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Stranger Things

> Crítica de la tercera temporada

Vivimos en un mundo de pastiches, 'remakes', secuelas, precuelas y demás, un mundo en el que cuando se presenta a bombo y platillo un nuevo 'remake' de una película, Internet se llena de gente que se quiere morir porque le han cambiado el color de piel a su personaje favorito (si quieres volver a ver la misma película, vuelve a ponerte la original, ¿no?). En este mundo 'Stranger Things' es un filón, no ofrece nada nuevo, sino un batiburrillo de todo ese cine ochentero que tanto ha marcado a una generación (la mía), una generación atrapada en una sensación de nostalgia 'peterpanesca' en la que 'Amanecer Rojo', un bodrio considerable, puede ser considerada a la altura de 'Regreso al futuro', un clásico sin discusión. Bien pues 'Stranger Things 3' entra en esa dicotomía y bucea en esa nostalgia con mayor ahínco si cabe que sus dos primeras entregas.

Aunque no séra hasta el 4 de julio cuando se estrene la tercera temporada de 'Stranger Things', Netflix ha conquistado a los fans con el tráiler de la nueva entrega, en la que queda claro que los protagonistas ya no son niños.

Vistos los primeros cinco episodios de la segunda temporada de Stranger Things se puede decir los hermanos Duffer han decidido seguir jugando sobre seguro y apostar por las cosas que ya les funcionaron en su aclamada primera parte. Esto sigue siendo esa mezcla del Spielberg de E.T. y Los Goonies con un poquito de Stephen King por encima. No van a ganar un premio a la originalidad pero lo siguen haciendo bien y el reparto, principalmente esos increíbles niños, sigue supurando química.

((ATENCIÓN SPOILERS))