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Natural de Talavante a su segundo toro.
Natural de Talavante a su segundo toro. (Foto: Luis Checa)

Colmenar: faenón de Talavante, a hombros con López Simón ante una 'novillada'

lunes 29 de agosto de 2016, 23:13h
La Feria de la otrora plaza torista de Colmenar Viejo se cerró con una de triunfalismo, merced a un creativo Talavante, con una gran faena ante el quinto, y un entregado y clásico López Simón, pero ante un encierro de Jandilla-Vegahermosa bochornosamente anovillado y sin fuerzas con el que se simuló la suerte de varas y con el que Castella anduvo muy vulgar

Ya se sabe que de dinero y santidad, la mitad de la mitad. Pues, de gran toreo y triunfo, idem eadem idem. Porque lo que aportaron en una tarde entretenida, que cerraba el abono colmenareño, Alejandro Talavante y López Simón, se devalúa por el escaso trapío de sus bicornes -de sospechosas astas, además- unido a un comportamiento chochón y blando alejado de lo que debe ser un toro de lidia. Eso restó emoción al festejo, aunque en el mismo se vieran fases de alto calibre artístico por parte de ambos espadas.

En mayor grado con el extremeño que, fiel a su idea de esta campaña, echó mano de su prodigiosa imaginación para crear sendas faenas inspiradas y variadas. Sobre todo la del quinto, único codicioso del encierro, con el que se lució al natural y en redondo, en series abrochadas con diversidad de remates que improvisaba antes de un espadazo fulminante -a diferencia de su fallo en su anterior enemigo- que le valieron dos justas orejas y una excesiva vuelta al ruedo para el animalillo. Hace eso con un toro de verdad y se desconcatenan los astros.

Las dos labores de López Simón, que brindó su primer enemigo a la viuda de Víctor Barrio -a cuya fundación regaló sus honorarios-, también fueron similares entre sí, aunque les faltó la magia 'talavantista'. No obstante, el madrileño apostó por el clasicismo y el relajo con temple, ligazón y hasta desmayo ante sus novillos. No había muchos pañuelos tras marrar con el descabello ante el tercero de la tarde, pero el usía sí sacó el suyo, como volvió a repetir, ya con justicioa y justeza, a la muerte del otro.

Lo de Castella fue otro cantar. Un cantar desafinado, en mayor medida con el que abrió función, al que lidió o lo que fuera aquello de trapazo en trapazo hasta el desarme final. El cuarto era el más moribundo del encierro -que tiene mérito-, y el francés anduvo por allá y acullá, siempre periférico y sin interesar mucho al cotarro, logrando la elegancia social del regalo orejil desde el palco, sin fuste ni razón ni petición ni 'na' de 'na'.

Toros de JANDILLA y VEGAHERMOSA (3º y 5º bis al ser devuelto el titular por cojo): sin trapío ni fuerzas y escasamente ofensivos; mansos, excepto el encastado 5º, aunque nobles y manejables. SEBASTIÁN CASTELLA: silencio tras aviso; oreja. ALEJANDRO TALAVANTE: ovación tras petición; dos orejas. LÓPEZ SIMÓN: oreja; oreja. Plaza de La Corredera, Colmenar Viejo, 29 de agosto. 3ª y última de Feria. Tres cuartos de entrada.

- CRÓNICA DEL FESTEJO ANTERIOR

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