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Para leer la pintura

'Lágrimas de cocodrilo': Arte puro

'Lágrimas de cocodrilo': Arte puro

viernes 01 de marzo de 2013, 08:43h
Uno de los momentos emocionantes que proporciona el firmar una columna como ésta, es ése en que una saluda a un nuevo escritor de valía. Hoy es el caso, y Germán Huici, el autor de un libro inteligente y delicioso, Entre miradas. Sobre la pintura, y sobre la manera de mirarla.

Entre miradas, que acaba de publicar la prestigiosa editorial Elba, es un ensayo sorprendente y fuera de moda. Porque reivindica por un lado la pintura, pero por otro, la contemplación, ese momento extático y fascinado en que la imagen se impone al que mira, con todo su misterio, y le arranca del tiempo. Eso que llamamos placer estético: en realidad, y con todas sus variantes, placer a secas. Y lo reivindica en diez capítulos, que arrancan de diez cuadros de la pintura universal puestos en relación con, al menos, otros diez, y sabiendo que la suya no es una contemplación inocente, sino cargada de referencias, de una cultura apabullante -Germán Huici nació en agosto de 1981!!!. Referencias a la historia del arte, claro ( y la propia selección de los cuadros protagonistas es muy sugerente en sus saltos temporales), pero también a la filosofía, la literatura, la antropología, la fotografía, el cine.... Parecería que también el ensayo se coloca fuera del tiempo, porque desde el presente de la contemplación es desde donde escribe Germán. Y todo, a partir de una crítica fundamental a la posmodernidad: esa predominancia del discurso teórico, del texto y el comentario, sobre la propia imagen, predominancia que consagran las instituciones, los museos, las actuales academias. Y, sobre todo, los propios artistas, las propias "obras de arte" actuales.

No se me asusten: me parece que es mucho más abstrusa esta explicación mía que la prosa de German Huici, en la que todo parece discurrir con una naturalidad ejemplar. Con un estilo voluntariamente sencillo, que también contesta tanto fárrago al uso, sabe contarnos la sorpresa y desmenuzarnos las emociones, como manera de acercarnos a lo que pasa en el cuadro, al misterio del arte. Y poner todo eso en relación con la rabiosa cultura presente. Unas ilustraciones pequeñitas y en blanco y negro servirán de recordatorios para los despistados como yo. Muchas veces, muchas, sus reflexiones nos recordarán y aclararán aquel momento en que el lector, también, se plantó enfrente del cuadro y se dejó secuestrar por él. Y siempre, esas intuiciones magníficas, esa reflexión en profundidad, que me parece una aportación fundada y nada pretenciosa a la estética contemporánea.

Bueno, de casta le viene. Germán es hijo de Fernando Huici y de María Escribano, escritores los dos, críticos de arte. Yo le he visto crecer. Así que no voy a pretender que mi lectura sea desapasionada, pero es veraz. El libro es una gozada. Y ver realizarse a los hijos, uno de los pocos placeres nuevos que nos depara la edad.

Digo esto, porque mis maestros me enseñaron que el crítico debe hacer expreso su punto de partida, única garantía -además de la confianza que convoque su propia trayectoria- de la veracidad de sus juicios.

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