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Las 50 mejores películas de los años 50 (del 10 al 1)
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Las 50 mejores películas de los años 50 (del 10 al 1)

jueves 27 de agosto de 2020, 17:27h

Se podría hablar de los años 50 del siglo pasado como de la edad de oro del cine clásico, los estudios de Hollywood todavía no habían entrado en decadencia y los mejores directores de todos los tiempos, como Alfred Hitchcock o John Ford, estaban en el momento más importante de su carrera, por si fuera poco fue la época en la que empezó a filmar otro gigante como Stanley Kubrick y las grandes estrellas dejaban paso a los rebeldes sin causa del Actor's Studio, con Marlon Brando a la cabeza. Pero es que, además, los años 50 fueron el despegue definitivo del cine de autor a nivel mundial, el mundo descubrió a Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu o Kenji Mizoguchi en Japón, a Satyajit Ray en la India, a Ingmar Bergman en Suecia, al español Luis Buñuel en su periodo mexicano, mientras que en Italia Federico Fellini o Luchino Visconti cogían el testigo de los maestros neorrealistas, en Francia aparecía la revolucionaria Nueva Ola que cambiaría las reglas en la siguiente década y en España a la censura le salía un doble dolor de muelas con Berlanga y Bardem. (Del 50 al 41 / Del 40 al 31 / Del 30 al 21 / Del 20 al 11)

10. Los olvidados (1950) Luis Buñuel



La obra maestra de la etapa mexicana de Luis Buñuel, una película en la que vuelve a conjugar con maestría surrealismo y realidad social, entregando un retrato devastador de los bajos fondos mexicanos que hizo que los sectores más 'bienpensantes' de la sociedad mexicana pidieran su expulsión del país. Pero es que Buñuel tenía claro que la pobreza no podía ser reflejada en el cine como la de buenos y compasivos ciudadanos que entregaban ciertas películas, el español se había paseado por los peores barrios de Mexico DF y quería describir la realidad de la pobreza y de los abandonados de la sociedad burguesa como lo que era, un caldo de cultivo para la miseria, la violencia y la marginalidad. Un lugar del que, si nacías allí, era casi imposible abandonar. Es una película que le ve mantener los principios del surrealismo, "luchar contra la hipocresía de la sociedad burguesa" y que está emparentada con la maravillosa "Las Hurdes, tierra sin pan", por su mirada a los lugares a los que la mayoría no quiere mirar.

9. Sed de mal (1958) Orson Welles



La carrera de Orson Welles en Hollywood estaba practicamente acabada, pero al creador de 'Ciudadano Kane' le habían contratado como secundario en la nueva película de una emergente estrella, Charlton Heston. Fue éste el que insistió para que ya Welles dirigiese la película también, siendo, como era, uno de los mejores de la historia. A regañadientes se le confió esta película, con presupuesto de 'Serie B' y Welles la transformó en uno de los mayores clásicos del cine negro. Una reconstrucción del género en la que más allá de su enrevesado guión lo que importa es cada detalle de lo que pasa en pantalla y cómo nos lo presenta su director, desde el mítico plano secuencia inicial (que ni siquiera era el favorito de la película del propio Welles que cuela uno todavía más largo, de cinco minutos, sin que mucha gente se de cuenta) hasta el brillante final con la gran Marlene Dietrich despidiendo al deleznable, pero carismático, Hank Quinlan, interpretado por el propio Welles.

8. Los siete samuráis (1954) Akira Kurosawa



La obra más importante de Akira Kurosawa. El director japonés coge la influencia del western, principalmente de John Ford, y la traslada al Japón medieval. Pero ante todo está su cámara, una cámara a la que insufla vida y siempre coloca en el lugar idóneo, dando lecciones de cómo rodar desde una escena de acción a una escena íntima. Todo ello con un reparto en estado de gracia en el que destacan dos de sus actores fetiche, Takeshi Shimura y el insuperable Toshiro Mifune. Su huella la llevaría a tener un remake 'hollywoodiense' llamado 'Los 7 magníficos', aunque a día de hoy sigue estando presente, como se puede ver en el hecho de que en 'The Mandalorian' construyeran todo un episodio basado en ella, un homenaje con mucha razón de ser ya que Kurosawa fue una de las grandes influencias de George Lucas a la hora de crear 'La Guerra de las Galaxias'.

