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En el Teatro Galileo con producción de Smedia

Vuelve un 'Burgués gentilhombre' como musical con aires cubanos y visto desde la óptica femenina

Vuelve un 'Burgués gentilhombre' como musical con aires cubanos y visto desde la óptica femenina

martes 26 de agosto de 2014, 12:09h
Uno de los grandes textos de la historia del teatro, con unas críticas a la hipocresía que por desgracia son absolutamente actuales, vuelve a subirse a los escenarios españoles ahora con un aire hispano cubano. El que le da una de las grandes directoras mundiales, Liuba Cid, y su extraordinaria compañía Mephisto Teatro. Por supuesto, hablamos/escribimos de 'El burgués gentilhombre' de Molière. Por supuesto.

Este título puede disfrutarse en cualquier momento y lugar, sí. Pero el siempre activo y dinámico grupo Smedia lo produce en el madrileño Teatro Galileo al aire libre y con posibilidad de cena. Lo que no quita ni un ápice a esta propuesta irónica, irreverente, mordaz y divertida, que nos acerca a un Molière en el que los límites de la comedia son transgredidos tanto en lo visual como en lo dramatúrgico. La obra, con estupendo vestuario de Susana Moreno, énfasis caribeño, divertidos número musicales e interpretado íntegramente por un notable reparto masculino encabezado por el expresivo Justo Salas, viene de triunfar en diversos festivales.

Además del gran Justo Salas, el elenco se completa con otros grandes como Guillermo Dorda, Rey Montesinos, Juan Antonio Molina, Gabriel Buenaventura, Fidel Betancourt, Daniel Moreno y Jorge Ferrera. Todos con la sabia y original dirección de Liuba Cid que lleva en su hoja de servicios al arte de Talía más de medio centenar de montajes, muchos de ellos para niños, sin olvidar sus decenas de libros escritos en nuestro país y otros para la Unesco.

Las eternas apariencias

 Como se sabe, el protagonista de 'El burgués gentilhombre', Jourdain, representa una máscara específica, un tipo humano que se ha ido reencarnado a lo largo de la historia hasta nuestro tiempo presente: el que prefiere aparentar antes que ser, aunque para ello caiga en las formas más ridículas de la impostura. El tema, como se ve, es de todas las épocas. Y no es, por cierto, ajeno a la nuestra.

Ocho actores interpretan los personajes masculinos y femeninos de la obra en un juego de roles que recuerda la ductibilidad interpretativa de aquellos actores del Siglo de Oro y sobre todo, y esto es lo fundamental, la visión del universo femenino desde el imaginario masculino. Sabido es que Molière fue un defensor de la mujer desde el escenario clásico. La mirada femenina es una constante en los acentos dramáticos y cómicos de sus personajes, reivindicativa y mordaz, poniendo en tela de juicio el mundo machista asociado a las apariencias y a la falta de escrúpulos.

 

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