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‘Bodas de sangre‘ al más puro y ortodoxo estilo lorquiano en el montaje de Manuel Carcedo Sama, en Karpas Teatro
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‘Bodas de sangre‘ al más puro y ortodoxo estilo lorquiano en el montaje de Manuel Carcedo Sama, en Karpas Teatro

miércoles 24 de junio de 2015, 15:18h
España profunda en pleno barrio de Lavapiés (Karpas Teatro, en el número 19 de Santa Isabel). La acción de ‘Bodas de sangre’ tiene lugar en la tierra andaluza del poeta y dramaturgo Federico García Lorca, quien escribió esta tragedia en tres actos y siete cuadros en 1931. La celebración de una boda va a desencadenar una tragedia que parece inevitable desde el principio.

La novia no está entusiasmada por su inmediato enlace matrimonial con su actual novio. Por el contrario, sigue bebiendo los vientos por Leonardo, su antiguo novio, con quien tiene encuentros tan furtivos como apasionados hasta el mismo día de la boda. Leonardo tiene que ocultarlos a su mujer y a su suegra, que recelan de la actitud del hombre. Al mismo tiempo, la madre del novio tiene la corazonada de que puede volver a repetirse la historia familiar porque su marido y uno de sus hijos ya han muerto a navajazos en sendas peleas. La ceremonia de boda llega a celebrarse, pero la novia, en lugar de irse con su esposo, huye a caballo con Leonardo. La pasión que siente por su antiguo novio es irresistible. Pero esa afrenta personal y social no va a quedar impune. El esposo sale en busca de los amantes y, cuando los encuentra, Leonardo y él se baten a navaja y los dos hombres encuentran la muerte en una noche de luna llena.

El sentido trágico de la vida -en palabras de Unamuno- se hace patente en una de las obras más representadas de García Lorca. La violencia, la pasión, la muerte parecen formar parte del paisaje en estas tierras de España, en donde del calor sofocante de los campos y la pasión incandescente de los corazones llevan marcados a hierro su destino de sangre. “Los hom­bres, hombres; el trigo, trigo”, le dice la madre al novio poco antes de la boda. Y un leñador advierte también “hay que seguir el ca­mino de la sangre”. La historia, pues, para Federico García Lorca está marcada a hierro y fuego en el destino de los hombres y de los pueblos.

Toda esta tragedia la ha sabido entender muy bien el director del montaje, Manuel Carcedo Sama, que ha planteado una puesta en escena sencilla, ortodoxa y al más puro estilo lorquiano. Sus muchos años de experiencia le han aconsejado que la palabra del poeta y dramaturgo y una bien medida actuación son la clave de un éxito seguro. Así lo entendió también el público en la representación a la que pudimos asistir, que premió con encendidos aplausos la pasión y el esfuerzo de toda la compaññía de Karpas Teatro en la puesta en escena de la tragedia lorquiana. Magníficos los tres personajes principales, Belén Orihuela -La Madre-; Alexia Lorrio -La Novia- y Jorge Peña Miranda -Leonardo-; y notables también el resto de los componentes de la veterana compañía: David Bueno -El novio-; Nerea Rojo -que hace una estupenda Mujer de Leonardo/La Muerte-; Alberto Romo -El padre-; Charo Bergón -La Suegra /La luna-; Ana Vélez -La Criada- e Ignacio Ysasi y Chema Moro -ambos en el papel de Leñador 1º y 2º-.

El diseño de la escenografía y el vestuario los firma Manuel María Grimaldi, y el de la luz y el sonido Ignacio Isasi. Ambos contribuyen muy eficazmente al planteamiento del director que, como digo, ha subrayado sobre todo el poder de la palabra de Lorca y la fuerza interpretativa de los actores para llevar al mejor de los términos la tragedia del poeta.

En los cerebros del público, siempre encogido por el brillo de las hojas de las navajas que se entrecruzan y se hunden en los cuerpos de Leonardo y el novio, resuenan aún las últimas palabras de la novia y de la madre que apenas sofocan los lloros de las vecinas antes de que baje el telón:

NOVIA.

Y esto es un cuchillo,

un cuchillito

que apenas cabe en la mano;

pez sin escamas ni río,

para que un día señalado, entre las dos y las tres,

con este cuchillo,

se queden dos hombres duros

con los labios amarillos.

MADRE.‑

Y apenas cabe en la mano,

pero que penetra frío

por las carnes asombradas

y allí se para, en el sitio

donde tiembla enmarañada

la oscura raíz del grito.

Hora y media deliciosa (10 minutos de descanso entre el segundo y tercer actos incluidos) para volver a degustar con tanta pasión como necesidad las palabras del poeta granadino que, casi ochenta y cinco años después, resuenan vibrantes y trágicas en pleno barrio de Lavapiés en un Madrid multicultural hasta en la sala de Karpas Teatro porque, entre el público, también había algún que otro espectador anglosajón que -con toda probabilidad- enamorado de la palabra del poeta y dramaturgo español, busca afanoso encontrar representada con fidelidad su obra dramática. Con Manuel Carcedo Sama, desde luego, hay garantía de fidelidad al texto y al espíritu de Lorca. Interesante y esmerado trabajo, sí señor...

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