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'Descarriadas', completas e incompletas

viernes 07 de septiembre de 2018, 17:55h
'Descarriadas', completas e incompletas
(Foto: Raquel Rodríguez)

España. Década de los 70 y principios de los 80. Final de la etapa franquista y primeros años de la Transición. Llevar al Congreso como normal lo que en la calle es normal –como vino a decir Suárez, el primer presidente de la neonata monarquía parlamentaria española-, en alguna de sus primeras intervenciones, no fue tarea fácil pero se consiguió. Esa era la superficie visible de una compleja y delicadísima realidad política que, al mismo tiempo, en el día a día cotidiano de algunos españoles tenía también aristas desconocidas y muy duras que solo han podido salir a la luz décadas después.

'Descarriadas', un texto de Laila Ripoll, en montaje dirigido por Paloma Rodera e interpretado por Luna Paredes, es una parte de ese inmenso iceberg de la realidad social española oculta de esa época, la que vivieron muchas mujeres adolescentes y jóvenes descarriadas (es decir, que se apartaban de la norma, de la moral imperante en la época, y de ahí el título del montaje), que dieron con sus huesos en los denominados Centros de Observación y Clasificación, una especie de reformatorios dependientes del mismo Ministerio de Justicia, y en donde se encerraba a esas chicas que no acudían a clase en el instituto, que tenían una relación complicada con sus padres, que mostraban públicamente su afecto a otras chicas, que coqueteaban con las drogas o que acababan embarazadas tras sus primeros escarceos sexuales con chicos de su edad. Muchos, muchos años después, hemos sabido de la violencia, de los abusos, de los hijos robados y de los suicidios de madres jóvenes que pasaron por esos centros.

Teatro comprometido, teatro para la reflexión y con el trasfondo de la memoria histórica más reciente de nuestro país. Eso y mucho más es ‘Descarriadas’, un hermoso y duro testimonio ficcionado para la escena por Laila Ripoll que, a través del sencillo, directo y hermoso montaje de Paloma Rodera, y la interpretación apasionada y de intensidad creciente a medida que avanza el monólogo de una estupenda Luna Paredes, llevan al espectador a detenerse en algo que pasó y que no debiera volver a repetirse jamás.

Sangre, sudor y lágrimas

En escena, una adolescente dispuesta a protagonizar un concierto de rock (la época que se rememora estuvo repleta de ellos), relata al mismo tiempo sus conflictos familiares, sus estratagemas para ser ella misma en cuanto ponía los pies fuera de casa (vestido blanco de vuelo, chaqueta negra de cuero, pelo suelto y zapatillas deportivas por si hace falta salir volao, como decía el tema de Rubén Blades). Y entre canción y canción de Patty Smith, Janis Joplin, Triana, Paco de Lucía, AC-DC, Bob Dylan, Jethro Tull o Pink Floyd, la protagonista de ‘Descarriadas’ narra y canta a voz en cuello, o a través del micrófono de pie la dura vida que le ha tocado vivir en Madrid. Con un solo paréntesis, su escapada al Sur, al mar donde se topa de frente con el amor y con el embarazo que volverá a llevarla por segunda vez –esta ya “incompleta”, es decir, desvirgada- en esa cárcel a la que, de forma eufemística, se le llamaba Centro de Observación y Clasificación.

El montaje –unos 75 minutos de duración-, no es teatro documental; no se basa en una historia real sino que configura un universo de ficción, aunque repleto de verosimilitud porque todos los hechos que refiere sucedieron realmente, no a una mujer concreta sino a muchas cuya rebeldía pagaron a un precio demasiado alto. En el escenario, unas grandes cortinas de plástico traslúcido dejan entrever una batería y algunas guitarras eléctricas al fondo. Delante y en primer término, un micrófono articulado en ambos extremos, que luego irá moviendo la protagonista a medida que va interpretando fragmentos de canciones. A la derecha, una especie de pizarra blanca sobre la que se proyectan textos en ingles que dan título a cada escena. La sencilla escenografía es obra de Laura Ferrón, que ilumina con matices precisos (concierto, reformatorio, parque, playa…), Sergio Balsera. Y decisivo también el trabajo en los arreglos musicales de Irene Maquieira. Todo ello está al servicio de una Luna Paredes que cuenta una historia con voz, cuerpo y alma, y que pone al servicio de un montaje que remueve, que golpea de frente y en el hígado para recordar al espectador que la moral de una época marca –‘vaya si las marca…!-, las existencias de quienes la habitan.

'Descarriadas'

Texto: Laila Ripoll

Dirección: Paloma Rodera

Intérprete: Luna Paredes

Voces: Carmen Bécares, Irene Maquieira, María Prado, Carmen Valverde y Aida Villar

Escenografía: Laura Ferrón

Vestuario: Teatro al Punto

Iluminación: Sergio Balsera

Arreglos musicales: Irene Maquieira

Espacio sonoro y diseño gráfico: roderaartworks

Audiovisuales: Ana Dévora

Gestión: Carlos Fapresto

Producción: Teatro Al Punto Producciones

Teatro del Barrio, Madrid

6, 13 y 20 de septiembre, y 7 y 21 de octubre de 2018

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  • 'Descarriadas', completas e incompletas

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    50049 | Luna - 08/09/2018 @ 18:53:25 (GMT+1)
    Pues sí golpea el hígado, sobre todo porque el robo de un trabajo y de investigación exhaustivo le corresponde a Consuelo Garcia del Cid, a quien ni siquiera han mencionado, a quien no han solicitado permiso. Una desvergüenza como tantas que años después bajo un título asqueroso como es Descarriadas se pretenda confundir lo real. Aquellas mujeres no eran descarriadas, ser desterrada no es lo mismo ni significa lo mismo. Utilizar frases, sin el consentimiento de quien las dice ni de quien las transmite en sus libros está penado por la ley

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