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María del Pilar Sinués: la primera española en vivir de la escritura
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Sigue mi consejo, no mi ejemplo

martes 15 de diciembre de 2020, 07:00h

Pilar Sinués de Marco (Zaragoza 1835- Madrid 1893) es considerada la primera española en vivir íntegramente de la escritura. Publicó su primera novela -Rosa- con dieciocho añitos y en poco tiempo se transformó en una autora exitosa- de gran repercusión en América Latina- que rebasó el centenar de obras entre artículos, poemarios, cuentos, leyendas, novelas y manuales pedagógicos…Sin duda, una de las personas que más contribuyó en la España isabelina a fortalecer el arquetipo social de hija gentil, esposa obediente y madre abnegada, cuyas virtudes y perfecciones domésticas debían convertir a toda mujer en “el ángel del hogar”. Tan grande fue su aportación doctrinal a este modelo femenino, que entre sus obras figura una titulada precisamente así -el ángel del hogar- y una revista homónima semanal que dirigió entre 1864 y 1869. En el nº 1 decía de las esposas:

Ser grande por el entendimiento y doblegarse a las mil pequeñeces de la vida: dedicarse al culto al hogar, para que este sea el puerto de paz de la familia: saber hacer con perfección los honores de su sala, y cuidar de los detalles de una economía salvadora, es reunir los extremos más difíciles y las más bellas cualidades.

Sinués, además de escritora y directora de una revista, fue también traductora, editora, librera, distribuidora editorial y corresponsal de prensa. ¿De verdad le parece el currículum de alguien dedicado solo al culto al hogar? “Sigue mi consejo, no mi ejemplo”, debió pensar Sinués, capaz de hacer dinero y fama mediante la construcción de un arquetipo social que no encarnaba. Se lo reprochó el feminismo contemporáneo, al que se enfrentó abiertamente. Le tenía ojeriza a Rosario de Acuña y de ella escribió en 1891: “se puede ser libre-pensadora, pero no libre-escritora, ni aun libre- habladora”. Desde Las dominicales del libre pensamiento replicaron que las declaraciones de Sinués eran propias de una ejerciente de libre-escritora y libre-habladora; en resumen: tu vida y doctrina se contradicen, Pilarín.

Toda gloria tiene su contexto y la de Sinués vino a florecer en el del debate sobre la capacidad moral femenina. A partir de 1850 tradicionalistas y liberales están de acuerdo en que el espacio natural de la mujer es el hogar. Pero mientras los primeros opinaban que su educación debía ser la mínima para el cumplimiento del rol de esposa y madre, los segundos sostenían que la maternidad debía ser aprovechada para educar a ciudadanos nuevos, lo cual conllevaba “educar” a la mujer para esta función. Y ahí es donde Pilar Sinués encontró su airoso hueco.

En materia de libertad femenina, catolicismo y liberalismo no actuaron en España como fuerzas irreconciliables; podría decirse que el primero constituyó uno de los rasgos característicos del segundo. Las españolas del XIX siempre estuvieron atadas en corto. No se las instruía ni enseñaba un oficio (más adelante sí, lo justito para ganarse el pan decentemente si quedaban huérfanas o viudas). Lo que se hacía era educarlas, y en este sentido, las autoridades civiles y la Iglesia (que nunca perdió el control de la educación) respaldaron las obras de Sinués, particularmente A la luz de una lámpara y La Ley de Dios.

Fue así que Pilar devino en demiurgo, en forjadora de mujeres virtuosas y maestra de esposas felices. Hizo de la religión y del amor los cimientos del gozo femenino y los legitimadores de su presencia activa (y angelical) en la sociedad, o mejor dicho, en ese lugar intermedio entre la esfera pública y privada, que ahora resultaba ser el hogar. Sucedía que la felicidad de las mujeres y su nuevo papel de educadora no eran factibles si estas no disponían de las cualidades necesarias. Pero allí estaba Pilar Sinués para dar forma y contenido a ese alado proyecto: apacible, fiel, resignada, ahorradora, cuidadora, educadora y buena cristiana. Las obras de Sinués están pobladas de mujeres excelsas (y de desviadas que terminan mal).

Toda gloria tiene su ocaso y este, a veces, se explica por el origen: una jovencísima Sinués, recluida en un convento zaragozano, mantiene noviazgo epistolar con el joven periodista José Marco. Tras la boda se instalan en Madrid y escriben para periódicos y revistas. A la expansión de la fama de ella contribuye la buena relación de ambos con la prensa. Marco la introduce en salones y tertulias de café a los que una mujer puede asistir solo con acompañamiento masculino. Tener marido le permite fundar una editorial (a nombre de él, claro). “Da lecciones a todas”; es educadora de esposas y madres, salvadora de hogares. Ebria de éxito escribe que es “la única persona en España que de verdad se ha ocupado de la educación de las mujeres”. Las lectoras devoran sus libros y las reediciones se suceden (siete del ángel del Hogar). Es una celebridad y un ángel con alas de cera…demasiado cerca del sol. Se comenta que a Marco -que no tiene hijos con ella- le molesta su éxito y también que ella le ha sido infiel. Pudo ser una cosa o la otra, ambas o ninguna. La única certeza es que a cualquier esposa abandonada se la condenaba entonces al ostracismo social. Imagine la crueldad que debió desatarse contra Pilar Sinués.

Desesperada, consigue a través de sus contactos editoriales empleo en París. Cuando el escándalo amaina y retorna a España, se topa con que no ha logrado pagar el crédito para la impresión de sus obras (la ley permitía a los escritores retener la autoría, pero a cambio corrían con los gastos) y al ostracismo social se le terminó sumando la pobreza. Ay, Pilar, criatura errada que para ser libre apoyó la tiranía; que levantó con su pluma un edificio doctrinal que encarcelaba a sus congéneres, que “domesticó” a la literata precoz que un día fue; que escribió sobre las desgracias que aguardaban a las mujeres que se salen del carril. No barruntó que en la escritura subyace un poso de mediumnidad…y en ocasiones, lo que se escribe, acontece.

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