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'Los caciques', de Carlos Arniches, actualizada por Ángel Fernández Montesinos, un estudio antropológico de la corrupción en España

'Los caciques', de Carlos Arniches, actualizada por Ángel Fernández Montesinos, un estudio antropológico de la corrupción en España

jueves 29 de octubre de 2015, 16:38h
Carlos Arniches criticaba la sociedad de principios del siglo pasado en ‘Los caciques’, una obra que se estrenó en 1920 en el Teatro de la Comedia de Madrid, ambientada en una ciudad imaginaria con un alcalde corrupto. Hoy, a solo unos años de cumplirse un siglo del estreno de la obra de Arniches, Ángel Fernández Montesinos y Juanjo Seoane han adaptado la obra del comediógrafo madrileño, manteniendo lo esencial, pero reduciendo los 23 personajes originales a los 9 actuales, sin que por ello la comedia haya perdido nada de su intención crítica, ni de su acidez y gracia. La obra, dirigida por Fernández Montesinos, puede verse en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional hasta el próximo 22 de noviembre.
Fernández Montesinos ya montó esta misma obra en 2001, y había sido llevada ya también antes al María Guerrero en 1962 y 1972 con dirección de José Luis Alonso y escenografía y vestuario de Antonio Mingote.

Todo sucede en España, en una ciudad de provincias, en la que un partido político con su alcalde a la cabeza (“la ley es una cosa que me permite poner multas”), lleva ya más de treinta años gobernando y, por supuesto, sobre la base del compadreo, la prebenda y el amiguismo. Vamos, lo que desde el siglo XIX en España se ha llamado caciquismo. Y allá donde fija sus raíces uno de estos personajes, la corrupción va inevitablemente unida a él. Y esta última, al enchufismo, la prevaricación, los sobornos, las quitas.

El consistorio espera la llegada inmediata de un inspector del Gobierno con el objeto de analizar las cuentas de los últimos años, pero el alcalde no teme al inspector porque, probablemente, será tan fácilmente corromplible como todo el mundo. Pero quienes llegan a la ciudad son un sobrino y un tío con el ánimo de pedir la mano de la sobrina del alcalde y este confunde al tío con el inspector de Hacienda que se espera en el Ayuntamiento para revisar las cuentas, y esa circunstancia lleva la acción de la comedia a todo tipo de hilarantes e inesperados malentendidos.

La comedia de enredo que estrenara Carlos Arniches a principios del siglo pasado, y que basa en el humor su ácida crítica social, puede trasladarse casi punto por punto a la situación actual que hoy vemos a diario en los informativos y que se reproduce fielmente en organismos e instituciones (ayuntamientos y partidos políticos incluidos) en nuestro país. Por eso, los espectadores -ya sean jóvenes, maduros o ancianos, que de todo vimos en la platea del María Guerrero- encuentran sin dificultad alguna un claro paralelismo entre lo que ven en escena y lo que sucede en la calle, en su pueblo, en su ciudad, en su comunidad autónoma. Con todo, Ángel Fernández Montesinos, el director del montaje, subraya notoriamente que “...Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Decano

Fernández Montesinos, que lleva ya ejerciendo como director de escena desde que en 1959 estrenara su primera obra en Madrid, no ha hecho concesión alguna a gestos o connotaciones vanguardistas en su montaje, aunque ha incluido algunos toques de modernidad para acercar la acción al espectador de nuestros días: una pantalla gigante sobre la que se proyectan imágenes y fotografías, alusiones a discos duros donde están alojadas las cuentas del ayuntamiento y un ordenador portátil en cuya tapa aparece un escudo con la prepotente leyenda “dictum factum” (la misma que, por cierto, aparece también en las sillas del despacho del alcalde y en la pantalla).

El aspecto más llamativo del montaje -consciente y deliberadamente buscado por el director- es la inusual claridad en la dicción de los actores. Todos ellos hablan y pronuncian muy bien y con la cadencia necesaria para que no se pierda ni una sola palabra de cuanto se dice en escena. En el reparto hay mezcla de actores veteranos y menos veteranos, aunque el peso de la obra recae en los primeros: Marisol Ayuso (Adela); Juan Calot (que hace un estupendo alcalde); Fernando Conde (graciosísimo José Ojeda) y Juan Jesús Valverde (Don Gonzalo, el celoso y machista esposo de Adela). Y junto a ellos, Víctor Anciones, Óscar Hernández, Alejandro Navamuel, Elena Román y Raúl Sanz.

La escenografía, muy limpia y de un gusto exquisito, ha sido concebida por Alfonso Barajas, que se ocupa también del vestuario. Presenta el escenario inicialmente desnudo, con una pantalla donde se van proyectando breves noticias de una cadena de televisión, y apareciendo fotos de la provincia, bosques, naturaleza, pájaros y playa,… Luego se irá transformando cuando la acción se traslada al despacho del alcalde en el ayuntamiento o a la lujosa habitación que el consistorio paga a los ‘falsos inspectores’ para ganar su voluntad (chaises longe tapizadas en rojo y con los brazos pintados en oro).

El mobiliario del despacho aparece y desaparece de escena, ocultándose en los bajos del escenario. Álvaro Luna es el encargado de la ilustración de vídeo y fotografía. El espacio sonoro está dominado, especialmente, por un pasodoble que suena en las transiciones de los actos que remarca la identidad y el origen geográfico de cuanto sucede en escena. Por último, la iluminación es responsabilidad de Carlos Alzueta.

Pinchando aquí puedes ver un tráiler de la función: https://www.youtube.com/watch?v=MYmU0LMiNCY

‘Los caciques’, de Carlos Arniches (en versión actualizada de Juanjo Seoane / Ángel Fernández Montesinos)

Dirección: Ángel Fernández Montesinos

Teatro María Guerrero

Hasta el 22 de noviembre de 2015
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