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Cada semana cuenta

Cada semana cuenta

lunes 09 de julio de 2018, 18:58h

Bajos tipos de interés, baja inflación, sólido crecimiento económico, mercados de activos en constante subida… Así han ido las cosas hasta ahora con la consecuencia de que el crecimiento del comercio mundial superó en 2017 por primera vez en años el crecimiento del PIB. Ahora las dudas van robando espacio y se van asentando a la velocidad a la que la guerra comercial va escalando grados.

Y no solo el conflicto arancelario, sino que decisiones como la retirada de EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán, el debate sobre la seguridad y su financiación con sus socios de la OTAN, el desencuentro en el G7 o la relación con Rusia, al margen del efecto que tienen sobre acuerdos previos de empresas y gobiernos, altera el orden económico y político mundial de un modo que afecta a las cadenas de valor que se han ido desarrollando durante años, en las que los países se especializan en distintos ámbitos de la producción de forma que es imposible limitar los impactos a países o áreas concretas.

Si el comercio con China es el principal objetivo, indirectamente lo son economías asiáticas, tradicionales aliados de los norteamericanos, como Corea del Sur, cuyas exportaciones a China están constituidas en un 79% por bienes intermedios destinados a las industrias de ensamblaje chinas.

Ejemplos similares pueden trasladarse a Europa en el conflicto del automóvil, con un importante peso para España, una de los grandes suministradores de bienes intermedios en el sector de automoción europeo.

En algunos casos, la imposición de tarifas supondrá un impacto directo al consumidor vía precios, pero el efecto mayor será la disrupción sobre estas cadenas de valor mundiales, afectando no solo al flujo de mercancías, sino al flujo de inversiones, -la inversión directa china en EE.UU. ha caído un 90% en el primer semestre de 2018- y en última instancia a los desplazamientos migratorios. Conforme se asienta la idea de que las amenazas norteamericanas van a ir traduciéndose en aranceles, las empresas comienzan por paralizar sus proyectos de inversión –lo señalaba la Reserva Federal en las actas de su última reunión- para buscar vías alternativas de producción por las que no renunciar a sus mercados.

Si como parece dibujarse cada vez con más nitidez, el paso del tiempo nos trae la imposición de más y más limitaciones al comercio mundial, el periodo hasta que la situación se estabilice de nuevo con el reasentamiento de inversiones, producción y población, no transcurrirá con la misma placidez de los últimos años. Es verdad que las respuestas a las decisiones norteamericanas están siendo medidas y ajustadas para no acelerar la escalada, pero ni europeos, y menos China pueden aparentar ante sus ciudadanos que doblan la rodilla ante los norteamericanos.

Ya en la recta de aproximación a agosto, un mes en el que es desafortunadamente común que los mercados encuentren motivos para revolverse, las excusas están más a la vista de lo que han estado en los últimos años. El dólar ha evitado por el momento la ruptura del área de 1,15 tras haber encontrado la excusa en un crecimiento más moderado de los salarios en el mes de junio en EE.UU.

Con el buen informe de empleo se salvó la sesión del viernes después de una semana que exigió mucha atención a los índices bursátiles de China. Afortunadamente hay todavía un claro predominio de buenos indicadores con los que aliviar tensiones y mantener la esperanza de eludir fuertes traspiés, aunque pasar cada semana sin más novedad constituirá cada vez un reto mayor.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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