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Oreja para el herido y para Ángel Olmo y Álvaro Lorenzo

Feria de Albacete: casta de toros y toreros, con grave percance de Filiberto

martes 10 de septiembre de 2013, 08:46h
Novillos de PEDRÉS, con gran trapío, encastados -con 4º y 6º desarrollando peligro-, más flojos y nobles los tres primeros. ÁNGEL OLMO: oreja tras aviso; silencio tras aviso. FILIBERTO: oreja; vuelta que da la cuadrilla tras ser cogido por el 5º, al que mató Olmo. ÁLVARO LORENZO: palmas; oreja. Plaza de toros de Albacete, 9 de septiembre. 2ª de Feria. Más de dos tercios de entrada. Incidencias: Filiberto sufrió herida inciso contusa de 25 centímetros en el tercio superior de la cara interna del muslo izquierdo a dos centímetros del pliegue inguinal. Afecta piel, tejido subcutáneo, fascia muscular y produce sección del músculo abductor mediano en un trayecto de 12 centímetros. Pronóstico menos grave.
  • Filiberto es trasladado a la enfermería

    Filiberto es trasladado a la enfermería
    Efe

  • Cogida del novillero por el segundo de su lote

    Cogida del novillero por el segundo de su lote
    Efe

La casta. ¡Ay, la casta! La que da máxima pureza e interés a la Fiesta. La que provoca triunfos y percances. ¡Ay, la casta! La que festoneó en el encierro, extraordinario de trapío también, del matador de toros local, figura en los 60 y 70, Pedro Martínez 'Pedrés', del que se cumplían seis décadas exactas del debú en su tierra de Albacete.La que ofrecieron en diversa gradación los tres coletudos, jóvenes novilleros, que con su entrega máxima y sus armas táuricas, a pesar de su bisoñez, embebieron no sólo a los bicornes, sino también las miradas de todos los espectadores.

Las miradas en el ruedo y el corazón oprimido por lo que acontecía sobre la arena, la esencia de la Fiesta: reses agresivas y hombres valientes burlándoles más o menos con las telas. El que más se acercó a la pureza del toreo fue Filiberto, un calasparreño criado en la Escuela Taurina de Albacete, que sobre el temple y la ligazón juega las muñecas con clasicismo y aroma de torero grande. Cual demostró frente a sus dos bicornazos, arrancando una oreja de su primer burel -hubieran sido dos, de acertar con los aceros-, que iba y venía con entrega, sí, pero también con la cara alta, defecto que supo corregir.

Pureza y testosterona

Y por ese camino de santa y olorosa pureza iba en la faena al quinto, cuando le dejó un pequeño hueco entre flámula y taleguilla, y el burel se lo echó a los lomos, y, claro, le corneó, aunque de menor gravedad de lo que nos temíamos todos por lo espectacular de la cogida. ¡Ay, la casta! Semejantes fueron los intentos del local Ángel Olmo, otro buen producto de la Escuela de la tierra, aunque con menor experiencia que su compañero de pupitre y paseíllo, lo que no le impidió apuntar detalles de bella ortodoxia en el que abrió festejo, y salvar con gallardía el peligro del cuarto.

Un lote similar tuvo el toledano Álvaro Lorenzo, quien no redondeó ante el tercero porque el animal acusó flojera y se defendía, noblemente, eso sí. Pero se jugó la vida, en sentido literal, con el fiero que cerró función en un derroche de testosterona y valor, bien entendido por la exigente pero sabia afición manchega, que le premió justamente con un trofeo. ¡Ay, la casta! Bueno, no sólo ella, también el trapío de los novillos. Que me temo -y lo escribo por adelantado al festejo; vamos, que me la juego- sea mayor que los toros de Daniel Ruiz que se han traído para la tarde de este martes El Juli y Perera. ¿Se apuestan algo?
 
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