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'El burkini es sexista, pero prohibir a las mujeres usarlo no es menos dictatorial'

"El burkini es sexista, pero prohibir a las mujeres usarlo no es menos dictatorial"

jueves 01 de septiembre de 2016, 12:11h
Los sangrientos y crueles ataques perpetrados por grupos terroristas como el Estado Islámico, han desatado una oleada de tensión y miedo en una Europa, que mira con desconfianza a la comunidad musulmana, pese a que esta sufre con igual o mayor crudeza las consecuencias de ese terrorismo. Esta desconfianza se ha materializado en una nueva polémica, a costa del ‘burkini’, una prenda de baño similar al burka, que cubre a las mujeres de la cabeza a los pies. La polémica se originó en Francia, y es que varios municipios galos decidieron prohibir su uso en las playas públicas, y pese a que el Consejo de Estado francés y la ONU han ordenado que se suspenda esta prohibición, el debate sobre el uso de esta prenda continúa en el aire. Ante esta cuestionada prohibición, la organización feminista FEMEN ha manifestado su desacuerdo mediante un artículo titulado ‘El burkini es sexista, pero prohibir a las mujeres usarlo no es menos dictatorial’.

El artículo escrito por la cofundadora de FEMEN, Inna Shevchenko, explica que la forma de combatir el fundamentalismo islámico no es la prohibición del uso del burkini. “Prohibir a las mujeres usar cierto tipo de ropa para una actividad privada como bañarse o nadar, incluso aunque esa ropa represente una idea radical, no es un acto laico, sino dictatorial. Esa decisión es un reflejo de los regímenes teocráticos del Islam, esa ‘policía moral’, que patrulla las calles asegurándose de que las mujeres siguen los códigos de vestimenta impuestos”.

Shevchenko reconoce que existe una ideología detrás de esas prendas de ropa, y considera que el error de prohibir el uso del burkini reside precisamente en que “no se puede prohibir una idea o un modo de pensar”. Responder a las ideas fundamentalistas con leyes y prohibiciones no ayuda al progreso o evolución del laicismo y la unidad de la sociedad, y sólo consiguen reforzar la mentalidad de la derecha que sólo busca crear divisiones”.

Pese a mostrarse contraria al código religioso que impone una forma de vestir a las mujeres, Shevchenko insiste en que la prohibición no es la solución. “La ropa que viste cada uno en su vida privada, en las calles o en las playas, no puede convertirse en un asunto de Estado. Por eso, pese a mi odio feminista al burka, creo que la prohibición de usar el burkini en Francia es un error. Estoy segura de que las ideas sólo pueden combatirse y ser destruidas con ideas, no con prohibiciones dictatoriales”.

La co fundadora de FEMEN considera que Francia, “un país con una profunda tradición laica”, ha logrado avances en la integración social de la comunidad musulmana mediante “la prohibición por ley del uso de símbolos religiosos en colegios e instituciones públicas, que han demostrado resultados positivos en la integración social y educativa entre niños y adultos. El burka y el niqab, así como otras formas de cubrir el rostro, fueron prohibidos en 2004, algo que se ha justificado mediante medidas de seguridad y que no parece haber tenido resultados negativos”.

“No discuto que el burka y el burkini sean símbolos del fundamentalismo islámico, y tampoco estoy de acuerdo con la idea de que las mujeres sean obligadas por ley a cubrir sus rostros y cuerpos en algunos países musulmanes. Históricamente, la idea de que las mujeres oculten sus cuerpos se reforzó en el momento en el que el Islam comenzó a desempeñar un rol en la esfera política, como en Irán después de la revolución de 1979, en Afganistán y Pakistán con los talibanes, y en Egipto con los Hermanos Musulmanes. El Corán defiende que las mujeres deben cubrir su cuerpo, sin embargo no dice nada acerca de cubrir sus cabezas. Por esa razón, el burqa y el burkini no son prendas como las demás, sino un símbolo de la ideología y las políticas del patriarcado religioso, que establece la diferencia social entre hombres y mujeres, y es un modo de ocultar lo que se percibe como vergonzoso y propiedad de un hombre”, expone Shevchenko.

La co fundadora de FEMEN concluye su artículo con una reflexión que anima a participar en debates públicos, “que consigan borrar, a largo plazo, las ideas fundamentalistas de nuestras mentes y liberen nuestros cuerpos de ‘la ropa de la vergüenza’. No borraremos las ideas radicales de las calles prohibiéndolas, sino llevando a cabo un plan político verdaderamente eficaz, que logre una mejor integración e incluya medidas educativas”.

“No podemos permitirnos usar la misma estrategia que los fundamentalistas en nombre del laicismo y el humanismo, porque tenemos nuestras propias herramientas eficaces. No podemos permitirnos prohibir, castigar o limitar, sino que debemos enseñar, debatir, expandir, intercambiar y compartir. No prohibamos una idea, combatámosla con una idea mejor. El laicismo es una idea mejor”.

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