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Unámonos, que estamos 'En manos del enemigo'

Unámonos, que estamos 'En manos del enemigo'

miércoles 11 de noviembre de 2015, 16:03h
La adversidad, la desgracia, hace extraños compañeros de viaje. Ser diferente -de otra raza, de otra nacionalidad, por ejemplo-, no está muy bien visto ni en esta, ni en ninguna sociedad acomodada. Al distinto, al diferente -pero también al individualista, al independiente-le surgen siempre al paso los gudaris del convencionalismo, los fanáticos de la interpretación textual de la ley y, lo quieran o no, el camino personal de los que, aún en contra de su voluntad, se ven obligados a transitar por los aledaños de lo legalmente marcado, está lleno de sorpresas y adversidades. Algo de eso sucede en la última obra del Premio Nacional de Dramaturgia, José Luis Alonso de Santos, ‘En manos del enemigo’, que estos días se está representando en el Teatro Galileo de Madrid.

Alonso de Santos, vallisoletano, pero afincado en Madrid, director y dramaturgo, cuyo teatro se ha nutrido siempre del humor y de unos personajes que no acaban de adaptarse a las grandes ciudades, ni a la sociedad de consumo, han venido siendo comedias urbanas que podrían encuadrarse dentro del ‘nuevo sainete madrileño’. Recordemos, por ejemplo, La estanquera de Vallecas (1981, estreno en el Gayo Vallecano), Bajarse al moro, llevadas ambas al cine, y Álbum familiar (estrenada en 1982 por el Centro Dramático Nacional en el teatro María Guerrero).

‘En manos del enemigo’, sin embargo, se desarrolla en una ciudad costera española, que bien podría ser cualquiera de la costa andaluza o levantina. Inspirada en un relato corto de Máximo Gorki, y dirigida por Fernando Soto, la obra narra el encuentro fortuito entre dos hombres, Checa (Paco Manzanedo), un ruso afincado en España desde hace años y Mustafá (Ahmed Younoussi), recién llegado a la península en patera desde el norte de África. Checa y Mustafá son dos perdedores, dos de esos hombres que la sociedad actual ha llevado fuera de su lugar de origen en busca de un futuro mejor que, al final, se ha convertido en un presente desgraciado en el que se ven obligados a buscarse la vida por esa mala costumbre del hombre de tener que comer todos los días, dar de comer a su familia y tener que cobijarse a diario bajo un techo huyendo de la intemperie. El primero, Checa, tiene una barca con la que trapichea de vez en cuando con sustancias ilegales ya que la pesca se hace imposible en los últimos tiempos. Mustafá, inmigrante sin papeles, se refugia un día a dormir en la barca del ruso, bajo la lona que la cubre. A partir de ese encuentro fortuito, el espectador va conociendo el pasado de ambos personajes y los motivos que les han llevado hasta allí.

El drama de la inmigración

A pesar de que ese encuentro se produce en un entorno hostil (tráfico de drogas, persecuciones de la policía, dramas familiares y personales…), el humor que recorre la obra hace mucho más amable el encuentro, a pesar de que lo que está en juego es la vida de los dos protagonistas.

La aceptación del otro, del diferente, la lucha por la vida, el odio por el advenedizo o la ayuda del que se encuentra en tu misma situación son algunos de los temas que Alonso de Santos saca a flote en esta obra de muy corta duración -unos 50 minutos- en donde, además, transitan dos personajes más, encarnados por Dani Gallardo y Miguel Barderas, dos policías corruptos que tratan de sacar tajada de la situación que atraviesan los inmigrantes no regularizados.

Paco Manzanedo y Ahmed Younoussi construyen a dos personajes íntegros, llenos de vida y con una fuerza dramática impresionante. Checa es un hombre rudo, algo hosco, acostumbrado a la soledad y curtido ya en mil batallas. Es un superviviente que ha tenido que navegar en una sociedad hostil con la que él se relaciona únicamente lo imprescindible.

Mustafá, por su parte, deja una novia en Marruecos, el país de donde procede y una familia que tiene depositada en él sus esperanzas de cambio de vida… Y como el hambre despierta el ingenio al más pintado, Mustafá ha aprendido pronto que hay que subirse al primer tren que se te cruza, por si ya no vienen más. Ese primer tren en su nueva vida de inmigrante sin papeles, se llama Checa. Y los dos policías, Dani Gallardo y Miguel Barderas (estupendos también en sus papeles), en lugar de facilitar las cosas al inmigrante, optan por aprovecharse de su situación, sin dudar siquiera en usar la violencia para obtener parte del beneficio en las transacciones…

¿A que todo es demasiado verosímil y cotidiano? Alonso de Santos ha sabido encontrar el lenguaje preciso para tratar un drama de nuestros tiempos hasta con cierta comicidad, lo que no es obstáculo para desarrollarlo con la dureza que exige el tema. Y el tratamiento que Fernando Soto ha hecho sobre el escenario, austero, contenido y brillante. La escenografía, de Mónica Boromello, es simple: apenas una barca y un par de remos que, movida por los personajes, lo mismo está en la orilla de la playa, varada hasta su nueva entrada a la mar, o en pleno Mediterráneo, a la búsqueda de un buque, que acude puntual a la cita a buscar la mercancía.

Y tanto el espacio sonoro (el mar, los sonidos de buques y alarmas de las lanchas costeras de la policía) y musical (sobre todo el sonido alegre, nostálgico y esperanzador de una balalaika…), y el diseño de iluminación, de José Luis Ramírez, y de vídeo, a cargo de Bruno Praena, contribuyen a la creación de un espectáculo que, en su conjunto, es verdaderamente admirable y que deja al espectador con la sensación de que el autor quizás aún podría haber profundizado más en la historia.


‘En manos del enemigo’
Texto: José Luis Alonso de Santos
Dirección: Fernando Soto
Reparto: Ahmed Younoussi, Paco Manzanedo, Dani Gallardo y Miguel Barderas
En el Teatro Galileo (Calle de Galileo, 39, Madrid), hasta el 15 de noviembre de 2015. Jueves, viernes y sábados a las 20:00 horas. Domingos a las 19:00.
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