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El abogado de Madrid Luis Chabaneix salva a una asilada política rusa de ser extraditada

lunes 12 de abril de 2021, 11:00h

“Por los pelos”, pero lo ha conseguido. El abogado Luis Chabaneix, con bufete abierto en el centro de Madrid, ha salvado “in extremis” a una opositora al régimen de Putin de ser extraditada por el Gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de tener el estatus de refugiada y ser asilada política de la Unión Europea, concretamente en Francia, donde vive desde octubre con su hijo, de tan sólo ocho años.

El abogado de Madrid Luis Chabaneix salva a una asilada política rusa de ser extraditada. Le ha salvado probablemente la vida, y lo ha conseguido “in extremis”, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez estaba a punto de embarcarla en un avión a Moscú, donde nada bueno la esperaba. Expertos en extradiciones la consideraban una extradición improcedente a todas luces, porque al tener reconocido el asilo político en Francia, y por tanto en territorio de un estado de la Unión Europea, el gobierno de Vladimir Putin no puede perseguirla, ni apresarla. Pero el gobierno de Sánchez se la iba a servir “en “bandeja” al presidente ruso.

Vladimir Putin puede figurar en el “Libro Guinness de los Récords” por la cantidad de opositores que sufren alguna “desgracia”, o que mueren en “extrañas circunstancias”. O no tan “extrañas”. Como Vladímir Golovliov en 2002. O Serguéi Yushenkov en 2003. O Paul Klébnikov en 2004. O Valentín Tsvetkov, Andréi Kozlov, Anna Politkóvskaya y Natalia Estemírova en 2006. O Borís Nemtsov en 2015. Todos acribillados a balazos por las calles de Moscú, sin que en la mayoría de los casos se haya detenido a los sicarios. Crímenes impunes.

Amenazada gravemente, en lugar de protegida

También ha habido opositores envenenados. Como Yuri Shchekochijin en 2003, intoxicado mortalmente con talio. O Alexánder Litvinenko, envenenado en Londres en 2006. O que sufren “accidentes” en los que, si no han perdido la vida, bien podrían haber muerto. O que “desaparecen”…

O que son encarcelados, como iba a serlo Olga K., con treinta y siete años que cumple en 2021; que es madre de un niño de ocho y que es refugiada y asilada política en Francia desde octubre pasado, con todos los reconocimientos legales y la protección que la Unión Europea le debe a ella y a cualquier otra persona en las mismas circunstancias, con todos los reconocimientos y “bendiciones” legales.

El “crimen” de Olga

Si Olga mercería protección legal en Francia, ¿por qué el Gobierno de España quería extraditarla? La respuesta es tan simple como digna del checoslovaco y difunto Franz Kafka: por haber venido a nuestro país.

En mala hora se le ocurrió obsequiarse con un viaje a España. Los refugiados y asilados políticos no pueden salir del país que les otorga tal condición y les acoge. Si Olga lo sabía o no es algo que sólo sabrá ella su abogado Luis Chabeneix. Pero este “despiste” o, como mucho, esta “falta” no merecía en justicia ser castigada con tan terrible destino: el de su extradición.

Olga llegó a un hotel ignorando que Vladimir Putin había lanzado la orden de su busca y captura a la Interpol, con una denuncia que tenía toda la pinta de ser falsa: posesión de drogas. Una denuncia que, aunque estuviera fundada en indicios reales no podía tratarse contra ella por su condición de refugiada y asilada en territorio de la UE. Sin embargo, al identificarse para hospedarse en un hotel, ya en España, saltaron todas las alarmas.

Luis Chabaneix, un abogado experto

Es entonces cuando Olga recurre a Luis Chabaneix, un abogado con bufete abierto en Madrid con mucha fama por su especialización en la asistencia letrada en casos de extradición, deportación, etcétera, amén de otros tan famosos como la “trama Púnica”, el “caso Al Assad”, la “Operación Nafta”, el “Caso Publiolimpia” (el “Madoff” catalán) y otros muchos que ha culminado con éxito.

El de Olga K. ha sido para Chabaneix un “caso de éxito” más, de la ya larga lista que tiene en su haber. Pero que nadie se confunda, porque este abogado trata a cada uno de sus defendidos como si la vida le fuera en ello. Y Olga ha estado a punto de verse en esta aterradora tesitura.

Olga K. había participado en 2012 en el “Proyecto gulag.net”, una plataforma de denuncia de torturas y abusos en las cárceles de Putin, donde es más fácil entrar como recluso de lo que cualquier occidental pueda sospechar. Una mirada, una locura, una conversación indebidamente (¿accidentalmente?, ¿ilegalmente?) escuchada por otros, o simplemente estar en el lugar equivocado en el momento inoportuno puede acabar con la libertad de cualquiera “sine die”, o con su integridad física. Y de los derechos humanos, para qué hablar.

El calvario de Olga

Vladimir Osechkine, creador de gulag.net, denunció desde esta plataforma varios escándalos de corrupción y pronunció un polémico discurso ante la Duma, el parlamento ruso. Sería su última intervención, pues fue acusado de traidor. En 2015 huyó de Rusia y se refugió en Francia. En ese preciso instante comenzó la pesadilla para Olga, sometida a múltiples interrogatorios en la Dirección de Servicios para Controlar y Verificar las Actuaciones de los Defensores de los Derechos Humanos, del FSB.

Como Olga se negó a formar acusaciones y declaraciones falsas que incriminaban a otros opositores, los funcionarios policiales la acusaron de poseer drogas. Era febrero de 2016. Estaba embarazada, pero los llamados “funcionarios” la torturaron. Fue incomunicada, sufrió un aborto y se enfrentó a una condena de diez años de prisión.

“Temí por mi vida, la de mi marido y la de mi hijo pequeño y decidí huir de Rusia. Llegué a Francia en febrero de 2017. En abril solicité el asilo político y a principios de 2018, la Oficina de Protección me otorgó el estatus de refugiada”, explicó Olga a la juez española María Tardón, titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional.

Olga suplicaba que la dejasen marchar: “si me extraditan a Rusia, sin duda me encarcelarán para neutralizarme políticamente y en prisión, volverán a someterme a tortura y tratos inhumanos hasta arrancarme las calumnias que deseen contra mis compañeros de gulagu.net”, declaró.

Como hemos dicho, el letrado Luis Chabaneix actuó en todo momento de la defensa de Olga como si la vida de su defendida (incluso la suya propia) le fuera en ello. Se trasladó a Lyon, Francia, para demostrar ante Interpol, “in situ”, que las pretensiones del tenido y todopoderoso Putin (que acaba de reformar las leyes rusas para perpetuarse en el poder) eran, son, totalmente infundadas y ajenas a cualquier ordenamiento legal europeo. Gracias a su denodado tesón, ha salvado la vida de una opositora, de una madre de un niño y de alguien que quiere un futuro mejor, libre y democrático para su país.
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