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'Réquiem', de la tragedia personal al escenario
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'Réquiem', de la tragedia personal al escenario

sábado 12 de mayo de 2018, 17:55h
Ester Bellver (Rinoceronte, Montenegro, Todos a la una, Protagonizo, Ternura negra…), es una de esas figuras repletas de talento en las tres últimas décadas de la escena española que, como el Guadiana, discurre menos de lo que debiera a cielo abierto, aunque reaparece ahora ante el público madrileño con una pieza que ella misma ha escrito y que dirige e interpreta a la vez: 'Réquiem'. Puede verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 27 de este mismo mes de mayo.

Si Kafka ajustó cuentas con su padre a la muerte de este, como hemos podido ver recientemente en la recreación dramática de Sanchís Sinisterra (https://www.diariocritico.com/teatro/carta-al-padre-critica),nada hay de revanchismo ni de tétrico en la propuesta de Bellver, sino todo lo contrario: humor, vida, poesía, comprensión, sinceridad y hasta empatía con un padre a quien la actriz, dramaturga y directora asistió en los últimos días de su vida. Con él pasó -probablemente-, el periodo más intenso de su vida y precisamente cuando estaba a punto de perderla, cada vez con las fuerzas más escasas, encamado en un hospital y en medio de ese trasiego necesario y constante de enfermeras, médicos y personal de limpieza que preside la estancia de cualquiera en uno de estos centros.

El 'Réquiem' -que en latín quiere decir literalmente 'descanso'-, de Bellver se orienta a la evocación y no al reproche de un padre a quien la artista no llegó a conocer de verdad hasta esos últimos días en el hospital, hablando, recordando, cantando, contando chistes e historietas y, después de muerto, en ese duro pero necesario momento de tener que desprenderse de todos los enseres y ropa -ya inservibles-, del padre ya difunto.

Escribe la actriz en su 'Réquiem' (puede encontrarse el texto en la editorial Esperpento) que "…en las situaciones límite, los seres humanos somos capaces de tener un encuentro muy especial. Para ello es necesario abandonar el papel que a cada uno nos toca cotidianamente representar. Es decir, uno deja en ese lugar de ser quien es, o quien cree ser. Ocurre entonces, que las fronteras entre lo que es uno y otro comienzan a confundirse; la línea entre lo que es dar y recibir se diluye también. El tránsito de mi padre a la muerte me ha proporcionado el encuentro más fuerte que he tenido hasta la fecha con un ser humano". Y la grandeza de espíritu de Ester la ha llevado a compartir ese momento tan íntimo con el público a través de este monólogo -en realidad casi un diálogo permanente con el espectador porque la metateatralidad asoma en muchos momentos-.

Con dolor, con aceptación y, sobre todo, con inmensa ternura, y sentido del humor, Bellver recuerda durante casi hora y media episodios con su padre, con su madre y con su hermana, pero, sobre todo con su padre, episodios vividos que han marcado la existencia de la niña, de la joven y de la mujer que se enfrentó a su lado al último trance de su vida. Los juegos a hacerse cosquillas, los paseos por la Dehesa de la Villa o por la sierra madrileña, la muerte atroz de los seis gatos que tuvo su gata (su padre los estampó uno a uno contra la pared…), el acordeón que recibió su progenitor cuando era niño y que no dejaba a nadie, ni siquiera a sus hijas, y tantas y tantas otras situaciones y recuerdos que Ester fue evocando y anotando en aquellos días de hospital y que han sido el origen de este hermoso montaje, sencillo, directo y de corazón a corazón (primero de hija a padre, y ahora, de la actriz y dramaturga a todos los espectadores).

Vestida con un bodi, a la cintura varias americanas de su padre convenientemente ajustadas con un cinturón, a modo de vaporosa falda, el largo pelo recogido en una trenza, que enlaza alguna corbata paterna, Ester Bellver salta, brinca, vuela, se encoge, se estira, repta, ríe, llora e interpreta al acordeón algunos acordes de aquellas canciones que le unen a la memoria de su padre. Por cierto, un acordeón que aprendió a tocar como consecuencia de esa pertinaz negativa paterna a que la entonces niña pudiera explorar el instrumento. Y todo ello con una mínima escenografía compuesta por unas docenas de perchas, extendidas por el suelo y haciendo un círculo, una silla y un secreto de noche, como único atrezzo para construir y evocar esos más de cincuenta años de vida junto a su padre, que se concentraron hace tres años en apenas tres semanas de hospital.

La luz de Gómez-Cornejo colabora también con eficacia poética a marcar tanto el estado de ánimo de la actriz en el momento al que alude en cada parte del monólogo, como la estación o la hora del día en que se van sucediendo todos esos episodios evocados, que terminan con un curioso resultado, y vinculan a padre e hija mucho más allá de la muerte física.

Desde un punto de vista netamente humano, la reflexión de Bellver constituye un enfoque tan lúcido como original, tan necesario como tierno. Y más aún en un momento en el que parece que todos vamos a vivir varios siglos y, por si esto fuera poco, eternamente jóvenes y guapos. Luego, claro, vienen las depresiones de caballo por no querer aceptar una realidad por la que, ineludiblemente, todos pasaremos más tarde o más temprano. Hoy podemos ocupar el papel de Ester, pero mañana lo haremos en el de su padre.

'Réquiem'

Escrita, dirigida e interpretada por Ester Bellver

Escenografía y diseño vestuario: Rotura Producciones

Cartel: Tomi Osuna

Vídeo: Paz Producciones

Sonido: Javier Almela

Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Prensa: María Díaz

Producción: Rotura Producciones

Distribución: Proversus

Teatro Fernán Gómez, Madrid

Hasta el 27 de mayo de 2018

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    48629 | Marga Escanciano. - 14/05/2018 @ 13:36:58 (GMT+1)
    Que hermosa critica y que ganas de ver la funcion.Lo estoy deseando seguro por lo que voy leyendo que es una leccion de teatro ,pero sobre todo de las complicadas relaciones familiares y de vida.

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