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Crítica de la obra de teatro 'El Beso': dos almas, un destino
(Foto: Roberto Carmona)

Crítica de la obra de teatro 'El Beso': dos almas, un destino

jueves 17 de diciembre de 2020, 11:18h

El dramaturgo holandés Ger Thijs es el autor de ‘El beso’, que otro holandés -hace mucho tiempo afincado ya entre nosotros-, Ronald Brouwer ha traducido y adaptado con verdadero tino y delicadeza. La función puede verse en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid hasta el próximo 3 de enero y espero que muy pronto sepamos los teatros de España por los que discurrirá su segura gira.

Dirige el delicioso montaje María Ruiz y su resultado final rezuma profundidad, mimo, cariño por el trabajo bien hecho. Bien se ve que no es un producto de la inmediatez y la prisa de los tiempos modernos sino, por el contrario, el de haber sido cocinado a fuego lento y con el cariño de quien tiene la necesidad interior y permanente de dar lo mejor de sí misma.

Isabel Ordaz y Santiago Molero, los dos únicos actores en escena, encarnan a dos desconocidos, ya en su madurez vital, que un buen día de otoño une el destino en alguna senda trazada con conocimiento y esmero por las autoridades locales de la comarca holandesa de Limburgo para que caminantes regulares o esporádicos puedan disfrutar al máximo de la naturaleza (sierras, bosques, plantas, aire y sol…). Ella se ha echado al camino para intentar diluir la angustiosa espera que le provoca conocer el resultado de una mamografía que ha tenido que hacerse. Él, armado únicamente con cuaderno y bolígrafo, parece haber emprendido el paseo por razones de esparcimiento y va decidido a tomar nota de cuanto le sugiera cualquier encuentro, cualquier descubrimiento con el que pueda sorprenderle la naturaleza y el destino. Un destino que hace que sus vidas se crucen y que, milímetro a milímetro, segundo a segundo, vayan avanzando en su delicada e incierta búsqueda de la complicidad, de la aproximación…

La experiencia es muy común y, posiblemente, todos y cada uno de los espectadores que estos días acudan a disfrutar de ‘El beso’ serán incapaces de contener su memoria para recrear durante y después del montaje aquel encuentro esporádico que tuvo lugar en el transcurso de un viaje, en la sala de espera de cualquier consulta o, quizás y sencillamente, tomando unas cañas o esperando cruzar cualquier semáforo. Hay encuentros de un cuarto de hora que uno no podrá olvidar jamás en su vida. Y eso es justamente lo que les sucede a los dos protagonistas de ‘El beso’, que su encuentro fortuito en ese paseo otoñal les hará salir de su ensimismamiento, de su desazón, de su abatimiento para buscarse y quizás también encontrarse en el otro.

Ordaz y Molero, más frecuentes hoy en los platós en los que se graban las series para televisión que, en los escenarios, muestran aquí que son dos excelentes actores. Muestran las cargas que llevan sus personajes en cada gesto, en cada movimiento, en cada mirada. Y conectan con el público desde el primer instante en que salen a escena. A partir de ahí, que nadie se lleve a engaño, todo discurre pausada pero inexorablemente. El recelo inicial se transforma en confianza, el desconocimiento en una aventura, la seguridad de un improbable nuevo encuentro futuro en la más descarnada de las sinceridades…

El equipo artístico del montaje ha empujado con decisión en esa misma dirección desde cada una de sus disciplinas. Desde la poética escenografía de Elisa Sanz (un banco de madera en el centro, vegetación y naturaleza alrededor), la exquisita iluminación de Felipe Ramos, el hermoso vestuario de Sofía Nieto y el armonioso espacio sonoro de Augusto Guzmán.

Con todo, nos parece que esta es una propuesta más dirigida a espectadores maduros, es decir, que ya estén en la segunda mitad de su vida (almas ya rebosantes de sinsabores, de girones de ausencias, de dolor, incluso de muertes), para que sean capaces de captar con profundidad e intensidad el mensaje que encierra el drama de Ger Thijs. La necesidad de salir de sí mismo, de encontrar lo bueno y lo malo de abrirse a los demás, de explorar en su justa medida el “qué habría sido si…”, aunque finalmente se acabe concluyendo que las ensoñaciones tienen un marco muy definido y que es difícil materializarlas más allá de nuestro cerebro. Por lo demás, estamos ante una propuesta la mar de sugerente e interesante.

‘El beso’

Autor: Ger Thijs

Traducción y adaptación: Ronald Brouwer

Dirección: María Ruiz

Reparto: Isabel Ordaz y Santiago Molero

Diseño de escenografía: Elisa Sanz (AAPEE)

Diseño de iluminación: Felipe Ramos (AAI)

Diseño de vestuario: Sofía Nieto

Diseño de espacio sonoro: Augusto Guzmán

Una coproducción de Teatro Español, Teatro Narea S.L. y Come y Calla, S.L

Teatro Español, Madrid

Hasta el 3 de enero de 2021

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