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Todos los miércoles en el Off Latina

Germán Torres se ajusta 'La espuela de Rocinante', de Toni Conesa, en el Off de La Latina

Germán Torres se ajusta 'La espuela de Rocinante', de Toni Conesa, en el Off de La Latina

domingo 01 de marzo de 2015, 09:10h
Tras su paso por otra sala alternativa de Madrid (El Umbral de Primavera), el Off de La Latina acoge ahora el interesante montaje  'La espuela de Rocinante', un trabajo que ha producido la compañía La Smorfia Teatro. Se trata de un monólogo escrito por Toni Conesa, basado en el Quijote de Cervantes (como se apunta ya desde el mismo título de la obra), que dirige Rosario Ruiz Rodgers y que  interpreta un espléndido actor, Germán Torres, premio de la Unión de Actores 2013 por su trabajo en 'Ivan-Off'.
Tras su paso por otra sala alternativa de Madrid (El Umbral de Primavera), el Off de La Latina acoge ahora el interesante montaje  'La espuela de Rocinante', un trabajo que ha producido la compañía La Smorfia Teatro. Se trata de un monólogo escrito por Toni Conesa, basado en el Quijote de Cervantes (como se apunta ya desde el mismo título de la obra), que dirige Rosario Ruiz Rodgers y que  interpreta un espléndido actor, Germán Torres, premio de la Unión de Actores 2013 por su trabajo en 'Ivan-Off'.
El personaje central de 'La espuela de Rocinante' es un don Quijote  moderno, de nuestros días, porque toca la guitarra y escucha música   rock inglesa y country norteamericana, y hasta la tararea; le gusta ahogar sus penas personales y colectivas en vino y, como consecuencia de ello, se transforma -como don Quijote- en "el caballero de la triste figura". Sobre el escenario, en una habitación revuelta, llena de cachivaches (un orinal, una palangana, una jarra con agua, una copa con un ramillete de flores, una guitarra, unas cuantas botellas vacías, o medio vacías, que delatan  los restos de un naufragio personal en vino...), aparece un hombre alto, delgado, con cierto aire  de loco, tumbado sobre un camastro, vestido con ropa interior algo estrafalaria y con pantuflas de los años 70 (sí, de esas de cuadros  marrones, grises y azules que todos hemos visto en nuestra casa alguna vez) que, nada más levantarse, comienza a lanzar diatribas contra la condición humana y los malos tiempos que nos han tocado vivir, con un lenguaje propio del héroe de la novela más famosa de  Cervantes.
-"En un lugar de mi mente, de cuyo nombre se olvida el lenguaje,  y aúna a los sesos un dolor de antaño (rasguea la guitarra con la que estaba canturreando una canción en inglés...). Siglo tras siglo, los hombres se lamen la herida abierta, un llanto desconsolado..., silencio bajo el corazón de los infelices... Quiso el destino adjudicarme la expresión más soez, vulgar y humillante. De esa dolorosa herencia    (vuelve a rasguear levemente la guitarra... A unos les dedicó la música, la lírica o la utopía. A otros la tragedia, el odio o el suicidio... Pero a mí me clavó en el olvido con una punzada en lo más bajo de la dignidad humana... Allí donde la orina se infecta con las más sórdidas pasiones... Allí donde las lágrimas doblegan orgullo y reputación..."
Así comienza lamentándose el nuevo Alonso Quijano de su mala suerte por haber contraído una enfermedad venérea en algún   encuentro disoluto con una mujer de la vida, que le ha dejado  tan infausto recuerdo y tan  dolorosa herencia... Pero el discurso del  ingenioso y moderno hidalgo no discurre por el drama o la tragedia  sino que se regodea en la crítica social, en la sorna, la ironía o la desesperación, según el camino que transite el moderno Quijote en la hora larga de su interesante monólogo.
Cuatro siglos después
Don Quijote vio la luz hace ahora cuatrocientos años pero las andanzas del manchego caballero no parecen haber servido de mucho porque hoy su sucesor en esas lides, que ahora cabalga cada miércoles en el Off de La Latina, sigue librando batallas imposibles  frente a un mundo injusto, que se derrumba por momentos en manos de dirigentes corruptos, preocupados únicamente por sus intereses personales, y ajenos a la justicia social.
No es, pues, extraño que resucite don Quijote travestido ahora en un  hombre de nuestro tiempo, algo borracho, lo justo para ser capaz de cantar las verdades del barquero sin importarle el qué dirán. Lo hace con un lenguaje barroco, más propio del Quijote de Cervantes, que  de un hombre de nuestro tiempo, por voluntad propia del autor, Toni Conesa, en un ambiente confuso y algo sórdido, que es como  acertadamente lo ha concebido la directora y responsable de la  puesta en escena del montaje, Rosario Ruiz Rodgers. Y a todo eso pone palabra, gesto, voz, alma y vida Germán Torres, espléndido en su papel de loco de ojos desmedidamente abiertos y, las más de las veces, extraviados, como imaginamos todos al hombre de la Mancha. Y ayer, como hoy, don Quijote sigue en pos de la palabra, el humor, la poesía, la conciencia social, la belleza, la justicia y la libertad.
Y, entre tanto, nosotros, como Jorge Luis Borges, no bebemos, no fumamos, no escuchamos la radio, no nos drogamos y comemos   poco. "Yo diría -terminaba diciendo el genial argentino y decimos también nosotros con él- que mis únicos vicios son El Quijote, La Divina Comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de  Benavente". No nos queda, pues, más que calzarnos la espuela, ajustárnosla al talón de la bota, y  salir desbocados a aguijonear a este tiempo funesto en que nos ha tocado cabalgar junto a Rocinante.
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  • Comentarios

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    34580 | Rosario Ruiz - 18/02/2015 @ 12:51:23 (GMT+1)
    Estimado José-Miguel Vila: agradecemos mucho tu detallada crítica a nuestra obra. Un gusto contar con esa mirada. Sin vuestros palabras nuestra obra quedaría incompleta. Nos gustaría invitarte a otra producción que tenemos los jueves en el mismo Off de la Latina. Un abrazo y ojalá podamos conocernos, Rosario

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