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'Sea Wall': restos humanos

'Sea Wall': restos humanos

martes 07 de julio de 2020, 08:14h

Simon Stephens firma este texto cuyo montaje ha dirigido Carlos Tuñón y que, pasito a pasito, ha permanecido intermitentemente a lo largo de toda la temporada teatral en La Abadía, unas veces en el jardín y otras en el iglú colocado en la misma zona. En todo caso siempre al atardecer, en ese momento en el que el día va declinando y uno está más predispuesto a la escucha.

Ya asistimos a una de las primeras representaciones de 'Sea Wall', en septiembre de 2019, y volvemos justamente a la última de la temporada, recién acabado el confinamiento, y con el alma abierta a volver a escuchar esa historia íntima, profunda, esencial, dramática y cotidiana de Alex, encarnado con la misma naturalidad que convicción por Nacho Aldeguer. Alex es fotógrafo y lo demuestra incluso antes de comenzar el mismo monólogo regalando al espectador una fotografía personal surgida de la Polaroid que maneja con la destreza del profesional, creando así en un momento de charla personal, de tú a tú, con cada uno de los espectadores, una sensación de relación íntima, personal, casi de amistad espontánea.

En medio del postrer canto de cada día de los pájaros, los gritos de niños que, a sólo unas decenas de metros, juegan y se vengan del agotador encierro de cien días, y de las lejanas voces de transeúntes y vehículos, Alex desgrana sin prisa, pero sin pausa sus relaciones con su mujer, con su hija pequeña y con su suegro, militar retirado que ahora se dedica a dar clases de Matemáticas. La vida, las relaciones familiares, Dios, el azar, las ilusiones, los proyectos, las alegrías y los fracasos del fotógrafo -que, en realidad, son las de todos-, van surgiendo desde la silla situada bajo uno de los árboles -diría que una acacia-, en la que está sentado el personaje, rodeado en semicírculo por unos veinte espectadores que siguen absortos cada una de sus confidencias.

Cada segundo de vida, de cada una de nuestras vidas, es un regalo del que no siempre somos conscientes. Alex se da cuenta de ello súbitamente, por uno de esos reveses que nos trae el destino y que divide la existencia en un antes y un después de ese momento. De pronto, todo lo que tenía sentido deja de tenerlo y vivir se transforma en un dolor inmenso e irremediable. A partir de ese momento ya nada tiene importancia: ni las cervezas fresquitas, ni los paseos frente al mar, ni los partidos de tenis y, si me apuras, ni siquiera Dios. Al menos la idea de Dios. Es ese instante en el que “Hay un agujero atravesándome el centro del estómago” y que nunca podrá volver a llenarse.

Nacho Aldeguer vuelve a vibrar, a estremecerse y estremecer con esa historia íntima y personal que un desconocido fotógrafo necesita sacar de sí y compartirla con el otro, con el semejante, contigo y conmigo. Apostaría a que el montaje regresará tarde o temprano para volver a hacer las delicias de esas decenas de espectadores que, sin duda, seguirán acercándose a escuchar la estremecedora historia del fotógrafo que no tiene más remedio -como cada hijo de vecino-, que encajar el más duro revés que puede proporcionarle la vida.

‘Sea Wall’

Dramaturgia: Simon Stephens

Versión y traducción: Nacho Aldeguer

Asesoría de versión y traducción: Luis Sorolla

Dirección: Carlos Tuñón

Intérprete: Nacho Aldeguer

Diseño gráfico: Daniel Jumillas
Fotografía: Luz Soria
Vídeo: Ales Alcalde
Comunicación y prensa: Josi Cortés
Producción: Bella Batalla
Jefa de producción: Rosel Murillo
Distribución: Fran Ávila
Ayudante de dirección: Mayte Barrera

Teatro de La Abadía, Madrid

3 de julio de 2020

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