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La literatura y la vida

'Lágrimas de cocodrilo': Pobres de nosotras

'Lágrimas de cocodrilo': Pobres de nosotras

viernes 21 de junio de 2013, 19:37h
Hoy pensaba yo dedicar esta columna a algunos poetas, pero, como dijo Bertold Brecht, no está la cosa para farolitos.

No es que Brecht sea mi poeta de cabecera: prefiero a Eliot, no sé si me explico. Y no es tampoco por la fobia (antialemana) creciente en mi corazón, hecha de impotencia e ira: demasiado ruido y furia, que escribe inmortal Shakespeare: la vida  "es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada" : Curiosamente -qué poderío enorme el de los grandes poetas- justo antes de decir estos versos terribles, Machbeth oye gritos: "Son gritos de mujeres", le responden. Y no se entera. No se entera. Y vuelve a preguntar, y de nuevo le responden: "Son gritos de mujeres". (La tragedia de Macbeth, Acto V, Escena V. Tengo a mano la edición, en prosa lamentablemente, de Astrana Marín: la de Austral, que ya no existe).

Los gritos d e las mujeres se oyen, pero no se escuchan. Ni siquiera se entiende que se los nombre. Sí se oyen, demasiado seguramente, los susurros de las Lady Macbeth de turno, que haberlas, haylas, como las brujas profetas. Que hay mujeres hechas con el barro de la ambición, la codicia y la impiedad, lo sabemos y muy bien. Lo padecemos, y no voy a decir nombres. Pero las mujeres que gritan son otra cosa. En lo que va de 2013 -menos de medio año- han muerto más de 36, víctimas de sus parejas o exparejas.  Cifras record. Son la punta de un iceberg de maltrato y dolor, que tiene su origen en la idea de la inferioridad de la mujer, que es el machismo. Que es una ideología. Que no es un problema de individuos, aunque como todos los problemas sociales, se vive de una en una. Que exige una respuesta social, global. Que pasa porque las instancias públicas tengan una postura pública y notoria al respecto.

Hoy se han cargado, entre otras instancias sensibles, el Instituto de la Mujer. Hoy es un dia aciago. Hoy se nos hace más invisibles. La mera existencia del Instituto, y de la palabra "mujer" en el nombre, por muy vaciado de contenidos y de presupuestos que estuviera, venía siendo, por lo menos, una señal para navegantes. Una señal de que la sociedad sabe lo que sabe y repudia lo que repudia. Porque sólo el repudio social de ese mal social puede ayudar a atajarlo. Que no es sólo, aunque sea crucial, el tema de la violencia: es todo el proceso hacia el reconocimiento de la igualdad entre varones y mujeres. Que, dentro de la igualdad de oportunidades -que es la caja de sastre a la que se lo manda- tiene una especificidad propia. Porque a las diferencias -inferioridades, que creen éstos- por clase, raza, cultura o religión, se añade, y no como una más, la de género.

Bueno: ya se ve. Pó ngase en relación esto con la desaparición del Instituto de la Juventud, que mira si no tiene, precisamente ahora, problemas específicos; con la supresión de la asignatura de educación para la ciudadanía, que debería haber sido llamada educación en la igualdad; con la imposición de la clase de religión católica como materia lectiva; con, en fin, con todo esto que estamos viviendo, que no es economía sino ideología, y.... a gritar. Aunque no se nos escuche. A gritar. Que oírnos, si se nos oye. Y por cierto: no me puedo creer que esto haya sido pactado con Rubalcaba. Sencillamente: no me lo puedo creer.

El ruido y la furia es también el título de aquella hermosa -y terrtible- novela de William Faulkner que yo leí por primera vez como El sonido y la furia, y que ponía al día, a su día, y un poco al nuestro, la terrible historia shakesperiana. Tampoco nos viene mal esa hermosa elegía -este componente suyo es el que se me viene al alma ahora- que prefigura buena parte de la gran poesía contemporánea: La tierra baldía, de T.S. Eliot: estamos nosotras enterrando, también, cadáveres en el jardín. Y efectivamente, Bertold Brecht decía de sus tiempos, en lo que ya es un tópico, que no eran buenos para la lírica. Ni para la épica, ni para la dramática..... O a lo mejor si. A lo mejor este es el momento de la poesía. Y de la acción.

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