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'El ángel exterminador' y los nuevos náufragos de la calle Providencia

'El ángel exterminador' y los nuevos náufragos de la calle Providencia

sábado 20 de enero de 2018, 12:24h

Blanca Portillo acaba de presentar como directora de escena la versión teatral de ‘El ángel exterminador’, la críptica y genial película que Luis Buñuel (1900-1983 estrenara en 1962. La versión teatral la firma Fernando Sansegundo y cuenta en escena con 20 actores que, durante dos horas de representación, recrean la ficción imaginada por el director aragonés, pero a solo unos metros de la mirada del público que, como los personajes, se ve encerrado también en el interior de un palacete, del que no puede salir, aunque, aparentemente, nada lo impide.

La propuesta ha sido llevada a las tablas del Teatro Español de Madrid en lo que es la producción más ambiciosa del teatro municipal en esta temporada y desde que Carme Portaceli asumiera la dirección, después de que su antecesor, Juan Carlos Pérez de la Fuente fuera destituido como responsable del mismo por motivos nunca bien explicados por el Ayuntamiento madrileño. Esa destitución, por cierto, fue llevada a cabo muy poco después del estreno de su versión de Numancia, un montaje muy discutido en ciertos círculos por su alto coste de producción. Un coste al que, probablemente, tenga muy poco que envidiar ‘El ángel exterminador’ que acaba de estrenarse.

Buñuel, una de las figuras más geniales que ha dado la historia del cine universal, presentó en 1961 su Viridiana, que obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes, a pesar de que la película fue prohibida por la censura franquista. Un año después dirigió El ángel exterminador, un film lleno de un humor absurdo y brutal, con un minucioso -casi morboso- análisis casi entomológico de la moral y la represión burguesas, y en el que no se echaba tampoco de menos su obsesión por la religión, el erotismo, la muerte y las miserias humanas. Todos esos temas tienen su origen en el mejor realismo español (Quevedo, la novela picaresca, Goya o Valle-Inclán, entre otros) que en él se combina con una constante óptica surrealista.

Este es el tercer montaje teatral que dirige Portillo, premio Nacional de Teatro en 2012, después de haber llevado a las tablas La avería y Don Juan Tenorio, y la primera vez que se enfrenta al reto de tener que manejar a un número tan alto de personajes, entre los cuales -por cierto- no hay ningún protagonista. Catorce de ellos permanecen prácticamente todo el tiempo en escena, mientras que los otros seis lo hacen de forma discontinua en medio del patio de butacas, intentando ayudar a los encerrados. Imposible destacar a ninguno de ellos que, excelentes profesionales, encarnan a sus personajes con esa crueldad, asfixia y angustia crecientes y colectivas sin que por ello las escenas dejen de estar repletas de un humor ácido, corrosivo y lacerante. A medida que la situación se va complicando, la condición humana de los encerrados va perdiéndose y haciéndose más animal.

Despersonalización

En medio de una imponente escenografía, firmada por Roger Orra, un palacio de nuevo rico donde abunda el mármol, las escaleras…, y ciertos toques surrealistas -una jirafa, dos dálmatas -; una luz verdaderamente deslumbrante, obra de Juan Gómez-Cornejo, que llega a su punto más álgido en ese Te Deum final en el interior de un templo gótico (incienso y botafumeiro incluidos), todos los actores se mueven, hablan, gritan se retuercen o callan con una entrega total: Hugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar, Ramón Ibarra, Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya, Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O'Dogherty, Francesca Piñón, Cristina Plazas, Camilo Rodríguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, Mª Alfonsa Rosso y Raquel Varela.

La versión de Sansegundo y Portillo actualizan tanto la identidad de los personajes (los pequeñoburgueses del film son aquí las élites del poder en nuestros días), como su lenguaje (“casoplón…”, “de puta madre…”) y el espacio físico, que pasa de ser una amplia habitación al interior de un inmenso palacete de la calle Providencia -otro toque surrealista de Buñuel-, donde los integrantes del grupo se refugian, vestidos de etiqueta (el diseño es de Marco Hernández).

Es muy probable que la versión de Portillo sea controvertida, como ya lo fue en su día la propuesta del propio Buñuel, pero el ejercicio que ha llevado a las tablas la actriz y directora es una empresa verdaderamente titánica, cuyo final (decenas y decenas de voces cantan en directo rodeando el patio de butacas), bien merece la atención del público que, sin duda, saldrá impresionado por “El hechizo que produce esa imposibilidad de salir de un recinto que en todo momento permanece abierto”, como escribe la directora en la presentación del montaje.

El ángel exterminador’, de Luis Buñuel

Dirección: Blanca Portillo

Versión: Fernando Sansegundo

Intérpretes: Hugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar, Ramón Ibarra, Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya, Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O'Dogherty, Francesca Piñón, Cristina Plazas, Camilo Rodríguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, Mª Alfonsa Rosso y Raquel Varela

Escenografía: Roger Orra

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Vestuario: Marco Hernández

Sonido: Mariano García

Lucha escénica: Kike Inchausti

Coreografía: Vero Cendoya

Fotografía: Sergio Parra

Ayudante dirección: Carlos Martínez Abarca

Teatro Español, Madrid

Del 18 de enero al 25 de febrero de 2018

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