7. Con la muerte en los talones (1959) Alfred Hitchcock

El hecho de que haya otras dos películas de Alfred Hitchcock por encima de esta en la lista solo quiere decir una cosa, Alfred Hitchcock alcanzó la perfección en esta década y da muchas razones a los que pensamos que es el mejor director de todos los tiempos. Hitch vuelve a liar el argumento todo lo posible, volviendo a utilizar una de sus historias favoritas, una persona es confundida con otra y vive todo tipo de desventuras por ello (Cary Grant le llegó a confesar al director a mitad de rodaje que no sabía de qué iba todo ello, lo mejor de todo es que lo hizo utilizando una frase de su personaje lo que no hizo sino divertir aún más a Hitch). El director británico entrega su película más vibrante y divertida, saltándose todas las reglas posibles sobre cómo se construye un guión, ya saben, si una escena no hace avanzar la trama hay que eliminarla. Lo que en esta película haría que nos quedaramos sin la famosa escena del avión, cinco de los más icónicos minutos de la historia del cine. ¿Puede un artista ser entretenido? 'Con la muerte en los talones' es la mejor respuesta a esa pregunta.

6. El crepúsculo de los dioses (1950) Billy Wilder

La carta de amor-odio de Billy Wilder a Hollywood, llena de reproches pero también de fascinación, de oscura poesía, Y es que, como dice Norma Desmond en una de sus escenas más míticas: “No hay nada más. Solo nosotros. Y las cámaras y toda esa gente maravillosa en la oscuridad”. Metacine en el que Wilder rompe también varias reglas, como el hecho de que la película nos la cuente un muerto, y en la que los gloriosos zombies del cine mudo, ese cameo de Buster Keaton, se pasean por una ciudad que no respeta a sus leyendas. Eso sí, esta película contradice a su protagonista cuando dice otra de sus icónicas frases, “Aún soy grande, son las películas las que se volvieron pequeñas”, y es que existen muy pocas películas más grandes que ésta.

5. Vivir (Ikiru) (1952) Akira Kurosawa



Mi película favorita de Kurosawa, aquí no hay samuráis, ni cine negro, sólo un Takeshi Shimura inconmesurable en el papel de un anciano al que diagnostican un mortífero cáncer y, ante la inminencia de la muerte, aprende a vivir. Uno de los mejores finales del cine. Una película que todo el mundo debería ver. Todavía puedo recordar la primera vez que terminé de ver 'Vivir', estaba llorando y, a la vez, eufórico, le dije a mi novia "¿qué hacemos aquí sentados? Salgamos, hagamos algo, seamos mejores personas, vivamos, no dejemos que la vida nos consuma...". Claro que ese impulso me duró lo mismo que a los compañeros de su protagonista, Kanji Watanabe. Las buenas ilusiones acaban, la mayoría de las veces, enterradas por el fatigoso día a día, como bien sabe Kurosawa, pero esta película es un magnífico recordatorio de que, por lo menos, hay que intentarlo.

4. La ventana indiscreta (1954) Alfred Hitchcock

A Hitchcock le encantaba jugar con las formas, ya había rodado una película en un solo plano, 'La Soga', pero lo que hizo en 'La ventana indiscreta' fue todavía más efectivo, una película en la que coloca al espectador en el papel que más se le ajusta, el del 'voyeur', el mirón. Hitchcock viene a decirnos que todos somos, en mayor o menor medida, 'voyeurs' y que nos encanta mirar a escondidas, aunque sea una película. Así nos sitúa junto a su personaje principal mirando a través de una ventana lo que hacen sus vecinos. En cierto modo, James Stewart y su ventana están en una situación muy parecida a la de un espectador en una sala de cine. Un fotógrafo se ve recluido en su casa tras sufrir un accidente en el que le tienen que escayolar toda la pierna, allí intentará dar largas al compromiso y al matrimonio, representados nada más y nada menos que por Grace Kelly, dedicándose a meter sus narices en la vida de otros, descubriendo un asesinato de por medio y también que a la perfecta Kelly tampoco la importa allanar una casa ajena para hacer la vida más interesante...

