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Libros para la vida

'Lagrimas de cocodrilo': Y los perros

'Lagrimas de cocodrilo': Y los perros

viernes 28 de junio de 2013, 16:05h
Hay dos clases de personas: las que tienen perro, y las que no. Entre las primeras están también las que lo han tenido, es decir, las que saben. Y dos clases de escritores, según lo mismo.

Es curioso que el animal de los escritores suele ser el gato. Desde Baudelaire a Borges, pasando por Guillermo Cabrera Infante y Julio Cortázar, cienes y cienes. Claro que con perro también los conocemos: Sirio -el perro de Orión- se llamaban los perros de Vicente Aleixandre, y Troylo se llama el de Antonio Gala, y Cecil el que Manucho Mujica Láinez hizo protagonista y narrador de una novela suya. Ahora tengo delante, recién leídos, dos libros: en uno, habla el perro. En el otro, el narrador cuenta lo que le pasa. Son historias muy distintas, y modos de narrar completamente diferentes. De lenguas y culturas distantes, de fechas también separadas por medio siglo. Y los protagonistas no se parecen, pero tienen algo en común, además de la fidelidad, el amor y esa percepción profundamente inteligente y entregada: el abandono y la lucha por la vida. Y algo más: los dos libros están hablando de personas, de sociedades y de maneras de entender el mundo. Me llamo Lucas y no soy perro, de Fernando Delgado, recién publicado por Planeta, lo presenta la semana que viene Elvira Lindo en una fiesta a la que están invitados con sus perros. Yo a lo mejor voy con mi Pibe, y lo digo para que se vaya viendo que soy perruna. El fiel Ruslán, de Gueorgui Vladimov, escrita en los 60,  y publicada originalmente en Alemania en 1978, ha sido traducido del ruso por Marta Rebón y editado por Libros del Asteroide.

Y digo que no tienen nada qué ver. Salvo que.... Ruslán es un guardián de un campo de trabajo del Gulag soviético. Cuando se vacían los campos, los guardianes le abandonan con los demás perros. La jauría está servida y la perplejidad -es desde su perspectiva que lo escribió este disidente ruso- se une a esa cierta desesperación y a una crítica brutal al sistema y a la manera de terminarlo. Es la condición humana la que se juzga y, me temo, se condena.

Lucas es un labrador de compañía, él es el que habla, y cuando una empieza a leer, parecería que entra en una historia suave, un poco fantástica -es un perro que quiere ser niño, y comparte habitación con un niño que quiere ser perro- y que no le falta hablar: habla. Habla. (¿Quién no sabe que su perro habla?) O sea, que parece una historia de las que una agradecería de vez en cuando, aunque sólo sea para contrarrestar la sordidez de los telediarios y el asalto de la cotidianidad. Pero claro: no. Lucas mira y habla: ¿pues no está narrando el libro?. Ocupa un sitio -importantísimo- en la corriente de afectos que es una familia: y, por si no lo sabíamos, Fernando Delgado se encarga de ir introduciéndonos en ese conglomerado de cariños, celos, incomunicación, solidaridades, de buen y mal rollo, que se va dando ....y que Lucas siente y padece -y disfruta cuando toca, y de lo que forma parte, también causal- con más conciencia cada vez. Y sufre. No les voy a destripar la novela, que es maravillosa, sólo quiero recomendársela. Que no es un cuento para niños, y conste que no tengo nada en contra: leo, como manera de escaparme sin moverme de casa, muchas historias para niños...

Por ejemplo, acabo de leer, también, Alas para un corazón, de David Almond, recién aparecida en Nube de Tinta. En ella no hay perro que yo recuerde: hay un gato que se llama Susurro, y muchos pájaros -mirlo, búhos leonados, palomas petrificadas, insectos... aj, qué asco- y un niño hipersensible, y una niña sabia, y un rarísimo ser que me recuerda un poco al mendigo de Lucas pero en plan sobrenatural, y el miedo y el milagro de la vida.

Todos los días, en mi FB, me aparecen llamadas a ayudar y acoger a perros abandonados. Muchos, demasiados días, me aparecen fotos terribles de perros maltratados. Muchos días firmo peticiones para que se pasen por la ley esas barbaridades que son las peleas de perros. Todos los días pienso en la cantidad de miseria y maldad que puede esconder la supuesta alma humana. Les transcribo la cita epilogal que Fernando Delgado ha puesto en Me llamo Lucas y no soy perro: es de Lord Byron, se titula Epitafio para un perro, y reza: "Cerca de aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin vicios".  

Ediciones anteriores de 'Lágrimas de cocodrilo'

 

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