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'El buen hijo': estereotipos, prejuicios, actos y consecuencias
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'El buen hijo': estereotipos, prejuicios, actos y consecuencias

lunes 02 de septiembre de 2019, 12:17h

Una joven pero interesante dramaturga, Pilar G. Almansa (Mauthausen, Cama…), ’, es la autora del texto de ‘El buen hijo’ que ahora puede verse en los Teatros Luchana de Madrid en montaje dirigido por Cecilia Geijo. Dos actores frente a frente, aunque cada uno de ellos da vida a varios personajes. Detrás de sus historias personales están los abusos sexuales, la violación forzada por parte de un hombre que intenta engañarse a sí mismo falseando los hechos y llenando de prejuicios su intervención en esa violación, que lo mantiene en prisión desde hace más de tres años y que intenta obtener un permiso aduciendo el delicado estado de salud de su madre, afectada de cáncer, y en tratamiento con quimioterapia.

Fernanda (Rosa Merás, que se desdobla también en el personaje de la Madre), una nueva psicóloga del Centro Penitenciario Paraleda I, trata de llevar a cabo la reinserción de Tirso González “El Cachorro” (Josu Eguskiza, que también hace de Abogado y de exMarido de Fernanda…). Tirso ha sido condenado por ese crimen, aunque a lo largo de las sesiones con la psicóloga se niega a reconocer los hechos que han motivado la condena. Más aún, sus prejuicios machistas le llevan a culpabilizar a la propia víctima y a hacerla responsable de su desgraciado destino…

Las falsas creencias sobre la mujer, alimentadas secularmente por un sinfín de prejuicios machistas, se reúnen en la figura de El Cachorro que, durante meses y meses de terapia psicológica, se resiste a admitir la maldad de sus actos (“yo no he hecho nada malo…”). La intervención de Fernanda, por el contrario, está encaminada a destruir todos los prejuicios del hombre y a que este llegue a reconocer sus abusos y su delito y a que, finalmente, concluya en que todos los actos humanos acarrean siempre consecuencias.

La propia Fernanda ha sido víctima de abusos sexuales en un centro anterior de trabajo y conoce muy bien las triquiñuelas mentales en las que se escudan los violadores para no admitir su culpa. Paralelamente a la acción principal, se va entrecruzando esa otra historia que desvela las circunstancias, los personajes y los hechos que hicieron de la psicóloga otra víctima de los abusos de otro hombre sin escrúpulos.

La escenografía, firmada por Diego Ramos, presenta sillones metálicos y taburetes; y los sonidos contundentes de aperturas y cierres de puertas (diseñados por Pepe Bornás) trasladan eficazmente al espectador a ese submundo de las prisiones. El físico de los dos actores, Josu Eguskiza (alto, atlético, con una actitud permanentemente intimidante…), y Rosa Merás (agraciada, serena, siempre en un tono profesional y dispuesta a cortar cualquier atisbo de proximidad iniciado por su paciente…), hacen sumergirse al espectador en la dura historia que se cuenta desde el minuto 1 al 90, que es la duración aproximada del montaje. Contribuye también al realismo del mismo la luz de Cristina Gómez, que va del tenebrismo de los espacios de la prisión, a la nitidez de bares o la sala de vistas en donde se juzga a los imputados por estos delitos.

Con estructura de thriller cinematográfico, las secuencias (escenas, en este caso….), van sucediéndose sin solución de continuidad y apenas dan un respiro al espectador. Esa es, posiblemente, la mayor virtud y, al mismo tiempo, el hándicap del montaje. La agilidad en la sucesión de las escenas incrementa la brillantez de la propuesta, pero, al mismo tiempo, hace que el espectador no digiera con la contundencia que requiere el tema, los diversos estados de ánimo que van atravesando a los personajes.

Con todo, la propuesta tiene una vigencia absoluta. Este es uno de esos montajes que debieran verse en institutos de secundaria y bachiller para poder servir de base en un debate posterior sobre estereotipos y prejuicios machistas que, por cierto, tienen su mayor caldo de cultivo precisamente en esas edades. Un montaje muy interesante.

‘El buen hijo’

Dramaturgia: Pilar G. Almansa

Dirección: Cecilia Geijo

Reparto: Rosa Merás y Josu Eguskiza

Asesora: Zulema Altamirano

Espacio escénico: Diego Ramos

Producción: Silvia Pereira

Iluminación: Cristina Gómez

Sonido: Pepe Bornás

Vestuario: Susana Cerro

Fotografía: Alba Pasamontes

Audiovisual: Irene Curieses

Una coproducción de Territorio Violeta y Cía. Clásicos Contemporáneos

Teatros Luchana, Madrid

Todos los viernes de septiembre de 2019

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