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'Delirare': desesperanza, soledad y muerte

'Delirare': desesperanza, soledad y muerte

lunes 05 de octubre de 2015, 15:19h
Fernando Soto, director del montaje, partiendo del texto de Cristina, desesperanzador, nihilista, sartriano,… ha despejado de casi todo un escenario, el del Teatro Galileo de Madrid, para que cuatro de los pasajeros del ‘Delirare’ deambulen por cubierta, se entrecrucen, aunque solo sea brevemente, nos cuenten sus historias personales, las que los han llevado hasta allí a intentar gozar durante las 24 horas del día de las mil y una propuestas que suelen concentrarse en este tipo de viajes. La escenografía es mínima: un buque dibujado en el escenario.

En medio, una gran pecera con agua. A la izquierda, cuatro ventiladores con sus luces, en la esquina derecha, una silla alta y un micrófono de pié y al fondo 4 sillas más. La música (ya enlatada o interpretada en directo por Bárbara Bañuelos o Mario Tardón), está presente durante toda la travesía, así como la danza de Paula, que expresa con su movimiento acompasado la ilusión que la mueve. Las luces (azules, rojas o amarillas, según los momentos) crean el ambiente adecuado a las escenas planteadas.

Los actores, y a la vez personajes y viajeros, son Paula Quintana, Daniel Gallardo, Bárbara Bañuelos y Mario Tardón. Aún con la diversión al alcance de la mano durante todo el día, la soledad les persigue, nos persigue a todos, de forma implacable, estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos. El punto de partida lo pone sobre la cubierta del barco Bárbara, la cantante, que en su primera intervención, rompiendo la cuarta pared suelta directamente al público: “¿Recordáis vuestro hogar?, ¿estáis huyendo de algo?”.

Todos viajamos en el ‘Delirare’

Paula es una joven tinerfeña, empleada de una tienda de souvenirs en la isla canaria…, que ha conocido a un joven de Curaçao a través de internet y que se figura que es el hombre de su vida. Acude allí ilusionada para vivir la segunda parte de su existencia… Pero, inopinadamente, tiene un accidente inesperado y acaba ahogándose en la piscina del barco. Daniel es un afamado fotógrafo de catástrofes, ganador del Pulitzer, (“busco la belleza de la desgracia…”), que ya no encuentra ningún sentido a su vida, y ha embarcado con el único objeto de suicidarse (“de encontrar la muerte”, se dice a sí mismo, para dulcificar el inevitable fin…).

Bárbara es la cantante del Venecia Plaza, y ahora del Trasatlántico, lleva ya más de 800 días sin pisar tierra firme, huyendo de sí misma, y tratando de encontrar en las mil y una aventuras diarias de cama el sentido de su existencia… por supuesto, sin encontrarlo. Y, por último, Mario, una persona que pasa, que mira. Ha hecho el crucero ya varias veces. Viaja con su mujer y sus hijos. Desencantado, monótono y aburrido, intenta convencerse a sí mismo de que la sorpresa y la diversión surgen detrás de cada esquina del barco, pero sin poder despegarse del alcohol…

Un texto profundamente nihilista, desesperanzador, determinista. El hombre –vine a decir la dramaturga- viene solo al mundo, y solo va a irse, por muy acompañado, feliz -ilusionadamente feliz- y por muy admirado y triunfador que sea, volverá solo a la tierra (polvo eres…). La ley es inexorable y afecta a todo humano.

Si el texto de ‘La virtud de la torpeza’, abordado también por el tándem Redondo-Soto, que ya comentamos en estas mismas páginas hace unas semanas -http://www.diariocritico.com/noticia/485564/la-virtud-de-la-torpeza-poetica-historia-de-desencuentros-amorosos.html- trataba el tema de la pareja, el desamor, los desencuentros, ahora dan un paso más allá y abordan la misma esencia del ser humano. Un animal cuya inteligencia le ayuda a disfrazar de encanto, música, danza y algarabía lo que, al final, no es sino una tragedia, la existencial, la de buscar un sentido a nuestro paso por este mundo. Mario parece haber dado con la solución: “la mitad de los que se asoman a la barandilla se quieren tirar, y la otra mitad quieren empujarlos”.

‘Delirare’, de Cristina Redondo
Dirigida por Fernando Soto
Interpretada por Paula Quintana, Daniel Gallardo, Bárbara Bañuelos y Mario Tardón
Teatro Galileo (Madrid)
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