La Reserva Federal decidió mantener los tipos de interés en el rango de 3,50% a 3,75%, optando por una postura prudente ante una inflación que sigue por encima del objetivo y una economía que continúa creciendo con solidez.
Según la autoridad monetaria, el mercado laboral muestra señales de estabilización y el desempleo se mantiene en niveles relativamente bajos, lo que reduce la urgencia de recortar los costes de endeudamiento.
El organismo dirigido por Jerome Powell dejó claro que cualquier ajuste futuro dependerá de la evolución de los datos económicos, sin ofrecer pistas concretas sobre el calendario de posibles recortes.
La reacción de los mercados fue negativa, con caídas en las bolsas y subidas en los rendimientos de los bonos, reflejando la incertidumbre sobre la dirección futura de la política monetaria.
La decisión no fue unánime ya que 2 miembros del Comité votaron a favor de bajar los tipos para aliviar las condiciones financieras. Este desacuerdo refleja el debate entre controlar la inflación o evitar un freno al crecimiento y al empleo, un equilibrio delicado que el banco debe manejar cuidadosamente.
El contexto político añade presión, en un momento en que el actual presidente del banco central se acerca al final de su mandato. Su sucesor, máxima autoridad de la institución, asumirá el cargo en los próximos meses y se espera que los tipos se mantengan sin cambios al menos hasta mitad de año, mientras evalúan cómo afectarán estas decisiones a la economía estadounidense y global.