que traspasa los límites al llevar sobre  las tablas la representación con intérpretes masculinos, que lo bordan y nos estremecen las fibras sensibles de los afortunadas espectadores.
Un suceso real (el asesinato de la señora Lancelin por parte de sus criadas, las hermanas Papin, en la Francia del año 1933) se convierte en el asunto del espacio teatral diseñado por Jean Genet, y se transfigura en el eje y el soporte de una realidad hostil donde lo conceptual del símbolo, la fuerza elegíaca de la metáfora y la cohesión de la semiótica textual trasladada a la semiótica de la representación, yacen como un interregno que va de lo puramente empírico a una realidad poética que trasciende lo meramente material para configurar un estadio en el que el análisis psicológico de los personajes, la consideración del teatro "como una llama que quema" procedente de los presupuestos dramáticos artaudianos y la búsqueda de la irrealidad de la realidad o de la realidad de la irrealidad emanadas del surrealismo y de teatro del absurdo, se suceden en el escenario como un terremoto de la conciencia.

 Quien se ha sumergido en lo más profundo del alma humana y ha conocido sus galerías más oscuras y quien domina los registros de la estética dramática y del arte, ha podido desarrollar, tanto factual como simbólicamente, un texto en el que las contradicciones, las inseguridades, las ambiciones o los resentimientos completan la auténtica realidad de la psique de los personajes y por extensión del ser humano que va desde la ternura hasta la crueldad, pasando por la comprensión, la animadversión y el odio.

Calidad dramática e interpretativa

 Se trata, por tanto, de un texto exigente que requiere del actor la exposición del talento, la tarea indagadora del estudio y la desenvoltura de la experiencia. Y este montaje responde a estas tres premisas: el talento por saber transmitir la profundidad de los pensamientos, de las emociones y de las contradicciones del ser humano con naturalidad y fluidez en el desarrollo del discurso verbal; el estudio, por el tratamiento conveniente de los cambios de ánimo que la palabra otorga a los personajes, así como la adaptación al medio con el que se consigue el aprovechamiento oportuno del espacio; y la experiencia por la adecuada modulación del "tempus" y de los registros dramáticos.

 Así pues, el paralelismo y la transversalidad de lo real y lo simbólico, junto a lo contradictorio del ser humano y la barbarie, revelan un realismo poético de la crueldad magistralmente interpretado por Juan Ramón Pérez (Clara), Fernando Navas (Solange) y Miguel Ángel Gallardo (La Señora), que saben adaptarse a las propuestas del texto con un trabajo serio y riguroso, realizado sin afectación y con elevada calidad dramática e interpretativa.
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