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'Dos nuevos entremeses, 'nunca representados'': poderoso caballero es don dinero

'Dos nuevos entremeses, "nunca representados"': poderoso caballero es don dinero

Gracias al cielo, veinte años después de ser estrenados en el Teatro de La Abadía en montaje de José Luis Gómez, volvieron de nuevo al escenario que los vio nacer los Entremeses de Miguel de Cervantes. Una vez más, el reestreno unió a crítica y público en un espectáculo delicioso, ejemplar, extraordinario. Y, aunque dicen que “segundas partes nunca fueron buenas” -¡falso, de toda falsedad!, como el mismo Cervantes demostró con la segunda parte del Quijote-, don Miguel sube de nuevo a La Abadía ‘‘Dos nuevos entremeses, “nunca representados”’, esta vez bajo la dirección del también actor y director Ernesto Arias. Avanzo ya que el resultado de la iniciativa no ha podido salir mejor. El espectáculo es de altura y, a continuación, vamos a intentar descubrirte el por qué…

Dijimos de aquellos Entremeses que rebosaban “encanto popular, inteligencia, humor, tolerancia, libertad, amores, deseos, engaños, celos y astucia”; todos son adjetivos perfectamente atribuibles a estos ‘Dos nuevos entremeses, “nunca representados”’. En ellos hay humor, picaresca y pasión a raudales, y un respeto reverencial por la palabra de Cervantes desde antes de comenzar la primera escena del montaje (un grupo de pordioseros están reunidos en torno a un pozo, en pleno Madrid del siglo XVI, y uno de ellos toca en la guitarra una dulce y triste melodía), que los actores transmiten al público, que va ocupando sus asientos en el más absoluto y respetuoso silencio por lo que intuye que va a ver muy pronto.

Soldados y “viudos”

Los dos entremeses que Ernesto Arias rescata ahora son La guarda cuidadosa y El rufián viudo llamado Trampagos. En el primero, un soldado sin muchas luces se encapricha de la criada de una casa noble y decide vigilar la propiedad con el objeto de impedir a cualquier otro mozo (un sacristán, un zapatero, un buhonero,…) que se le ocurra acercarse a rondarla. En el segundo, El Rufián viudo, desfila por el escenario una representación del mundo del hampa y la prostitución que tan bien conocía Cervantes. En él se cuenta la historia de un “viudo” que debe elegir una nueva “dama de compañía” porque la que tenía hasta entonces había fallecido… En ambas piezas se retrata el Madrid cervantino y también en las dos uno de los personajes debe elegir pareja y en ellas el factor que marca sus decisiones es el dinero. Cuatro siglos después, nos movemos en los mismos terrenos de juego.

Brenda Escobedo, que firma la dramaturgia del montaje, ha respetado íntegramente el lenguaje de Cervantes y no ha rehuido anclar en el habla del Madrid de entonces cuanto se muestra en escena y, sin embargo, también cuanto allí ocurre aparece como algo actual, que toca al espectador de nuestros días. El milagro -y doy fe de ello porque un grupo de estudiantes británicos que tenía muy cerca-, disfrutaron tanto como quien firma esta crítica-, ha sido posible gracias a la ayuda de Vicente Fuentes (maestro de voz) y José Troncoso (taller de bufón). Todos han ayudado a que el fabuloso elenco del montaje (todos están estupendos y componen un coro del que es muy difícil destacar a ninguno, razón por la cual quiero nombrarlos por orden de intervención), hagan pasar al público algo más de hora y media de delicioso ensueño. Ellos son Ion Iraizoz, Juan Paños, Aída Villar, Nicolás Sanz, Marcos Toro, Pablo Rodríguez, Nicolás Sanz, Luna Paredes, Carmen Bécares, José Juan Sevilla y Carmen Valverde.

Decisivas asimismo, en el resultado final del montaje, la alegre música de Eduardo Aguirre de Cárcer, el bullicioso movimiento escénico marcado a los actores por Javier García, y la iluminación de Carlos Díaz Abadía (evocadores sus azules para definir la noche madrileña…), así como las del resto del equipo artístico (Rosario Ruiz Rodgers, Silvia de Marta y Raquel Alarcón).

Y por si el habla y la interpretación de los doce actores en escena sola no fuera suficiente, la fiesta se completa con varias canciones y rondallas que suenan a lo largo del montaje (pertenecientes a La ilustre fregona, El rufián dichoso y otras obras de Cervantes) que concluyen con el monólogo de Marcela en El Quijote, con Carmen Valverde subida al balcón de su casa, para encoger el corazón de todos los espectadores recitando con voz firme, convencida, llena de razón aquello de “Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros…”. Se trata, en definitiva, de un montaje que nadie (ni grandes, ni chicos), debería dejar de disfrutar.

‘Dos nuevos entremeses, “nunca representados”: La guarda cuidadosa y El rufián viudo llamado Trampagos

Texto: Miguel de Cervantes

Dramaturgia: Brenda Escobedo

Dirección: Ernesto Arias

Intérpretes: Ion Iraizoz, Juan Paños, Aída Villar, Nicolás Sanz, Marcos Toro, Pablo Rodríguez, Nicolás Sanz, Luna Paredes, Carmen Bécares, José Juan Sevilla y Carmen Valverde

Coordinación artística: Rosario Ruiz Rodgers

Ambientación: Silvia de Marta

Música: Eduardo Aguirre de Cárcer

Coreografía: Javier García

Iluminación: Carlos Díaz Abadía

Fotografía: Sergio Parra

Maestro de voz: Vicente Fuentes

Taller de bufones: José Troncoso

Ayudante de dirección: Raquel Alarcón

Teatro de la Abadía, Madrid

Hasta el 10 de diciembre 2017

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