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Libros y mundos

'Lágrimas de cocodrilo': Acerca de los críticos

"Lágrimas de cocodrilo": Acerca de los críticos

martes 14 de mayo de 2013, 19:25h
Se prepara una Feria del Libro madrileña llena de novedades y de festividades, de la que seguiremos hablando. Y en la que los críticos literarios tendrán, necesariamente, un papel que sigue buscando su identidad. Y de la que hay que hablar.

Hace ya algunos meses, Ignacio Echevarría, que ha sido y es un crítico furibundo, decía algo sensato. A ver, no es que lo de decir algo sensato sea raro en él, me refiero a que lo que decía era particularmente sensato, en él y en cualquiera....que se atreva. Aunque, después de pensarlo semanas, no esté tan de acuerdo. Y ahora, ante el festival de la Feria del Libro de Madrid, me apetece contarles el tema.

Contaba Echevarría, en una entrevista para Público -que por cierto tuvo enorme repercusión en la red, y que yo misma cité en esta columna- cómo la crítica literaria se debe parar a los 35 años. (No es literal, pero me entendéis). Para entonces, el crítico ya conoce a todo el mundo: escritores, editores, miembros de jurados, colegas, premios premiables e impremiables... Ya le invitan a jurados y a prólogos, a presentar libros, a viajes y a congresos, ya tiene un rol en un medio de comunicación, (de poli malo o de poli bueno), y, sobre todo, ya tiene amigos. Así que, venía a decir, la objetividad se caía entre los compromisos.

Y para entonces, el crítico tiene su propia red. Pues mira, es verdad. Lo de la red. Y yo lo reivindico.

A lo mejor es que yo no creo en la objetividad del crítico, ni siquiera en la mía: si un libro se me atraviesa -y hay muchísimas razones por las que un libro se me puede atravesar, empezando por los puros prejuicios, y otras tantas por las que puede apasionarme o sencillamente gustarme, o hasta resultarme salvable- sencillamente no escribo. Para empezar, yo no creo que mi gusto sea universal,  ni que pueda sentar cátedra. Pero, ya pasados hace mucho los 35, sé que hay un grupo de lectores que se fían de mi. O bien coincidieron conmigo en algunas recomendaciones, o bien coinciden en el punto de partida -que me parece el caballo de batalla- y deciden probar, o bien confirmé una intuición que tuvieron en el escaparate de la librería o en el estante de la biblioteca.

Porque, claro, los críticos vendemos libros. Pero también los compramos. Este compramos tendría que tener muchas comillas, porque es verdad que los editores nos tienen destinados un número de ejemplares, que nos van llegando puntualmente. Y es verdad, también, que los editores -que ponen esos libros en el mercado- tienen ya una trayectoria, un gusto reconocible, con el que coincidimos más o menos. Porque hacen un filtro fundamental -y es muy importante para ellos, porque en ese filtro, se juegan no sólo su dinero, sino también su prestigio. Depende tu gusto, un sello editorial es ya una primera garantía. ¿Redes? Si. Redes.

Pero no son redes exclusivas, definitivas ni irrompibles. Tenía razón Ignacio Echevarría cuando pedía a los críticos una curiosidad más allá de los -importantísimos- gabinetes de comunicación de las grandes editoriales: la busca de los pequeños. De lo que esta casa llama "libroemprendedores", y que están cambiando un mercado particularmente golpeado por la crisis y por las medidas políticas, zarandeado por los cambios tecnológicos, creciente en lectores, y con una comunidad literaria, por así decir, llena de creatividad y ganas. Y una lo ha hecho siempre, aunque sean tantas las flores que florecen, que diría el presidente Mao, que a veces es difícil llegar. Y que, el que Echevarría o yo lo intentemos, no viene a ser suficiente.

Los editores pequeños tienen dos tareas por delante, literariamente hablando: la primera, ceñirse a un gusto. El que sea, y por donde sea. El suyo, el de sus afines. Que es un terreno muy amplio. Han de construir un catálogo con una coherencia, la que sea. La segunda, generar sus propios críticos. Si, los que defiendan -porque comparten- sus presupuestos. Estéticos y éticos. Los de sus autores. Los de su cuadra. Aquellos por los que ellos apuestan.

Decía al principio que está al caer ese festival estupendo que es la Feria del Libro de Madrid. Sé que Diariocrítico y Ociocrítico van a convocar a los emprendelibros a una jornada muy especial en el transcurso de la Feria. Sé que se van a escuchar -y transmitir- problemas y soluciones  de esta parte, la más esperanzadora del sector, y que se va a visibilizar un poco más. Y me alegro.

Y: el caballo de batalla. Los viejos y los nuevos críticos no van a ser más creíbles ni más independientes porque sean más feroces. Lo serán por cumplir dos mandamientos: el primero, no mentir. No dar gato por liebre. Y el segundo: por dejar expreso desde donde critican. Es decir, sus razones para a o para be. Y con éso, les aseguro, basta.

 

Ediciones anteriores de 'Lágrimas de cocodrilo'

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