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Crítica de la obra de teatro 'La petite mort': un huracán que todo lo barre

Crítica de la obra de teatro 'La petite mort': un huracán que todo lo barre

jueves 25 de febrero de 2021, 14:04h

Supongo que la idea que dominó en la mente de Eduardo Recabarren, autor y director del montaje que estos días puede disfrutarse en el Teatro Lara (Sala Lola Membrives), bajo el título de ‘La petite mort’ (‘La pequeña muerte’, en francés), no es otra que la de dar el verdadero carácter a un montaje que, desde luego, tiene dosis suficientes de amor, de humor, de relaciones profesionales, familiares o sociales, como de vida estrictamente íntima y personal –relaciones sexuales incluidas-. De haberlo titulado El orgasmo, que es a lo que en realidad se refieren los francoparlantes cuando utilizan esa expresión, es posible que los espectadores que acudiesen a ver la propuesta lo hiciesen con insuficientes, extrañas y equívocas expectativas.

Lo cierto es que ‘La petite mort’ es una propuesta deliciosa, inteligente, divertida y sorprendente tanto para quienes hablan francés como para los que hablamos español. En escena (dos sillas y una mesita camilla en el centro…), aparece una mujer de mediana edad –en torno a los 50-, delgada, buen tipo, bien vestida y maquillada. Se aproxima al proscenio y lanza un discurso feminista de nuevo cuño a los espectadores…

Se trata de Jeanne, magníficamente encarnada por la actriz Natalie Pinot, que muy pronto convierte a esos hipotéticos profesionales o políticos a quienes lanza el discurso (el público de la sala), en cómplices, espectadores de primera línea y hasta voyeurs de sus más íntimos pensamientos y sentimientos. Esa mujer tan segura de sí misma inicialmente, se convierte muy pronto en un ser desvalido, acomplejado, obsesionado, dependiente y hasta esclavo ante la presencia de su amante, un hombre rumano, casado, hortera y hasta machista de libro. “Si tú me dices ven, lo dejo todo”, como decía el famoso bolero, viene a decirle calladamente Jeanne a su amante.

La mujer madura se pasa todo el día pendiente de la llamada del teléfono, obsesionada con los más pequeños detalles ante la puesta en escena de cada encuentro sexual en su propia casa con su amante. Ante ello no hay nada en el mundo: ni hijo, ni madre, ni amigas… Nada de nada. Vive únicamente para esos encuentros salvajes, innombrables, que siempre están muy por encima de las expectativas que Jeanne se forja en los sueños previos. Sin duda –y ella lo confiesa explícitamente-, será capaz de matar a su madre o a su hijo si, por cualquier causa, dificultasen esos ardientes combates sobre las sábanas con el amante rumano.

A Jeanne le importan un bledo sus propias contradicciones, el qué dirán, su prestigio político o profesional, su pasado, su presente inmediato o su futuro. Solo vive para sentir los abrazos, los besos, los susurros al oído de palabras a veces ininteligibles para ella… Para sufrir, incluso, los desmanes, el ninguneo, el segundo y hasta el tercer plano que ella sabe que supone en la vida de su amante

Natalie Pinot interpreta a esa mujer madura con tal pasión y entrega que el personaje parece adueñarse de la actriz en cada instante. En las esperas, en los encuentros, en los adioses o en los silencios que, al final, se apropian de su vida hasta un próximo vendaval con el hombre rumano. Y, además, y por si no bastase con la palabra, el cuerpo, los gestos y la desesperación, Pinot interpreta también a Bárbara (Le mal de vivre), a Ives Montand (Les feuilles mortes), a Omara Portuondo (Tres palabras), o a Peggy Lee (Is that all ther is). Todo un recital que muestra la gran actriz que Natalie Pinot lleva dentro y la necesidad de exponerse día a día en un escenario.

Eduardo Recabarren, que ha escrito un monólogo claro, vibrante y accesible a todas las expectativas del público -hay en el drama diversas y profundas capas de conocimiento, reflexión y denuncia-, ha sabido sacar lo mejor de Natalie Pinot y resulta muy difícil pensar en otra actriz que hubiera podido meterse mejor en la piel de Jeanne, para hacer olvidarse a los espectadores durante unos 80 minutos de que en el mundo hay algo más y mejor que ‘La petite mort’ que Pinot les hace vivir cada miércoles en el Lara. Imprescindible.

La petite mort’

Dramaturgia: Eduardo Recabarren

(inspirado en textos de Annie Ernaux)

Dirección: Eduardo Recabarren

Intérprete: Natalie Pinot

Iluminación y sonido: Aintzane Garreta

Vestuario: Mer la Costu

Peluquería y maquillaje: M Casanova

Fotografía: Jean Pierre Ledos

Diseño gráfico: Rafa Bueso

Arreglos musicales: Carlos Fesser

Producción: Compañía Recabarren & Natalie Pinot

Teatro Lara, Madrid

Todos los miércoles de marzo de 2021

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