3. Cantando bajo la lluvia (1952) Stanley Donen / Gene Kelly

¿Qué es la felicidad? ¿Y tú me lo preguntas, Gene Kelly?. La felicidad eres tú bailando, y cantando, bajo la lluvia, es ver a Donald O´Connor intentando, y lográndolo, hacernos reír. Es ver a los dos con Debbie Reynolds dándonos los buenos días tras una noche sin dormir. Es, en definitiva, ver una película que todos los psiquiatras deberían prescribir para luchar contra la depresión. El musical más perfecto de la historia, no solo porque todos sus números funcionen a la perfección, no solo porque su historia sobre los inicios del cine sonoro y el terremoto que supuso en Hollywood sea tan acertado, sino, sencillamente, porque lo que logra esta película es poner de buen humor hasta al más amargado Scrooge de la vida.

2. Centauros del desierto (1956) John Ford

John Ford creó el mito del Oeste con 'La diligencia' y abrió el camino a su desmitificación con 'El hombre que mató a Liberty Valance' pero lo que hizo con 'Centauros del desierto' es dar al género su obra definitiva. Cuando la gente piensa en los paisajes del Oeste, piensa en John Ford, cuando lo hace de sus personajes, lo hace en John Wayne, un actor al que, en cierta medida, también creó el director. En esta película hay muchas películas y Ford da una verdadera clase de sutileza con la cámara. Sin que haya una sola referencia o palabra en el guión, Ford nos cuenta la pasada historia de amor entre un hombre y la mujer de su hermano y como, fruto de esa relación, la hija pequeña del matrimonio, podría ser en realidad la hija del hermano. Es un hombre que aparece de la nada y vuelve a ella, no tiene casa, consumido por su odio, sin hogar propio. John Wayne, el hombre que representaba el Oeste ha pasado de ser un héroe a un resentido justiciero. El odio es el principal alimento de Ethan y por ello, al final, no habrá un hogar para él, condenado a vagar solitario por los eternos parajes del Grand Cañón, unos parajes que convirtió en leyenda el hombre al que Orson Welles citó tres veces cuando le preguntaron por sus tres directores de cine favoritos.

1. Vértigo (De entre los muertos) (1958) Alfred Hitchcock



Si esta es la mejor película de Hitchcock es porque es la película que más nos dice sobre sí mismo, el director rueda una película sobre un hombre obsesionado con una mujer desaparecida, tanto que modelará a otra a su imagen y semejanza. Hitch había perdido a su actriz favorita, Grace Kelly, por el príncipe Raniero de Mónaco y lo único que quería era encontrar en otra la clase y el encanto de esta. Es lógico que encontrara este guión fascinante, esta historia hablaba sobre él y sus pasiones más bajas. Miren como nos presenta al personaje de Kim Novak, es verdadera poesía, no nos presenta a una mujer, sino a un ideal. Scotty, el protagonista interpretado por James Stewart, se enamora de una representación, la que han preparado expresamente para él. Una mujer fría y glamourosa, un reflejo de otra mujer, la misteriosa Carlota Valdés, de la que se enamora perdidamente. Pero todo es un engaño, alguien ha contratado al personaje de Kim Noval para que se haga pasar por esa mujer y cuando todo pasa y Scotty vuelve a encontrarse con ella se obsesiona por su parecido físico pero no se ve satisfecho hasta que la convierte en el reflejo exacto de su fantasía. Es una muestra de la mente del director, de su obsesivo control por sus actrices, de sus impulsos más primitivos. Es una película en la que durante muchos minutos no se dice nada, es contemplativa y, sin embargo, apasionante, la exhibición absoluta de Hitchcock como director/autor, exorcizando todas sus obsesiones a través del arte.

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