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Fandiño y Castaño se estrellaron ante un mal encierro de Adolfo

Natural relajado de Ferrera al cuarto
Natural relajado de Ferrera al cuarto

Feria de Otoño: oreja a la heterodoxia creativa y con poso artístico de Antonio Ferrera

domingo 06 de octubre de 2013, 21:59h
Toros de ADOLFO MARTÍN, bien presentados en general, excepto 2º, mansotes y descastados excepto el codicioso 1º y el nobilísimo 4º. ANTONIO FERRERA: palmas; oreja tras aviso. JAVIER CASTAÑO: silencio; pitos tras aviso. IVÁN FANDIÑO: silencio; silencio. Plaza de Las Ventas. 4ª y última de la Feria de Otoño. Lleno. 
Es la historia de nuestro país. Casi siempre negra. Los heterodoxos no gustan. Aquí manda lo tradicional, lo de siempre: prohibido pensar, prohibido sentirse artista y crear. Y en el casposo planeta táurico, donde la ortodoxia se confunde con el pensamiento único, más todavía. Y, por suerte o desgracia, con el paso del tiempo, el otrora arrebatado Antonio Ferrera va cogiendo peso de coletudo distinto y poso diferencial. Como volvió a expresar sobre el encerado venteño en el cierre del ciclo de Otoño, ganándose una oreja ante un bicorne, el cuarto, que comenzó huyendo despavorido cual morucho y acabó domeñado y dócil ante la flámula creativa del balear-extremeño.

Fue lo único relevante, porque por lo demás, sí que se cumplió esa tradicional frase que no suele fallar: corrida de expectación, corrida de decepción. Fundamentalmente por el nulo juego de los esperado bicornes de Adolfo Martín, triunfador en conjunto de la actual campaña -como, sin ir más lejos, en el pasado ciclo de San Isidro- pero que echó un chafarrinón sobre tan límpida hoja de servicios. Eso sí, trajo una corrida muy en el tipo, pero no embistió y ni siquiera apuntó ese peligro que llega a los tendidos.

Sólo se salvó el que abrió función, mas únicamente en los dos primeros tercios, ya que en la muleta se le acabó la codicia y Ferrera, que banderilleó con verdad y variedad, no alcanzó el triunfo que buscaba con mayor decisión -o al menos eso pareció- que sus compañeros de terna. Pero le llegó con 'Madroñito', de una reata que ha dado otros grandes bureles, incluso bravos y encastados, dos condiciones que no le alumbraban a él. Mas Ferrera, que le persiguió por el ruedo capote en mano para robarle apasionadas verónicas y chicuelinas 'made in Ferrera', supo entenderlo.

Espectacular sin salirse de los cánones

Después montó un número espectacular pero dentro de los cánones con los rehiletes, con dos pares de exposición y un tercero inverosímil por los adentros. Nadie apostaba por faena lucida, pero el bicho sacó nobleza y un Ferrera imaginativo y creativo le fue extrayendo los pases que nacían en su cabeza, quizás sin orden lógico, pero sí con concierto: redondos -uno de ellos absolutamente circular con 'Madoñito' imantado a su muñeca-, naturales, pases de pecho, trincheras, de la firma... siempre con desmayo, relajo y mando. Tras un pinchazo arriba, enterró toda la espada y echó en su esportón una oreja de justicia, a pesar de algunas protestas de algunos puristas.

El relato de todo lo demás sí que, se insiste, sigue la tradición de los festejos en los que tanto se espera, pues lo único brillante fue, como ya es habitual este año, los dos magníficos tercios con los garapuyos de la cuadrilla del arte -David Adalid y Fernando Sánchez-, cuyo jefe se estrelló con la sosería de su lote, aunque tampoco Javier Castaño, gris, echó el resto en imaginación ante ellos. Y Fandiño, tras intentar la pureza con los suyos, como es su línea de actuación, se vio obligado a pasaportarlos sin ninguna otra opción.
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