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El suave pero duro discurrir de la vida en 'Otoño en Familia' de nuevo en escena

El suave pero duro discurrir de la vida en 'Otoño en Familia' de nuevo en escena

martes 20 de enero de 2015, 17:55h

Ocurre en todas las familias (en la suya, en la mía...), pero todos creemos que nuestra historia es excepcionalmente singular. No es así. Los dramas cotidianos discurren como un río en la meseta: suaves, lentos, pero inexorables porque, lo quieran o no, van a dar a la mar, como dijo el poeta. Algo parecido ocurre en este 'Otoño en familia' que la compañía Martes Teatro viene representando todos los sábados, desde hace ya algunas semanas, en su sede de  la calle  Moratines. La historia es muy simple: tres hermanas, de carácter  muy distinto, se reúnen en la casa de su madre por una circunstancia  dramática y excepcional, la espera de la muerte de su padre, que está afectado por una grave e irreversible  enfermedad. Es otoño, el suave sol de la tarde inunda de luz el jardín de la familia y allí, entre  copitas de vino y sorbo y sorbo de café, van desvelándose las personalidades de las tres hermanas y su madre. Lo importante aquí, como en la vida, no es lo aparente sino lo profundo, lo que está dentro de cada uno de los personajes (es decir, de nosotros mismos), lo que de verdad  se esconde tras la apariencia.

El dolor, la desesperanza, la sinrazón, las diferencias en la forma de  contemplar la vida, el retorno a la infancia, como único y verdadero paraíso personal, aparecen aquí plasmados con la sencillez y la luz  de quien sabe ver lo verdaderamente importante de una vida que, a pesar de todo, merece la pena ser vivida. Manuel Galiana dirige    el montaje.  Ya le rondaba la idea de rescatar la versión de la obra del británico James Saunders que, en su día, descubrió su amigo  y colega  Adolfo Marsillach, precisamente sentado a la mesa de un café parisino.

El mismo Marsillach explicaba así esta circunstancia en el programa de mano de la obra que -no sin denodado esfuerzo-, logró llevar a las tablas, y   con Carmen de la Maza en cabecera de cartel: "El año 1988 estaba yo en París derribado sobre una silla de un café de St. Germain des Prés leyendo la cartelera teatral de algún periódico, cuando descubrí que en el Théàtre La Bruyère representaban una obra de James Saunders, 'Fall', traducida al francés como 'Ce que voit Fox'. Apuré el calvados que había pedido en honor del comisario Maigret, y me fui a verla. El Teatro La Bruyère está en la calle del mismo nombre y es un local tristón tirando a sombrío. No me dejé impresionar por el ambiente. 'Fall' ('Otoño'), me fascinó. Recuerda -y no hay que arrepentirse de la coincidencia- a 'Las tres hermanas' de Chejov: igual desesperanza, la misma minuciosidad dolorosa, idéntico humor lúcido y herido... Una crítica -femenina- inglesa dijo: 'Estoy segura de que muchas gentes que, como yo, no saben cuál es su puesto en la sociedad de hoy, tampoco saben quiénes son y qué vida deberían llevar'".

Pues ya ven, aquel 'Fall' en versión original, pasó a ser 'Ce que voit Fox' y a  'Otoño  en familia' en esta versión de Marsillach que ahora rescata Martes Teatro. En el reparto, por orden de intervención, figuran el propio Manuel Galiana, como Narrador; Alexia Lorrio, en el papel de  Ana;Myriam Gas dando vida a Elena; Pilar Ávila en  Cati y, por último, María José Álamo como la Madre. Tanto vestuario como atrezzo vienen firmados por la propia compañía, MartesTeatro, que también logra una escenografía más que creíble  con ese jardín trasero de una casa modesta pero digna, en la que una mesa, unas sillas y un frondoso jardín lleno de encanto y al que  vienen a refugiarse algunos pajarillos, es el marco idílico para   encajar un drama en el que no hay sangre, ni violencia física, ni abusos de un tirano (salvo que ese tirano sea el mismo tiempo...), pero en donde los secretos, los pensamientos más recónditos, los sinsabores, las rencillas, las pequeñas y grandes envidias y hasta el adulterio tienen un espacio en sus vidas.

Un drama íntimo, de cuatro paredes, cotidiano y de un discurrir  lento, como si el tiempo se hubiera detenido, al modo de las obras de  Antón Pavlovich Chéjov, una de las figuras más destacadas del teatro  escrito en ruso (que, por cierto, no es ruso sino ucraniano, ya que nació en Taganrog (Ucrania)):'Tío Vania' (1899), 'El jardín de los cerezos' (1904). Y, sobre todo, 'Las tres hermanas' (1901), que  ya  citaba Marsillach).

En 'Otoño en familia', Manuel Galiana comienza dando la bienvenida   a los espectadores y, suavemente, casi sin solución de continuidad, adopta su papel de narrador de lo que el espectador va a encontrar   sobre el escenario y va haciendo de enlace entre uno y otro personaje con la naturalidad y la proximidad que le han hecho  acreedor a ser uno de los actores más importantes del teatro español   de  los últimos 50 años.

Pero las actrices que hay sobre el escenario han cogido  estupendamente la senda marcada por su maestro y director porque  en todo momento gesticulan, se mueven o proyectan su voz con la precisión adecuada. No en vano, Galiana aprovecha también la función para anotar -entre intervención e intervención-, y sobre un cuaderno de tapa dura, pequeñas apreciaciones que siempre quedan por pulir, para perfeccionar más aún, y si cabe, la siguiente función. Una verdadera maravilla la de observar al maestro que, otra vez humilde, deja el protagonismo a todas sus actrices a la hora de  recoger el aplauso del público. Un público, por cierto, mayoritariamente femenino el día que acudí a ver una función  verdaderamente recomendable para todos los amantes del teatro. Acaso porque ellas saben ver mejor que "las hojas del otoño seguirán cayendo todos los noviembres y las familias -también todas- las mirarán caer desconcertadas", como terminaba diciendo Marsillach en su presentación. Yo que usted, amigo, tampoco me la perdería: acabará sabiendo mucho más sobre ellas.

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