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Las personas de ayer y de hoy

Las personas de ayer y de hoy
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miércoles 16 de mayo de 2018, 11:09h

Pasan los años y los días y parece que seguimos en una etapa de transición constante. Una transición de lo de antes, a lo de ahora; de lo de siempre, a lo de ahora y lo de ahora casi siempre parece que es peor, sobre todo si quien lo dice pertenece a ese antes. Pero hay intención y eso es lo que cuenta, esa intención que se ve en las calles, en las tiendas eróticas de Madrid y en los bares, incluso en las famosas tascas de siempre.

Sí, se ha leído bien, en las tiendas eróticas de Madrid, pero seguramente también en las de otras grandes ciudades. En pleno siglo XXI el sexo tiene que dejar de ser un tabú, el que se hace con la pareja y el que se practica una persona a sí misma.

Su naturalización no pasa por que se practique por la calle alegremente, si no que la tela de la vergüenza o la culpa, sobre todo en las mujeres, se caiga. Se caiga y por fin dé paso a algo menos hipócrita y más real.

Y en esas tiendas eróticas claro que se encuentran cosas sexys y juegos y juguetes sexuales de esos que siempre creímos casi prohibidos, pero también otros muchos objetos para fomentar el placer que no son ni grotescos, ni de cuero, ni de enfermera (algo ya bastante antiguo).

Al final no es por algo personal, es por ese halo del famoso qué dirán. ¿Qué dirán quiénes? Que digan. Una vuelta por Lavapiés, otra vuelta por Chueca, por Malasaña y se comprueba que las tiendas eróticas se han integrado completamente en la ciudad dejando a un lado los grandes espejos con sus espejismos (todavía resisten fielmente algunas) y creando un nuevo concepto: sexo natural, como la vida misma, como tomarse un café, un zumo o comprarse una camiseta.

Comprarse un vibrador como comprarse una camiseta. Ese es el concepto. Y nadie tiene que cuestionar nada y menos en un momento como en el que vivimos, que se presume de palabras como libertad y capacidad de elegir.

Capacidad de elegir sí, pero elige bien. Ese Pepito Grillo que nos sigue a todas partes encima de nuestro hombro izquierdo, para lo bueno y para lo malo. No hay que abandonar a Pepito Grillo como hizo Pinocho, pero sí no escuchar cuando sus inseguridades y miedos sin fundamento aparente hablan por él y, por su culpa, nos bloqueamos, nos paramos y no sabemos cómo continuaba la canción.

¿Qué canción? La que sea. En teoría podemos cantar lo que queramos cuando queramos, como siempre. No obviamente en medio de una biblioteca, o un acto público, pero si vamos por la calle y nos arrancamos con una de quién sea, no hay que taparse con la tela de la vergüenza o la culpa. Cantar (desafinando) es natural. Como es natural tener sexo. Como es natural estar con nervios antes de un examen, antes de una prueba médica o triste en un funeral. Los de antes se escondían, los de ahora un poco…no esperemos a los de mañana.

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