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'Jerusalem': la arrolladora épica de un antihéroe

'Jerusalem': la arrolladora épica de un antihéroe

jueves 23 de enero de 2020, 16:40h

El Centro Dramático Nacional acaba de estrenar en el Teatro Valle-Inclán de Madrid ’Jerusalem’, del dramaturgo británico Jez Butterworth, traducido por Cristina Genebat, con dirección de Julio Manrique y protagonizada por Pere Arquillué. La obra - estrenada a mediados de julio de 2009 en el Royal Court de Londres-, recoge su título de un salmo escrito por Sir Hubert Perry sobre unos versos de William Blake y concentra las intenciones míticas, místicas e irónicas que Butterworth ha querido dar a la obra a través de su personaje protagonista, Johnny Byron, a quien apodan El Gallo.

“Jerusalem es el bosque y el bosque es ‘El Gallo’. Johnny Byron ‘El Gallo’. El antihéroe romántico. El ‘prota’ de la fiesta. Un astro sol. Un borracho. Un pirata loco. Un ogro, un visionario, un camello detestable. Un gitano chulo y alocado inventándose el mundo desde una caravana. Una vez y otra. El puto flautista de Hamelín pasado de vuelta. Y William Blake y Jez Butterworth y Sir John Falstaff. Un troll okupa, un insumiso, un monarca...”. Julio Manrique –estupenda su dirección escénica-, define con estas apasionadas y críticas palabras, repletas a la vez de amor y de reprimenda al protagonista, Johnny Byron.

Poética, profunda, crítica, irónica, luminosa, y, sin duda, un clásico contemporáneo, ‘Jerusalem’ gira en torno a la figura de este antihéroe, espléndidamente encarnado por un Pere Arquillué omnipresente a lo largo de las tres horas de función -quince minutos de descanso incluidos-, que es un personaje a la altura de cualquiera de los inventados por Shakespeare y que los grandes actores de este siglo y los sucesivos querrán encarnar en algún momento de su carrera, del mismo modo que a Falstaff, Hamlet, Lear o Macbeth. Porque en El Gallo se unen al tiempo la grandeza del hombre libre, con una visión tan personal como poética del mundo, enfrentado al establishment, y que al mismo tiempo no deja de ser un macarra, un drogadicto y un borracho, pero con un corazón del tamaño de la Abadía de Westminster.

Johnny Byron, alrededor de los cincuenta, estrafalario, bohemio, pendenciero y vividor -personaje poliédrico, muy complejo y atrayente para un actor-, habita una vieja caravana en un claro del bosque a las afueras de Flintok, un pueblo inventado por el autor. Muy cerca de allí se ha construido una nueva urbanización y todo el pueblo está en contra de ese hombre, gitano, al que quieren echar de allí como sea. Sus únicos aliados son un grupo de personajes (jóvenes de uno y otro sexo, adolescentes y algunos adultos al borde de la marginación), que le acompañan en interminables e inolvidables juergas que provocan el escándalo público entre sus vecinos y, probablemente, también su secreta envidia.

Acompañan en escena a Pere Arquillué un grupo de fantásticos actores: Chantal Aimée, Guillem Balart, Anna Castells, Adrian Grösser, David Olivares, Víctor Pi, Clara de Ramon, Albert Ribalta, Marc Rodríguez, Elena Tarrats, Pablo Carretero, Tomás Pérez y Robert Plugaru. Personajes todos explosivos, enérgicos, adictos a la vida y a esas raves que tanto escandalizan a los adustos y tradicionalistas vecinos de Flintok.

Imponentes la escenografía de Alejandro Andújar (ese claro del bosque en donde permanece anclada la vieja caravana rodeada por mil y un cachivaches postfiesta); la iluminación de Jaume Ventura (magistral ese atardecer irremediablemente languideciente ejecutado en no menos de media hora final de la primera parte del espectáculo); el espacio sonoro de Damien Bazin (emocionante el sonido próximo y lejano a la vez de las fiestas del pueblo, festejando a San Jorge, patrón de Inglaterra); el peculiar vestuario, entre moderno y decadente, de Maria Armengol; la ajustada caracterización de Núria Llunell, y el dinámico movimiento de Nathalie Labiano y la imaginativa videoescena de Francesc Isern.

El espacio mágico del bosque shakespeariano en donde se desarrolla este deslumbrante ‘Jerusalem’ levantado por Julio Manrique es, a la vez, un espejo donde mirarse ,no sólo la sociedad británica sino toda la civilización occidental, al tiempo que el mudo testigo de una necesaria catarsis que devuelva al hombre a los lugares que nunca debió abandonar, a cierta manera de vivir, de recuperar cosas que ha ido dejando por el camino, a redescubrir la magia de la madre naturaleza y de la propia alma humana.

El montaje está atravesado de principio a fin por un humor anglosajón, ácido unas veces, tierno otras, y constituye una verdadera proclama a la libertad frente a todo y frente a todos. Imprescindible.

‘Jerusalem’

Texto: Jez Butterworth

Traducción: Cristina Genebat

Dirección: Julio Manrique

Reparto: Pere Arquillué, Chantal Aimée, Guillem Balart, Anna Castells, Adrian Grösser, David Olivares, Víctor Pi, Clara de Ramon, Albert Ribalta, Marc Rodríguez, Elena Tarrats, Pablo Carretero, Tomás Pérez y Robert Plugaru

Escenografía: Alejandro Andújar

Vestuario: Maria Armengol

Iluminación: Jaume Ventura

Espacio sonoro: Damien Bazin

Vídeo: Francesc Isern

Caracterización: Núria Llunell

Movimiento: Nathalie Labiano

Asesoría musical: Carlos Pedragosa

Ayudante de dirección: Xavi Ricart

Ayudante de escenografía: Sergi Corbera

Ayudante de vestuario: Marta Pell

Fotografía: David Ruano

Diseño cartel: Javier Jaén

Producción: Mireia Farrarons

Coproducción Centro Dramático Nacional, Teatre Romea y Grec 2019 Festival de Barcelona

Teatro Valle-Inclán, Madrid

Hasta el 1 de marzo de 2020

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